sábado, 26 de noviembre de 2011

Insidias

Llego un poco tarde una vez hechas las votaciones y finalizado y superado el debate de los cabezas de lista de los partidos vencedores (unos más que otros) en las elecciones al parlamento español. Pero dejando aparte valoraciones sobre los discursos de los candidatos quiero traer aquí un detalle de uno de los candidatos, a la postre vencedor de las elecciones. Ahora que viendo como está la situación mal regalo es ser vencedor.

La palabra que de forma repetida sonó fue “insidias”.
En un primer momento pensé que el candidato pretendía dar a entender que su oponente mentía, engañaba o falseaba. Craso error pues el significado real de esta palabra según la RAE es:
Palabras o acción que envuelven mala intención.

Luego valorando los discursos, el vencedor de las elecciones entiendo que nos quería convencer de que su oponente hablaba con mala intención.
Muy buena intención no se le presumía, pero que esperábamos. Ambos pretendían demostrar la mala intención del otro.

Tras este debate pensé que a través del frecuente uso de la palabra “insidia” el Sr. Rajoy nos quería hacer entender que el Sr. Rubalcaba falseaba o mentía en sus palabras contando lo que no era cierto. Pero no, a resultas del significado de esta palabra lo que pretendía el Sr. Rajoy es convencernos de que el Sr. Rubalcaba decía palabras que envolvían mala intención.

Y bien, una semana después de las elecciones el Sr. Rajoy venció por mayoría absoluta y las presuntas insidias del Sr. Rubalcaba no fueron suficientes para derrotar al oponente.

.

domingo, 13 de noviembre de 2011

Uno para el décimo lustro

El pasado sábado 5 de noviembre empecé la temporada de las cenas navideñas. Un poco pronto, sí.

A falta de casi dos meses del inicio de la navidad me reuní con los compañeros de promoción universitaria de mi mujer.
Pocas novedades respecto a las anteriores si no contamos la aparición de una pareja con la que habíamos perdido el contacto años atrás y con la mantuvimos una estrecha amistad, ahora convertida en tibia amistad.

Un par de anécdotas divertidas podré contar gracias a la costumbre de finalizar esta cena con un reparto de regalos al estilo amigo invisible.
Como en años anteriores el regalo que me correspondió queda enmarcado en la categoría de primer premio en la galería de los horrores. Siempre me quedará el consuelo de que no fue el peor.

La cena tuve un inesperado giro hacia la media noche cuando todos los comensales cantaron al unísono el cumpleaños feliz. Me tuve que levantar y agradecer el detalle.

Pero quería traer aquí una frase escuchada a uno de los comensales poco más tarde en un pub mientras tomábamos unas copas:
- Debo ser el tío más feliz en tres kilómetros a la redonda.
Ahora que estoy más cerca del décimo lustro cumplido soy un poco más sensible a estas cuestiones de la felicidad y esta sentencia me dejó un poco aturdido.
No voy a entrar en las circunstancias personales del fulano que dijo esta frase y que dado el cambio de rumbo dado en su vida podría ser cierta, o no. El tiempo se lo dirá.

La cuestión es:
- ¿Qué es la felicidad?
- ¿Cómo se mide la felicidad?
Soy de ciencias y por tanto tengo claro que medir es comparar con un patrón. Luego para saber cuan feliz soy necesito conocer el patrón. ¿Dónde está el patrón?
Acaso el fulano aquel tiene acceso reservado a los patrones y los demás no nos hemos enterado.
Será más feliz el monje en su retiro espiritual de la montaña rodeado de naturaleza y un mínimo de posesiones materiales o el rico terrateniente rodeado de los más lujosos bienes terrenales.
Pues vaya usted a saber, ¿no?

El caso es que sigo buscando el patrón que me ayude a conocer la medida de mi felicidad y de paso intento disfrutar el camino. Y así vuelvo a una de mis primeras entradas que hablaba del “Viaje a Itaca”.

Sed felices pues.

.

sábado, 29 de octubre de 2011

Montañas de libros.

Llevo unas semanas sin dejar caer relato alguno por aquí. Y es que este mes de octubre pasado ha sido especialmente movido en cuanto a lo laboral y personal.

En cuanto a lo laboral la empresa que me da trabajo no deja de crecer y los diferentes departamentos están en continuo crecimiento y reorganización. Tormentas y chaparrones, salpicados de claros y días soleados.

Y en cuanto a lo personal nos estamos adaptando a los horarios de la nueva temporada. Horarios de trabajo, de colegio, de entrenamientos, de estudios, de competiciones, … Añadido a todos los cambios se junta un lio con facturas de tráfico, otro con mi renovación de carnet de conducir (un año caducado y no me había apercibido de ello), una cerradura del coche forzada. Movidito sin duda.

Me viene aquí a la cabeza la idea de que nuestro ritmo de vida viene marcado por factores que nosotros no dominamos completamente. Por ejemplo los hijos. Ahí están los hijos y son nuestra responsabilidad y parece que todo gira en torno a ellos. Duro en ocasiones porque nos obliga a renunciar a muchas cosas. Pero esté será tema de otra entrada.

Estaba comiendo cuando escuché un anuncio de televisión que decía:
- Tendrás tiempo para leer montañas de libros.
El anuncio de la lotería nacional nos quería mostrar qué con el importante premio que sorteaban dispondrías de tiempo libre para leer montañas de libros.

No soy yo quien para criticar a los sesudos publicistas que diseñan y crean estos muy interesantes anuncios televisivos. Pero quiero pensar que van dirigidos a un amplio sector de la población con capacidad para comprar participaciones de este sorteo nacional.
Y si van dirigidos a un amplio sector de la población entiendo que todos ellos tienen como objetivo común disponer de dinero para no trabajar y dedicar gran parte de su tiempo libre a leer esa montaña de libros que aparecen en el anuncio.

Yo debo estar equivocado.
Puede ser que conozca gran número de personas incluidas en ese grupo poblacional interesados en dedicar su tiempo libre a las montañas de libros, pero la mayoría de las personas con las que me cruzo o relaciono diariamente no las veo preocupadas por la montaña de libros mencionada.

Lo niveles de lectura en España deben ser altísimos según se deduce del anuncio. Y yo sin saberlo.
Allí por donde voy encuentro personas leyendo libros y deseando ganar un premio de la lotería para tener tiempo libre y leer esas montañas de libros anunciadas. ¿Ustedes no?

Esto acaba siendo un ejercicio de lógica y la conclusión es que yo no podría ser publicista porque no soy capaz de ver los deseos del amplio sector de la población que quiere ganar un premio de la lotería para dejar de trabajar y disponer de tiempo libre para leer.

