lunes, 14 de diciembre de 2009

Berenguer Mallol

Me felicito por haber tenido la fortuna de conocer a los que me empujaron a abrir este blog.

Y lo compruebo ahora que repaso las entradas antiguas.

Sin quererlo llevo un año relatando un pedacito de mi historia personal. Interesante sin duda.

Este preámbulo sirve para introducir un relato que cuente algunos de mis recuerdos vividos en casa de mis “yayos” en la calle Berenguer Mallol de Valencia. Ahora todavía los tengo relativamente frescos en mi memoria y mañana Dios sabe.

La casa estaba en un segundo piso sin ascensor y con unas escaleras muy estrechas.

La casa tenía un estrecho balcón delante pero una sensacional galería semicerrada en la parte de atrás donde discurría la mayor parte de la vida diaria gracias al benigno clima de Valencia.

Se me agolpan cientos de anécdotas y pequeños recuerdos que quisiera traer aquí:

La coca de llanda de mi yaya, el codonyat dolç, el boxeaoret, el sifón, el comú, el olor dulzón de mi abuela, la paz y el sosiego en la mirada de mi abuelo, …

Pero el recuerdo que hoy quiero plasmar es mi afición a construir barcos con trocitos de madera y tachuelas que mi abuelo, ebanista de profesión, me proporcionaba.

En un altillo de la galería había cientos de tablillas que yo siempre reclamaba para ampliar la flota. Las más anchas servían para la pista de aterrizaje de los portaviones y con el resto me las iba ingeniando para componer la flota con barcos de todos los tamaños.

En el suelo de la galería disponía la flota preparada para recibir al enemigo y librar la batalla naval pertinente. Mientras los barcos iban ocupando cada vez más espacio de la galería mi abuelo me observaba sentado en una silla de enea. Sus consejos a la hora de construir la flota eran siempre bien recibidos, si bien su mayor preocupación era evitar que me diera un martillazo en el dedo.

El recuerdo es vago pero debieron ser muchas las horas dedicadas a la flota naval bajo el amor que desparramaban mis abuelos sobre mí.

Mi padre es hijo único y yo el primer nieto. Es fácil entender que yo era el rey allí.

Berenguer Mallol es el nombre de la calle. Un calle de barrio, clásica y como de las que ahora es difícil de disfrutar.

En la esquina estaba la ferretería, La Estrella. En la esquina opuesta la tienda de tejidos de punto y mercería. En la acera de enfrente estaba la panadería y la bodega donde comprábamos el vino a granel y los sifones.

Tiendas de barrio todas ellas donde al entrar me reconocían como el nieto de la Sra. Consuelo.

Pedacitos de historia que componen mi historia personal.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Media maratón de Valencia 2009

22 de noviembre de 2009.

Tiempo: 1h38’’

Sensacional el día para correr aún cuando a media mañana la temperatura pudiera ser un poco elevada para los que pretendían hacer una gran marca.

A los dos primeros clasificados poco les importó esta temperatura pues bajaron de la hora.

Son gente de otra galaxia en el mundo del corredor.

Me planteé esta prueba con mucha tranquilidad y con la máxima de disfrutar corriendo del recorrido.

Salí acompañado de dos climaturios. Ignacio “el caidas”y Javi “tronco”.

6000 corredores en línea de salida, así que hasta el km 10 íbamos acompañados y arropados por cientos de corredores.

Ritmo fácil desde el principio de 4’45’’

Hacía años que no corría tan a gusto.

Tal era mi intención de disfrutar la carrera que en el km 8 dejé marchar a mis compañeros para pasar a un cómodo ritmo de 4’50’’

Puerto de Valencia, Blasco Ibáñez, estación del Cabanyal, Alameda, calle de la Paz y plaza del Ayuntamiento. Km 12.

Poder conquistar el centro de ciudad a golpe de zapatilla me hizo sentir eufórico.

Empecé a acelerar el ritmo. 4’30’’ y bajando.

Bastante gente animando en la calle y día soleado.

Cada vez más animado, alto de pulsaciones 170 pero con buenas sensaciones mantenía el ritmo que en algunos km era de 4’25’’.

Km 18 y de vuelta al Puerto de Valencia.

Alcanzo a mis dos compañeros de inicio. Los sobrepaso y son incapaces de seguirme. Estoy lanzado y mis pulsaciones alcanzan las 177.

El km 19 dentro del circuito de F1se me hace largo y al llegar al km 20 escucho a lo lejos el grito de mis compañeros de inicio. Me paro y los espero para hacer juntos los últimos metros de carrera.

Final al sprint de los tres climaturios

.

Buen final de carrera con mucha gente animando y los tres por debajo de 1h39’’

La conclusión es que hacía años que no disfrutaba tanto de una carrera. Buenas sensaciones en las piernas y el tiempo realizado poco me importaba.

Y como colofón de la jornada comida de camaradería de los corredores y sus familias. En total casí 50 personas.

Es fácil imaginar el contenido de las conversaciones de ellos:

Kilómetros, zapatillas, planes de entrenamiento,….

Sobre las conversaciones de ellas no me atrevo a opinar pues a buen seguro que me equivocaría.

Sobremesa que llegó hasta las 18:00.

En definitiva un buen día que altera la cotidianeidad de nuestra vida y anima nuestra senda de la que en ocasiones perdemos rumbo y sentido.

domingo, 22 de noviembre de 2009

Molan y fardan

No tengo muy claro si son términos aceptados por la REA pero estoy seguro que los de mi generación conocen bien su significado.

Mi hijo seguramente diría que son "guay" y tal vez no entienda el por qué fardan pero no tengo duda de que molan y fardan mucho.

No soy yo muy partidario de comprar artículos Nike pero aprovechando mi viaje a Nueva York visité la tienda Niketown y me atrajo este modelo de zapatillas. Tanto que pedí talla, me las probé y las compré.

¿ A que molan? Y lo que voy a fardar con ellas.







Y como es de bien nacidos ser agradecidos no puedo dejar de lado mis viejas Asics que me han acompañado durante tantos kilómetros.

No cabe duda de que los corredores somos fetichistas y que mejor fetiche que nuestras zapatillas.

Las llevamos en su bolsa, las cuidamos, vigilamos sus achaques y jamás las lavamos. No queremos que pierdan sus "propiedades".

Y cuando acaba su vida útil las guardamos cual reliquia sagrada porque han superado los kilómetros recomendados por el fabricante.


Seguro que escribo esta entrada por la morriña que tengo desde que vi la foto de las zapatillas de clavos Munich de "el marroquí". Aunque fui un mediocre corredor de pista, guardo un vago recuerdo de las sensaciones recibidas al correr con clavos en la pista de ceniza de la Universidad de Valencia.

Y hasta aquí el pequeño homenaje a nuestras compañeras de entrenamientos y que no será el último.


martes, 10 de noviembre de 2009

Boujdour. Historias africanas

Pequeñas anécdotas como esta son las que te hacen pensar si el rumbo de nuestra vida es el correcto.

Camino de Boujdour en nuestro sencillo “fiat uno” diesel paramos en una gasolinera a repostar. Saliendo de El Aiun y de camino a Boujdour esta es la única gasolinera que encontramos. Lo cual quiere decir que en un recorrido de 300 km no íbamos a encontrar otra y durante el camino estábamos flanqueados por el Atlántico y el desierto.

Al llegar a la gasolinera encontramos a un grupo de mediana edad que viajan en un flamante todo-terreno “Range Rover” con motor de gasolina. Estaban vestidos con ropa tipo “coronel tapioca” y hablaban inglés. ¡Preparados para cruzar los más peligrosos desiertos del planeta!

Nosotros, dos valencianos con buenas nociones de francés y vestidos con mocasines de calle, pantalón de vestir y camisa, bajamos de nuestro utilitario y nos dirigimos al empleado del surtidor para llenar el tanque.