Y yo sin saberlo.

.

lunes, 26 de septiembre de 2011

El señor de los pilares

Hacía tiempo que el malvado canalla que desplaza los pilares del garaje de mi casa no aparecía.

Ella estrenó su flamante coche nuevo, rojo pasión rezaba la publicidad, en el mes de mayo pasado.

Este año parecía calmado y no había hecho su aparición todavía. Nos las prometíamos felices.
Pero cuando menos lo esperaba ella y en el último tramo de la rampa de salida se produjo la tragedia. Una columna se interpuso en el camino y aplastó la aleta delantera izquierda del vehículo.

El maldito se dedica en la clandestinidad a modificar la disposición de las columnas del garaje. Y no es que ella vaya muy rápido por el interior del garaje o no se fije donde están puestos los pilares. No, ni pensarlo.
Ni mentar por asomo la ignominiosa frase de “mujer tenía que ser”. Dios me libre.

Tomándolo por la parte positiva el vehículo parece ahora más aerodinámico pues ha eliminado partes del chasis que ofrecían resistencia al viento. Seguro que tras pasarlo por el túnel del viento confirmaría la mejoría de la aerodinámica del coche.

Si por casualidad pillo al estúpido que mueve columnas y pilares del garaje me las pagará todas juntas. A mi chica no se le hace esto.

Y si leo o escucho la mínima crítica sobre la forma de conducir de ella arrojaré toda mi ira sobre el que ose hacerlo. Porque ella es mi chica y vale mucho.

Un beso guapa.

.

jueves, 22 de septiembre de 2011

Plato grande piñón pequeño.

Siempre diré que la carrera continua o de largo aliento es el deporte que prefiero y espero poder seguir practicándolo muchos años más aunque sea con altibajos.
Pero este fin de semana pasado surgió la oportunidad de cambiar de deporte y no dejé escapar la ocasión. Además aprovechaba para fortalecer lazos de amistad con “mi amigo”.
Felicidades chaval, ya son 49 y subiendo.

El domingo pasado a las nueve de la mañana nos presentamos cinco elementos con nuestras bicicletas de montaña en la estación del Norte de Valencia para tomar el tren que nos llevaría hasta la población de Caudiel y desde allí descender en bicicleta hasta casa por la vía verde y la antigua carretera de Teruel. En total más de 70 km.

Llegados a Caudiel sobre las once de la mañana iniciamos el recorrido que, en mi caso, acabó en el garaje de mi casa pasadas las 4 de la tarde. Cinco horitas de las cuales me sobraron las dos últimas para ser la primera vez.
La piernas cansadas, muy cansadas, y las posaderas doloridas, muy doloridas. Pero contento y reconfortado por la experiencia que sin duda he de repetir.

Pero no me voy a detener en contar detalles del recorrido, cosa que dejo para las carreritas por el rio acompañado de los amiguetes, y si voy a contar sensaciones de la jornada.

En primer lugar correr en bici de montaña tiene una diferencia fundamental con el correr. Y es que se puede hablar prácticamente en todo momento y además permite dejar de pedalear frecuentemente. Un descanso para las piernas.

Otra de las sensaciones recibidas fue ver la cara de uno de los componentes del grupo en una de las primeras paradas de avituallamiento cuando se fijó en la bici que yo conducía:
- ¿Cuántos años tiene esa bicicleta?
- Unos veinte o más.
Huelga decir que las bicicletas del resto contenían los siguientes elementos que para mi eran parte de la ciencia ficción de las bicicletas: cuadro de aluminio, cuadro de carbono, calapies automáticos, Spiuk, frenos de disco hidráulicos, piñón de once, badanas, horquilla hidráulica y muchas cosas más que no logro recordar.

Nunca pensé que podría descender una larga recta con plato grande y piñón pequeño pedaleando a tope. No debía alcanzar más allá de los 50km/h pero las sensaciones de velocidad eran sensacionales. Excitante. Quiero repetir.
Y no menos sensacional fue tener que detener la bici al final de la cuesta con mis frenos de zapatas. Ahí entendí lo de los frenos de disco. Todavía sudo.

Atravesar los antiguos túneles del ferrocarril casi en oscuridad pedaleando con fuerza estuvo muy divertido.

En las zonas de tierra bacheadas entendí muy bien la utilidad de la suspensión. Mis posaderas también.

Llegados a Torres Torres pude disfrutar de un de esos placeres que están reservados a los ciclistas domingueros de ruta. Nos detuvimos en un bar del pueblo y rodeados de paisanos nos metimos entre pecho y espalda, bocadillo y cerveza con sus aceitunas y cacaos. Reconstituyente y necesario.

Y llegados a Sagunto tras cuatro horas de pedaleo tomamos la Via Augusta que nos conducía hasta Valencia. Empezamos llaneando a buen ritmo pero mis piernas dijeron basta.
Me sobró la última hora de pedaleo. Espero estar a la altura en próximas ocasiones.

En resumen las sensaciones fueron de cansancio pero acabé contento y con ganas de volver a repetir.

Gracias amigo.

.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Va de inventos

No hace mucho tiempo que indiqué en una entrada que dedicaría un rato a presentar algunos sencillos inventos y/o ocurrencias que han caído en mis manos. Y no entiendo por qué no se han convertido en elementos imprescindibles de la vida diaria. En este caso no voy a hablar del teléfono móvil.

Es de todos bien sabido que una de las mayores tragedias que afectan a los hogares españoles son los calcetines y medias desparejados. Una vez salen de la lavadora se desencadena un proceso por el cual uno de los calcetines del par desaparece durante un periodo de tiempo directamente proporcional a la necesidad que tengamos de usarlo.
Da lo mismo calcetín deportivo, media de ejecutivo o media escolar. Al final cuando vamos al tendedero o secadora siempre falta alguno.

Afortunadamente en mi casa no ocurre esto porque dispongo de un maravilloso invento que adjunto aquí en una fotografía para evitar describirlo.

El artilugio al que no he puesto nombre, podría llamarse emparejador, mantiene emparejados el par de calcetines o medias en todo momento y se puede meter directamente a lavadora o secadora. Tras cualquier ciclo de lavado o centrifugado el par de calcetines se mantiene unido y se puede llevar directamente al tendedero. Tiendo directamente el artilugio con su par de acompañantes gemelos.

Interesante ¿no? Lo más sorprendente es que no los he visto en ninguna otra casa de las que he visitado y, peor aún, no sé donde los venden.
Conservo la docena que poseo como oro en paño.