Mientras nos llenaban el depósito se nos acercó el grupo de alterados expedicionarios del desierto.

En inglés nos explicaron que llevaban allí horas esperando repostar y no entendían las explicaciones del empleado.

Nos dirigimos al magrebí en cuestión que estaba semitumbado en la pared de la pequeña edificación de la gasolinera a pedirle explicaciones.

Sus explicaciones fueron que llevaban horas aquellos individuos esperando a repostar y que pese a sus explicaciones no entendían que el camión cisterna que debía rellenar los depósitos estaba de camino y que no quedaba más remedio que esperar. Estaba de camino

Nosotros insistimos en conocer cuanto tiempo podía tardar en llegar y sin inmutarse nos respondió que podía tardar una hora, o varias, o un día, o varios días.

Después apostilló.
Yo no entiendo cual es el problema. Tenemos sombra, agua y comida. No hay más que sentarse y esperar.

¿Dónde está el problema?

jueves, 5 de noviembre de 2009

Las cenizas de Ángela

Este ha sido uno de los libros que he leído este verano.
Tal vez no esté capacitado para enjuiciar los valores literarios de este libro pero no cabe duda que esta obra ha logrado conmoverme.
Mientras leía este libro una sensación de tristeza, desasosiego y rabia me envolvía. Por un lado no quería seguir leyendo y por otro lado esperaba el hueco entre los quehaceres diarios para leer.
Siguiendo mi costumbre, no he visto y no tengo intención de ver la película adaptación de este libro. Pero quienes la han visto me comentan que también la película logra reflejar esta sensación.
Parece ser que el libro es autobiográfico y se desarrolla en la Irlanda industrial de principios de siglo XX.
La crudeza de lo relatado y el hecho de ser autobiográfica hace todavía más dura la historia.
El gris del cielo, la suciedad, el hambre, los harapos y la lucha por subsistir son los ingredientes de la novela.
No voy a contar el libro pero si aprovechar para recomendar su lectura.

sábado, 17 de octubre de 2009

Desvaríos sin sentido

Corro, salto y me zambullo.
En el interior del agua agito mis pies de modo convulsivo intentando alcanzar el fondo que no puedo ver y mis pulmones creo van a estallar. Es hora de retornar a la agitada superficie del mar.
Dicen que un resumen de tu vida puede pasar en imágenes por tu mente. El tiempo se detiene y puedes ver tu cuerpo mientras tu mente flota por encima. ¿Chorradas o será verdad?
Estoy soñando o es que finalmente tomé la decisión de no alcanzar la superficie. Si, ahí está y la puedo tocar.
Olas que agitan fuertemente todo lo que por allí flota. Flotar, flota todo lo que no se hunde y lo que no se quiere hundir pues aunque flote si no tienes el ánimo suficiente acabas hundiéndote en la profundidad sin solución de continuidad.
Y es que la mente es frágil a pesar de ser capaces de construir los ingenios mecánicos más inverosímiles. Algún día el mundo científico se decidirá por explorar esa fragilidad para robustecer nuestra primigenia debilidad de mente.
Franco Batiato ya cantaba los enigmas espaciotemporales que nos cercaban y todo quedaba resumido en una frase de otra de sus canciones. Cucurrucucu paloma.
Tonto me dirás pero tonto es aquel que piensa que no lo es pues de injusticias está lleno el mundo y tú no lo vas a remediar. Hartos estamos de redentores del mundo y muchos más que saldrán. Dios me libre. Y con la iglesia hemos topado. A mi la legión. Legión de idiotas la que nos gobierna y yo tampoco lo voy a remediar.
Vueltas y vueltas que le puedes dar y el sentido no lo vas a encontrar. En ocasiones la vida transcurre sin sentido y tú no puedes fallar.
Ay, ahí hay confusión.

La Gran Manzana de nuevo


Como si de una premonición se tratara, (por estas mismas fechas hice una entrada en este blog sobre un hipotético viaje a NY) este mes de agosto pasado “pensat i fet”, reservamos billetes, endosamos “el niño” a mis padres y mi mujer y yo nos plantamos con las maletas en el aeropuerto de Valencia para iniciar el viaje a Nueva York. Manhattan para ser más exactos pues el estado de NY tiene cinco condados y el viaje se centró en la isla de Manhattan.