Más sencillo que la fregona y de una utilidad mucho mayor.

Necesito inversores que se asocien conmigo para generar una empresa que fabrique y difunda este artilugio por todo el mundo. Cosas más raras se han visto.

domingo, 11 de septiembre de 2011

¿Qué fue de Rechivaldo?

Tras un silencio veraniego que se ha prolongado desde principios de julio hasta la fecha, hete aquí de nuevo.
Los anuncios televisivos vienen cargados de anuncios de fascículos coleccionables, señal inequívoca de que el verano tocó a su fin.
Mi verano no ha tenido hechos especialmente destacables pero, como los anteriores, han incluido un viajecito en familia y una estancia en el apartamento de la playa dedicado al descanso, la lectura y la familia.
Esta ocasión el viajecillo junto a una familia amiga ha sido nacional, ¿sería más correcto decir estatal?. Hemos disfrutado de la naturaleza en los Picos de Europa, visitado bonitas poblaciones costeras de Asturias y corta visita por las tierras de Rechivaldo.

Me volví sin saber quien fue el tal Rechivaldo pero a cambio me traje conmigo una bonita historia de un muchacho que festejaba con una moza que reconocía deber estar viva gracias a las canciones de Diango. Afortunadamente él encontró la oportunidad de salir corriendo y no verla de nuevo. Siempre habrá gente para todo.

La experiencia viajera la rematamos con un cocido maragato cuando los termómetros marcaban 30ºC en la calle. La “tripada” quedará marcada a fuego. No me dejé ni un plato sin probar.
Espero poder repetir la experiencia y me tocará pagar a mí.

Y no quiero dejar de nombrar alguna de las obras que leído este verano.
Destaco “La caída de los gigantes” de Ken Follet. Sí, el mismo de “Los pilares de la tierra”.
Cuando cayó el libro en mis manos no me dejó indiferente porque sus más de 1000 páginas impresionan. Una novela tal vez no sea la mejor forma de repasar la historia pero en esta ocasión el autor ha logrado dar una lección de historia sobre los años que rodearon a la primera guerra mundial.

¿Y qué fue de Rechivaldo?

.

sábado, 9 de julio de 2011

El Taekwondo y Satur

Aprovecharé mi corta incursión en el mundo de las artes marciales para recordar a un viejo conocido y levantar alguna sonrisa.

En uno de mis primeros empleos coincidí con Satur.
Satur y yo entramos en la empresa de equipamiento científico al mismo tiempo y rápidamente congeniamos. Ambos estábamos solteros y en un periodo “entrenovias”.
Al terminar la jornada laboral aprovechábamos para tomar una cerveza por el barrio. Vivíamos relativamente cerca y al volver a casa pasábamos frecuentemente frente a la puerta del gimnasio del barrio.
Aquel día pudimos leer en la puerta del gimnasio:
- Abiertas las inscripciones para las clases de Taekwondo.
Nos miramos a la cara y sin cruzar palabra entramos directos a la recepción del centro.
La señorita de recepción avisó sin dilación al profesor de artes marciales para que iniciara los trámites de inscripción y nos introdujera en el singular mundo de las artes marciales.
El interrogatorio para poder entrar en el selecto grupo de alumnos lo superamos con facilidad pues fue suficiente con que respondiéramos al unísono a la primera pregunta:
- ¿Han practicado antes artes marciales o conocen el taekwondo?
- Sin duda. Hemos visto todas las películas de Bruce Lee y alguna de Chuck Norris.
Primera prueba superada, estábamos admitidos en el nivel de principiantes y salimos del gimnasio ansiosos por iniciarnos en el mundo de las artes marciales.

El segundo paso era adquirir un bonito pijama blanco al que llaman kimono.
Fuimos directamente a la tienda recomendada y escogimos la talla adecuada. Aún no habíamos empezado las clases y no habíamos dejado de reírnos a costa del famoso Taekwondo. Nuestra imagen ante el espejo equipados para el combate impresionaba.
El empleado de la tienda preguntó:
- ¿Qué color de cinturón les doy?
- ¿Y qué colores tienen?
La cara del dependiente, alto, fuerte y grande como un armario ropero, no infundía mucha confianza tras la respuesta y aunque elegimos el negro porque quedaba muy bien sobre el pijama blanco acabamos saliendo con un cinturón completamente blanco. No nos dio opción.
Olvidé comentar que Satur es un tipo de estatura media y exageradamente delgado por aquel entonces. En las pizzerías pedía la pizza sin queso. Un tipo fenomenal.

Empezaron las clases. La primera parte de la clase era de acondicionamiento físico, la segunda era de técnica y al final se trataba de repartir estopa al menda que te colocaran delante.
Satur y yo superábamos en mucho la media de edad de la clase pero ello no fue suficiente para evitar que recibiéramos lo que no está escrito.
No voy a entrar en muchos detalles de la clases pero si sobre los resultados a final de temporada.
Forma física la justita.
Técnica. Nos examinaron del cinturón blanco-amarillo y lo superamos con éxito.
Combate. Aquí fue donde dimos el do de pecho. Descubrimos que golpes y patadas se acompañaban siempre de un fiero grito que aturdía al rival. Sin duda que alcanzamos las más altas cotas de refinamiento en el grito que acompaña a los golpes. Lo practicábamos durante todo el día incluso en horario laboral y a no ser por las risas que nos provocaban nuestros gritos habríamos pasado por cinturón negro enésimo dan (o más).

Hace tiempo que no veo a Satur pero con toda seguridad que si nos viéramos recuperaríamos al instante nuestro grito que en el Taekwondo nos llevó a vencer a tantos rivales. De risa.

.

jueves, 9 de junio de 2011

Las cuentas del Gran Capitán.

Mayo es un mes de celebraciones. Bodas, bautizos y comuniones. Y yo durante el mes de mayo y junio estoy “disfrutando” de todas ellas. Qué alegría qué alboroto.
La más significativa fue la comunión de mi chaval (morlaco que apenas cumplidos los 9 años tiene 145 cm de alzada y 40 kg de peso).
La madre de la criatura estuvo sublime en cuanto a los preparativos y la señalada jornada salió a pedir de boca.
Todo fue sensacional excepto cuando empecé a echar cuentas de los gastos incurridos.
Cuando la ira empezaba a apoderarse de mí, caí en la cuenta de que la mejor solución sería hacer las Cuentas del Gran Capitán. Ahí van:

Poder disfrutar de toda la familia (bien, gracias) reunida en un gran salón. No tiene precio.

Rajar de mi suegra en compañía de mis cuñados. Impagable.

Detalle del restaurante colocando porterías de fútbol en la explanada anexa permitiendo que los adultos coman con tranquilidad mientras la chavalería destroza los zapatos de ceremonia. Agradecimiento eterno.

Pedorretas variadas vitoreando al jardinero del restaurante por cuidar con esmero el césped que dejó manchas verdes imborrables en el traje de marinero. Excelso.

Viajes al centro comercial a cambiar, canjear y trapichear con la multitud de regalos desparramados por el salón de casa. Coñazo inenarrable.

Placer sinfín de pasar horas viendo las fotos del evento una y otra vez. Alabanzas.

Y así un sinfín de razones más que sumaban en total la importante cantidad de dinero transferida a diversas cuentas de acreedores. Todo cuadraba y justificaba detalladamente hasta el último euro gastado.

Para ilustrar la entrada adjunto aquí las verdaderas cuentas del Gran Capitán, Don Gonzalo Fernández de Córdoba.


Por picos, palas y azadones, cien millones de ducados; por limosnas para que frailes y monjas rezasen por los españoles, ciento cincuenta mil ducados; por guantes perfumados para que los soldados no oliesen el hedor de la batalla, doscientos millones de ducados; por reponer las campanas averiadas a causa del continuo repicar a victoria, ciento setenta mil ducados; y, finalmente, por la paciencia de tener que descender a estas pequeñeces del rey a quien he regalado un reino, cien millones de ducados.

.

viernes, 27 de mayo de 2011

El canto de los pájaros.

Afortunadamente, y esto lo digo sinceramente, en las empresas por las que he pasado he recibido numerosos cursos de formación. Cursos de gestión de la calidad, gestión de compras, gestión de equipos, gestión del tiempo,….. Mucha gestión veo yo ¿verdad?
Todos ellos han sido positivos de una u otra forma. Si no lo han sido directamente al menos me han dado la oportunidad y el momento para reflexionar en aspectos que el día a día nos impide hacer.

En las últimas semanas estoy recibiendo un curso sobre motivación y liderazgo que me ha sorprendido gratamente por el planteamiento que ha hecho el ponente.
No voy a entrar en muchos detalles pero a modo de resumen voy a plasmar esta frase me ha impactado positivamente:

Los pájaros no cantan porque están contentos. Están contentos porque cantan.

Se trata de un proverbio indio o árabe o vaya usted a saber.

Es toda una declaración de intenciones y la primera imagen que me vino a la cabeza fue el recuerdo de mi madre cantando en la cocina de casa. Sin esperar los acontecimientos que nos podía traer el nuevo día mi madre acostumbraba a preparar la cafetera del desayuno mientras cantaba. El día podría ser aciago en acontecimientos pero, al menos, ella hacía su primera declaración de intenciones para afrontar los problemas con su mejor sonrisa.

No voy a sacar más conclusiones y que cada uno de los que pase por aquí debe sacar las suyas. Pero si voy a agradecer la fortuna de haber crecido con una madre que cantaba cada mañana.
Y no quiero dejar la oportunidad de dar las gracias a todos aquellos que os acercáis a mí cantando.
Espero que me oigáis a mi cantar también.

jueves, 5 de mayo de 2011

Los gurruminos

Traigo aquí de nuevo un vocablo que forma parte de mi propio glosario junto a otros que ya describí tiempo atrás. Véase tarzanetes.

Bien cierto es que la definición que tiene esta palabra en el diccionario no coincide, ni de lejos, con la que yo y algunos de mis allegados la asociamos. Y por eso estamos aquí, a ver si creamos una nueva entrada en el diccionario de la RAE.

Empezaremos situando el contexto.
Yo soy fruto de una generación de emancipación tardía.
Cursando estudios superiores, algún trabajillo esporádico que me proporcionaba dinero para los caprichos y libertad de horarios total para entrar y salir del hogar paterno. No encontraba razones para abandonarlo mientras la lavadora de mi madre siguiera funcionando a la perfección y su mano con la plancha y la cocina fueran inmejorables. Y ahora que estoy casado más de quince años puedo afirmarlo con toda rotundidad.
Pero todo llega y cuando mi abuela dejó el piso de “La Isla Perdida” (barrio de Valencia con el que tengo una entrada pendiente) aproveché para establecer mi piso de soltero.

El piso era grande, cuatro habitaciones y más de 120 metros cuadrados. Yo escasamente hacía uso de una de las habitaciones y del baño. El resto de la casa no se usaba salvo contadas ocasiones.
La cocina, lavadora y plancha de mi madre seguían funcionando perfectamente. Entonces con una cama y baño tenía más que suficiente.

La limpieza diaria o semanal no eran prioridades. Y el polvo servía de capa protectora de muebles y enseres domésticos. En contadas ocasiones adecentaba el baño por si tenía visitas “inesperadas” aunque bien recibidas.
Con el tiempo instalé un televisor para recibir a los amigos con ocasión de los partidos y timbas.

El piso poco a poco se fue haciendo a mí y aparecieron los gurruminos para hacerme compañía.
Cada mañana me levantaba y recorría el largo pasillo de la casa hacía el baño o hacía la puerta para salir a la calle. Ellos estaban siempre allí. Los gurruminos. Rodaban a mi lado cuando caminaba por el pasillo y al cerrar la puerta se quedaban en casa aguardando mi vuelta. Siempre fieles.
Cuando a la vuelta abría la puerta de la calle se arremolinaban a mí alrededor aprovechando la corriente de aire fresco que venía de la calle. No me hablaban pero no hacía falta. Allí estaban y eso era suficiente para saber que no estaba solo. Cuando iba hacia el dormitorio me seguían celebrando mi vuelta. Y podía contarles cualquier cosa pues escuchaban pacientemente mientras yo estuviera quieto.

No llegué a contarlos ni a ponerles nombre pero me daba cuenta que conforme pasaba el tiempo aumentaban en número y tamaño.

Las visitas no les hacían mucha gracia pues los miraban con desprecio y soltaban algún comentario despectivo. Pero mientras hubiera cerveza en el frigorífico y la televisión funcionara se firmaba un pacto de no agresión que les permitía convivir en paz. Si se acercaban mucho recibían un cariñoso puntapié y retrocedían.
Yo les advertía siempre lo mismo a las visitas:
- Son mis gurruminos y no admito comentarios al respecto salvo que estéis dispuestos a empuñar escoba y recogedor. Y problema solucionado.

Pasaron los años y me eché novia formal. Juntamos unos ahorrillos y pedimos una hipoteca (¡al 12%!). Compramos un precioso piso en la calle Séneca.

No volví a saber nada de los gurruminos una vez hice la mudanza a mi nuevo piso. Fue una fría despedida. No soltaron palabra alguna en la despedida. Me sentí culpable como si hubiera dejado al perro abandonado en la gasolinera al inicio del viaje de vacaciones.

Han pasado los años y no los he vuelto a ver. Aspiradoras, fregonas y escobas se encargan de mantenerlos alejados de mi casa.
Recuerdos de juventud.

.

miércoles, 27 de abril de 2011

9 Cumpleaños.

Coinciden en este mes de abril de 2011 el 9 cumpleaños de mi hijo y la finalización en la lectura del libro “Riña de gatos”. Último premio Planeta. Eduardo Mendoza.

El libro transcurre en el año 1936, pocos meses antes del inicio de la guerra civil española.
La historia está bastante bien ambientada en la ciudad de Madrid y entremezcla conocidos personajes como Queipo de Llano, Mola, F. Franco, José A. Primo, Azaña… con otros de ficción.

El personaje central es un inglés experto en pintura española que, sin quererlo, se ve mezclado en una extraña historia donde el arte, la política, un romance amoroso y un amasijo de hechos históricos con otros de ficción acaban en un desenlace que por momentos acaba siendo poco creíble.

En general es un libro interesante con muy buenas pinceladas sobre pintura, historia y política. Tan solo le pongo un pero con la trama urdida alrededor del inglés que en ocasiones parece metida con calzador.

A renglón seguido de acabar este libro me sumerjo en la lectura de otro “best seller” (no entiendo muy bien la razón de esta expresión inglesa que a mi lógico entender debería ser “best sold”, pero las lenguas no siempre son lógicas) que hace cola en mi mesita de noche. “La caída de los Gigantes” de Ken Follet. Las últimas navidades fueron generosas en cuanto a libros regalados y no es cuestión de criticar lo regalado.

El libro de Ken Follet además de tener un tamaño y peso considerable, evidentemente no se le puede considerar libro de bolsillo, comienza con un capítulo que narra el 13 cumpleaños de un chico inglés de finales del siglo XIX en su primer día que baja a la mina a trabajar como aprendiz de minero.

Y vuelvo ahora a las inacabables y a veces innecesarias celebraciones del 9 cumpleaños de mi hijo y la forma de vida que le proporcionamos en comparación a las condiciones del chico que cumple 13 años en un barrio minero del siglo XIX.
¿Cómo transmitir a los chicos de hoy en día estas diferencias?

Me recuerda el inicio de este libro a otro que comenté tiempo atrás “Las cenizas de Ángela”.

Qué importante es la lectura como medio de transmitir valores.
No rechazo jamás cualquier artilugio electrónico como medio de aprendizaje pero un libro sigue siendo un tesoro.

Homenaje

El que no inventa no vive.
Ana Maria Matute

lunes, 18 de abril de 2011

Y seguimos viendo la vida pasar.


Hace exactamente un año de la foto. El mismo día y en el mismo lugar a punto de escuchar la “mascletá” de Ruzafa.
Con mi cámara en la mano enfoqué el mismo balcón de un año atrás y eché la foto.
En esta ocasión el balcón estaba vacío y aproveché para leer la entrada de abril de 2010.
Entonces además de varios comentarios sobre un libro que me había defraudado aprovechaba para recordar la positiva actitud de mis padres frente a la vida.
Afortunadamente ahí siguen los dos aguantando el tipo a pesar de que un cáncer se ha cebado con mi madre.
Mi madre es campeona en afrontar con valentía la adversidad. Tiene la virtud de encontrar la faceta positiva en todos los aspectos de la vida. Espero haber heredado esa virtud.

No hace mucho que cenaba con uno de esos amigos de los que llamamos de toda la vida y que por razones diversas nos vemos menos de lo que queremos.
No pudimos encontrar el momento de hablar sin prisas sobre todo aquello que vamos echando en la mochila vital del cada día y acabamos dejando la charla inacabada.
Sé que pasará por aquí y se acordará de buscar el sitio y la ocasión.
Ambos queremos esa actitud participativa y positiva que actualmente encontramos en la práctica del deporte.

Hace casi tres años que pasan por aquí mis relatos y experiencias. De vez en cuando me releo las entradas y encuentro algunas de ellas bastante ácidas. Tanto como mis comentarios que seguro pensaran algunos de los que por aquí pasan.
Espero haber transmitido algo de esa actitud positiva frente a la vida a pesar de los altibajos. Por supuesto que esta era la razón del nombre del blog.

Otro de esos amigos, o así lo creo, me decía que escribía por puro exhibicionismo. Seguro te acordarás. Y tu exhibicionismo tiene premio porque todos acaban elogiándote.
Yo sigo dándole vueltas a la razón de estar aquí. Supongo que me ahorro una pasta en psiquiatras.

Mi amigo Mon también sigue ahí repartiendo clases de positividad. Éste también podría escribir un libro.

Y no quiero acabar la entrada sin volver sobre la foto.
Ellas no siguen ahí. ¿Seguirán viendo la vida pasar o habrán optado por bajar y participar?.
O simplemente se mudaron.
¿Tú bajas a participar o continuarás mirando?

martes, 29 de marzo de 2011

Zapatillas nuevas


Va a ser un clásico la caída y ascenso de un nuevo par de zapatillas al Olimpo de mi zapatero.
La fotografía refleja el pasado y el presente. Las viejas zapatillas han alcanzado los 1000 km y otras nuevas han venido a ocupar el lugar de aquellas.

Es ley de vida.
En el mundo de las zapatillas no existe la sustitución de componentes para alargar la vida de las mismas y por tanto tendrán que pasar de corredoras a zapatillas de paseo.

lunes, 28 de marzo de 2011

Calidad: Adecuación al uso.

Eficiencia es hacer las cosas correctamente y eficacia es hacer las cosas correctas.
P. Drucker.
.

sábado, 26 de marzo de 2011

Cercano y personal

Me falló la vista y muy a mi pesar tuve que visitar al oftalmólogo. Hace de diez años que no visito a un médico exceptuando las revisiones médicas de empresa.

La clínica visitada está cerca del barrio donde pasé mi infancia. La Isla Perdida.
En una futura entrada me dedicaré a contar el origen del nombre de este barrio y ciertas peculiaridades del mismo que lo hacen especial.

Una subida de tensión rompió un capilar en mi ojo derecho que dejó mi globo ocular sanguinolento y agravó mi vista cansada.
Al salir de la clínica me encontré con un matrimonio de edad avanzada, padres de uno de mis amigos de niñez y vecino de escalera. Carlos y Pepita.
Si mis padres cuentan más de setenta años, este matrimonio debe estar muy cerca de los ochenta si es que no los ha superado.
Me acerqué a ellos con el temor de que no me reconocieran. Pero me reconocieron inmediatamente.
La siguiente media hora la dedicamos a repasar los últimos años de mi vida y la de sus hijos. Todos casados y con hijos. Por la conversación desfilaron hijos, nietos y finalmente acabamos con el catálogo de dolencias que afectan a Carlos y Pepita.

Carlos Jesús, Francisco José y Ricardo son los nombres de sus hijos. Carlos Jesús, más cercano a mi edad fue con quien mantuve una amistad más dilatada en el tiempo. Actualmente tiene una hija de dieciocho años y está calvo. Hace muchos años que se fue a Barcelona a trabajar y nuestra amistad cayó en el olvido.

Todos los hermanos son de una altura considerable. Carlos y Pepita tan elegantes y erguidos antes iban hoy encorvados y con andar cansino. El último contratiempo fue una rotura de cadera. La edad hace estragos sobre los cuerpos.

De vuelta a casa no dejaron de desfilar por mi mente ecos de la conversación mantenida.
Fue algo así como un repaso rápido de mi vida y remover muchos recuerdos de los años pasados en aquel barrio. No menos de dieciséis.

Llegando a mi destino detuve el automóvil y pensé que hacía más de diez años que no veía a Carlos y Pepita y posiblemente si pasan diez años más no los volveré a ver con vida.
Los ecos de la última reflexión todavía hoy rebotan en mi cabeza. No dejo de pensar en mis padres.

viernes, 11 de marzo de 2011

El glamour perdido

Hace unas semanas por motivos laborales hice un “salto” a Italia que no tuvo desperdicio.
Salí del aeropuerto de Valencia a media mañana, aterricé en Bolonia y dormí en un hotel de Parma. Me levanté temprano, tomé un taxi que me llevó hasta una empresa en los alrededores de Milán.
Tras una visita de negocios de un par de horas salí en taxi disparado a coger un avión en Bérgamo que me posó a media tarde en Valencia.
Entretenido sin duda y laboralmente fructífera.

Pero quiero traer aquí el desengaño sufrido durante el vuelo.
Los vuelos los hice con la compañía de bajo coste Ryanair.

No hace muchos años que se podía leer en las revistas de moda y del corazón bonitas historias sobre romances surgidos entre glamurosas azafatas de vuelo e importantes pasajeros. Me parece estar viendo a las exuberantes azafatas de vuelo con una altura respetable, rubias y con impecable uniforme.
Caminaban ellas por los pasillos del avión mostrando su amplia sonrisa, andar pausado y repartiendo atenciones por doquier. Bebidas, caramelos, refrigerios variados, revistas y glamour, mucho glamour.
Qué anuncios aquellos de “Iberia, Líneas Aéreas”.

Conocidas son las sonadas bodas entre impresionantes azafatas de los años setenta e importantes empresarios o artistas de éxito que ocupaban primeras portadas en el “Hola”.

Pero llegaron las “low cost”. Y empieza el infierno.

Para empezar el billete de avión lo tienes que traer impreso desde casa o pagas recargo.
La maleta no puede pesar más de 10 kg ni ser más gruesa de los 20 cm. Mi portátil con batería, cargador y móvil con cargador ya ocupan y pesan más de la mitad de lo permitido.
Todavía no hemos embarcado y estoy empiezo a mosquearme.

¿Dónde quedaron los flamantes “fingers”?
Tras pasar la puerta de embarque y entregar tu propia impresión del billete cruzas un pasillo y accedes a la pista de aterrizaje. Un “auxiliar” identificado con chaleco reflectante te manda hacia el avión. Las “jardineras” ya son objetos del pasado y te obsequian con un aireado paseo hasta la escalerilla del avión.
Una vez en el avión te das cuenta por qué algunos pasajeros corrían más que caminaban. Los asientos no están numerados y “maricón el último”. Te sientas allí donde queda un hueco si no has sido listo en la carrera hasta el avión. Más tarde me cuentan que si pagas un suplemento tienes derecho a embarque preferente que es como conseguir que en la carrera hacia el avión te permitan estar en el cajón de los etíopes.

El avión es como cualquier otro y además vuela. Pero ahora empieza el espectáculo.
Los auxiliares de vuelo, que ya no son azafatas, te cuentan todo tres veces (español, italiano e inglés). Normas de vuelo, seguridad, tiempo de vuelo, etc…
Finalmente acaban y pienso en echar una cabezadita o leer alguna revista.
Prensa no reparten y en su defecto te prestan una revista promocional de la línea aérea que contiene algún artículo de interés. Los asientos ya no disponen de bolsa delantera que habitualmente contenían estas revistas. Por los estrechos pasillos van repartiendo esas revistas que tras un primer vistazo descubres que han pasado por muchas manos anteriormente. Al finalizar del vuelo te la reclaman para que los siguientes ocupantes del vuelo puedan hacer uso de ellas. Ahorrar ahorran.
Los auxiliares se turnan para, a voz en grito, promocionar las bebidas, bocadillos, dulces y cuarenta cosas más que comer y beber. Todo por triplicado.
No callaran ¡no!.
Después de la comida y bebida se lanza sobre el micrófono otro auxiliar para que compremos billetes de lotería para un sorteo de una importante suma de dinero. Y por supuesto lo repiten tres veces. Esto empieza a parecer un curso de idiomas rápido.
No salgo de mi asombro. Pero por si no quedó claro otro auxiliar se desplaza por el pasillo repitiendo lo mismo. Según la cara que pongas cambian de idioma. La mía debía ser esclarecedora pues no dudó en emplear el español.
Pero el espectáculo debe continuar y tras la lotería empiezan con la venta de perfumería libre de impuestos. Tres veces también.
Así no hay forma de dormir.

Cuando creía que mi capacidad de asombro no podía saturarse apareció un nuevo auxiliar de vuelo al asalto del micrófono para promocionar la venta de PULSERAS MAGNÉTICAS.
Increíble y además por triplicado.

Finalmente el avión aterriza. No hay mal que cien años dure. Y una vez las ruedas en la pista y el avión frenado ponen la musiquilla del “séptimo de caballería”. Horteras.

Y lo peor todavía por venir. En el viaje de vuelta me tocó aguantar lo mismo. Y por triplicado.

¿Dónde quedó el glamour de viajar en avión?

lunes, 7 de marzo de 2011

EL ÚLTIMO ENCUENTRO

De nuevo mi padre me recomienda un libro y el acierto no habría podido ser mejor.
Si no conservo este libro en mis estanterías, pues deberé restituirlo a las de mi padre, es bien seguro que los conservaré entre mi selección de libros imprescindibles.

El libro se titula “EL ÚLTIMO ENCUENTRO” y el autor es un húngaro llamado “SÁNDOR MÁRAI”.

Cuando mi padre puso el libro en mis manos poco hacia presumir que esta edición de bolsillo que mi padre tuvo que encargar en una conocida librería acabaría cautivándome.
Letra pequeña y diseño austero. Rápidamente me fui a la contraportada para leer con poca convicción el pequeño resumen de la obra. Al terminar tenía la certeza de que este libro a poco que se lo propusiera me iba a gustar.

La temática me era familiar. Dos jóvenes que crecen y se educan juntos desde los inicios de su época escolar hasta convertirse en adultos. Cada uno de ellos proviene de estratos sociales bien diferentes.
No doy muchos más detalles de la trama para no destripar el libro.
En un momento dado de la vida de estos amigos, un hecho, bastante tópico por cierto, separa la vida de los personajes para reencontrarse cuarenta y un años después para responderse a dos preguntas.
Hasta aquí la historia tiene un cierto paralelismo a otra novela a la que dediqué una entrada tiempo atrás.
Lo realmente atrayente de esta novela es la forma de contar la vida de los personajes desde la perspectiva de uno de ellos mientras espera el momento del reencuentro.
La historia está plagada de interesantísimas reflexiones sobre la amistad, la lealtad, el honor, el amor….
En todas estas reflexiones el lector encuentra, sin duda, excusas para pensar en su propia experiencia de vida. No deja de ser un autoexamen continuo.

El final, pese a esperado, no deja de sorprender.
Se hacen dos preguntas que quedan sin responder o no.
Usted lector debe decidir.

martes, 15 de febrero de 2011

Tarzanetes

No sé muy bien cómo enfocar el relato para que quede elegante. Intentarlo voy a intentarlo pero el tema es peligroso y no quisiera salir malparado.

En diversas ocasiones he tenido el placer, claro por qué no decirlo, de comentar los episodios de mi vida en convivencia con los tarzanetes. Alguno pensará que se trata de una ordinariez pero al final todos acabamos confesando.
Con el género femenino resulta más complicado, pero vaya, ellas se lo pierden.

Habitualmente las épocas más comunes de convivir con ellos fueron los campamentos y acampadas de juventud y con toda seguridad durante el periodo militar.
La poca higiene íntima, la falta de agua y la inexistencia de duchas y/o retretes es el caldo de cultivo que facilita la aparición de los tarzanetes.

El agua es su mayor enemigo, me recuerda a los gremlins, y su ubicación es aquella donde crece el pelo y que normalmente se encuentra en la oscuridad y bajo capas de ropa que vagamente recuerdan su paso por la lavadora.

Una vez instalados les coges cariño y resulta gracioso comentar con los amiguetes sobre su existencia. Nos acompañan y el roce, nunca mejor dicho, hace el cariño.

Pero llega el día de su holocausto. Una buena ducha y jabón acaban con ellos.

No voy a decir que se les eche de menos pero pasado un tiempo recuerdas con alegría los tiempos pasados en común armonía.

Y si usted no tuvo la fortuna de disfrutar su compañía, usted se lo pierde. ¡Hala!

sábado, 12 de febrero de 2011

Yo voy cómodo. ¿Y tú?

Siempre es bienvenido ver caras conocidas por el rio mientras corres.

Hace años que corro por el rio y me cruzo de vez en cuando con un antiguo compañero de carrera, de farmacia no pedestre, apellidado Villanueva.
Hemos tenido algún año que no nos hemos visto, pero la cabra acaba tirando al monte y hace unos días nos vimos de nuevo.

En la última ocasión Ramón, el compañero de carrera, corría acompañado de su hijo que por más señas se llama como el mío.

¡Cómo comen los niños de hoy en día!. Y la de vitaminas que les damos.
El hijo en cuestión tiene unos 18 años. Ramón es alto pero el hijo es muy alto. El chaval práctica atletismo en el Terra i Mar, pasa vallas para ser más concreto.

El caso es que nos juntamos los tres a rodar unos minutos.
Al poco de estar rodando sacamos el recurrente comentario entre corredores:
- ¿Vas bien a este ritmo?
- Si, bien, voy cómodo.
Efectivamente como podéis imaginar íbamos por encima de nuestro ritmo habitual de rodaje pero poníamos cara de póker y aguantábamos lo mejor que podíamos. El único sincero fue el chaval que se atrevió a decir:
- Yo voy un poco forzado.
Ahí el chaval firmó su sentencia de muerte pues al padre y a mi nos faltó tiempo para apretar el ritmo y esbozar cierta sonrisa.
Allí estaba el niño aguantando como podía, con la cara desencajada y perdiendo metros.
Rodamos así unos kilómetros más hasta que cada uno tomó su propio camino hacia casa.

Entiendo que pudo ser un poco cruel la actuación de Ramón y mía hacia el chaval pero satisfacciones como esta nos quedan pocas y no podíamos dejar pasar la ocasión.

El corredor popular tiene pocas oportunidades de alardear de los resultados de sus entrenamientos y no podemos dejar pasar la ocasión. Aunque llegara a casa asfixiado.

domingo, 6 de febrero de 2011

Pi, pi, pi.

Son poco más de las seis de la mañana y como cada día laborable de la semana suena el despertador de mi teléfono pi, pi, pi. Con las legañas todavía en los ojos enciendo la cafetera pi, pi, pi y el calentador para afeitarme pi, pi, pi.
Con la cara lavada y la ropa puesta me pongo el café y la leche que previamente calenté con el microondas, no sin antes escuchar el pi, pi, pi que me indica que la leche está caliente.
Salgo al descansillo de la escalera y llamo al ascensor pi, pi, pi. Una vez marcado el sótano pi, pi, pi llego frente al coche y acciono el mando que abre las puertas del coche pi, pi, pi.
Arranco el coche e inmediatamente me avisa que olvidé ajustar mi cinturón de seguridad pi, pi, pi. La puerta del aparcamiento se acciona con el conocido pi, pi, pi.
La radio me da las señales horarias. Adivínenlo pi, pi, pi.
Ya en mi puesto de trabajo enciendo el ordenador que me saluda con su pi, pi, pi.
¿Debo seguir?
Todavía quedan románticos que siguen hablando de la canción que marcó su vida.
¿Acaso es distinta de la del pi, pi, pi?

sábado, 5 de febrero de 2011

La frase de hoy.

La "nocilla" está realmente buena sobre una rebanada de pan.
Sin pan no es lo mismo.
Así es y no admite discusión. ¡Ea!

sábado, 22 de enero de 2011

La prestancia de lo nuevo

Coincidiendo con el inicio del año retomo las salidas por el rio junto al resto de compañeros de equipo.

Es grato volver a pisar la tierra del antiguo cauce con los viejos compañeros. Las mismas caras, los mismos itinerarios, los mismos árboles y en ocasiones los mismos comentarios. Pero en el mes de enero surge como cada principio de año el estreno de material deportivo que los Reyes Magos de Oriente han tenido a bien dejarnos.

Unas zapatillas de la marca Pearl Izumi, una sudadera de la marca Gore, un nuevo Garmin 305 en la muñeca y alguna cosilla más. Esto a primera vista entre mis compañeros de rodada pero tal y como hacíamos kilómetros aparecían los corredores en el escenario del rio con sus nuevas y relucientes prendas. Es la prestancia de lo nuevo.

En unos meses, las pasadas por la lavadora, los roces y los sudores acabarán con la prestancia de los nuevos equipamientos. Algo parecido a lo que ocurre con las renovadas ilusiones y pretensiones con las que empezamos cada mes de enero.

Volvía yo de viaje de negocios de Barcelona cuando pensaba en el coche que me gustaría comprarme mientras conducía mi actual coche que pocas veces me ha fallado si dejamos de lado el episodio del EGR. Siempre ilusiona pensar que podemos estrenar coche. Pero llegando a Valencia con más de setecientos cincuenta kilómetros en la espalda, pensé en el buen comportamiento de mi coche. Un buen lavado y una limpieza a fondo de la tapicería y como nuevo. No voy a deslumbrarme por la prestancia le lo nuevo.

Algo parecido puede pasar con los amigos. Es la prestancia de lo nuevo.

lunes, 10 de enero de 2011

Historias de la p... mili

Campamento Montaña Negra en la provincia de Castellón. Allí empezó mi periodo de instrucción para completar los doce meses de vida militar.
Empieza a ser raro que en la conversación entre amigos aparezcan las historias de la mili. Hubo una época que no había reunión de amigos sin un buen repaso de las hazañas, desventuras de cada uno de nosotros en la mili. Las nuevas generaciones se lo pierden. O no.

Recurrentemente me viene a la memoria un pequeño pasaje del mismo día que inicié la mili y no sé bien por qué quedó tan fresco en mi mente.

Me desplazaba a la Estación del Norte en Valencia junto a mi amigo y compañero de facultad Toni para tomar el tren que nos desplazaría hasta Castellón.
Me acerqué a la ventanilla de la estación para canjear el documento que me enviaron las autoridades militares por un billete de tren hasta Castellón de la Plana (después de la mili constaté que el nombre de la ciudad es un claro aviso de que la provincia de Castellón es una de las más montañosas de España).
- Aquí traigo este papeluco para coger el tren.
El empleado parapetado tras la ventanilla me dijo:
- Vaya, un asturiano por estas tierras.

La utilización de aquella palabra, “papeluco” fue suficiente para que me confundieran mis orígenes y empezara con mal pie la mili. No era más que el primer paso del proceso de despersonalización que tratan de alcanzar en el periodo de instrucción a base de eliminar nuestras señas de identidad. Corte de pelo, uniformidad completa, dormitorios comunes, espacios propios reducidos al mínimo, jerarquía absoluta y así una larga lista.

No recuerdo por qué utilicé aquella palabra con aires asturianos y no he vuelto a utilizarla más pero ha quedado bien grabada en mi mente junto a muchas más historias de la p… mili.
En el futuro espero traerlas por aquí para deleite e intercambio con todos los “hombretones” que podemos decir todavía: Yo hice la mili.

viernes, 7 de enero de 2011

Cenas de Navidad. Feliz 2011

No hay Navidad sin uno de sus clásicos: Las Cenas de Navidad

La más tempranera ha sido la de antiguos compañeros de universidad de mi mujer. Celebramos esta cena juntos hace más de diez años y el número de parejas que asistimos se mantiene casi constante.

Este año ni la cena ni el local son merecedores de comentarios pues no sobresalieron por sus excelencias. En ambos casos se han visto superados por cenas de años anteriores. Solo comentar que el año 2009 en Alcoy dejó el listón muy alto en cuanto a local, cena y organización.

La cena del 2010 la recordaré por dos cosas bien significativas del grupo que formamos, la edad que tenemos y las vidas que construimos.

Una es la primera separación del grupo y la presentación en sociedad de la nueva pareja.

Y dos los comentarios de sobremesa acerca de las últimas visitas al médico. La aparición de la primera operada de cáncer en el grupo y los tactos rectales. ¡Glups!

Las dos cosas reflejan lo que nos preocupa y afecta a los que somos producto de una generación y una sociedad de la que no dudo somos unas privilegiados. Ahí seguimos año tras año contándonos lo altos y guapos que son nuestros hijos.

Y empezado el nuevo año 2011 (no me gusta el número, siento una especial antipatía por los impares) aprovecharemos los temas estrellas de la cena de navidad para lanzar los nuevos propósitos del Año Nuevo:

- Feliz Año Nuevo para todos aquellos que os aparezcáis por aquí. Empiezo a saber que más de uno se pasa por aquí con cierta frecuencia. Aprovechad los comentarios de las entradas para dejar algunas palabras que a buen seguro serán agradecidas y comentadas. Si no es así Feliz Año Nuevo igualmente.

- Cuidemos a las amistades. En primer lugar disculparme por mi abandono en el cuidado de las amistades. Tengo cierta fobia al uso del teléfono móvil fuera del ámbito laboral y la conexión telepática no la tengo perfeccionada todavía. Utilizaré los medios que pueda para conseguir transmitir calor a las amistades. Gracias amigos y conocidos

- Cuidar a la familia y especialmente a la pareja. Animo a los enfermos y delicados de salud. Os quiero a todos y vamos a hacer un esfuerzo mutuo en mantenernos unidos.

- Querernos a nosotros mismos y esforzarnos en mantenernos sanos haciendo deporte. Me he desligado bastante de mi afición a correr pero no lo suficiente para saber qué es lo que necesita cuerpo y mente.

Hasta aquí los posos y reflexiones que me han dejado las muchas cenas de navidad de este final e inicio de año. Familia y amigos han pasado por estas cenas y me han ayudado a cerrar el 2010 y juntos construiremos el 2011.

Iremos viendo. Gracias

Archivo del blog