Valencia, Madrid y Madrid, NY. Muchas horas de viaje pero un buen libro (Las cenizas de Angela), mi facilidad para dormir en los aviones y el reto de intentar comerse la comida del avión sin tirar la mitad de los recipientes al suelo consiguieron que todo fuera llevadero.

La primera impresión fue algo decepcionante porque todo era como había imaginado y, más aun, escrito sobre ello. Pero, sin duda, puedo decir que NY acabó atrapándome.

Elegimos el hotel Paramount que afortunadamente estaba muy bien situado junto a la Avd. Broadway y rodeado de los teatros de los archiconocidos musicales: El Fantasma de la Opera, West Side Story, La Sirenita,.....
Curiosamente junto al hotel estaba situada la sede de la iglesia de la cienciología.
El hotel sencillito pues las tres estrellas de un hotel español nada tienen que ver con este hotel con armarios de casa de muñecas.

Llegamos al hotel y para intentar adaptarnos cuanto antes al nuevo horario salimos a pasear. Callejeando por la sexta avenida acabamos en Central Park. Aquí acaba la maratón de NY; lo digo para ir calentando motores.

Primer día completo en NY y para situarnos reservamos una excursión en bus guiada que nos enseña y sitúa los lugares más emblemáticos del Alto y Bajo Manhattan.
Tras la excursión nos quedan por delante cinco días de andar y andar, visitando y descubriendo los puntos de interés de la ciudad.

No voy a detallar todo lo que visitamos pues es lo mismo que puede aparecer en cualquier guía de la ciudad. Si voy a describir las sensaciones del viaje que, a buen seguro, siempre me acompañarán.

Si comparamos NY a las modernas ciudades españolas nos quedaríamos con la sensación de que NY es una ciudad vieja. Obras de remodelación y mantenimiento por todas partes. Para que esta ciudad siga funcionando las 24 horas son necesarios arreglos continuos.
Pero la ciudad sorprende por su limpieza y civismo.
Es difícil encontrar un papel o colilla en el suelo a pesar del movimiento continuo de personas en la calle.

Se puede comer todo tipo de comida las 24 horas del día y no solo los famosos hot dogs. Existe, por ejemplo, una cadena de establecimientos que te permiten comer ensaladas variadas y saludables hechas al instante con ingredientes frescos.

Existen edificios altos, muy altos, pero hasta que no te paras, los contemplas y cuentas los pisos no te das cuenta de la magnitud de los mismos. Tras varios días paseando me entretuve contando las alturas y me sorprendía al descubrir que los edificios que no eran los más altos alcanzaban en su mayoría los 40 pisos. Por tanto el edificio de la Torre de Francia sería allí un edificio bastante vulgar en cuanto a altura.

Fracaso estrepitoso de mis conocimientos de inglés. Cuando más me esforzaba en ligar frases en inglés más rápidamente recibía la desmoralizante respuesta de “yo también hablo español”. Leches¡¡, ¿tanto se me nota?

En todo momento nos acompañó una agradable sensación de seguridad. La pinta que llevábamos era inequívocamente de turistas. Cámara al cuello, pantalón corto, deportivas, bolsas con anagramas de los centros comerciales... Podríamos ser blanco fácil de cacos y carteristas. Nunca tuve sensación inseguridad.
Bajamos al metro y tampoco perdí la sensación de seguridad.
Cierto es que evitamos las zonas potencialmente peligrosas. No hay que tentar la suerte.

Existe presencia policial en todo momento pero no es agobiante. Agobiante es la persecución que ejercen los policías de tráfico sobre los conductores.
Quedarte atascado en un cruce con el coche es motivo suficiente para que a parezca a la carrera un policía municipal de tráfico para ponerte una multa. Lo hacen con rapidez y eficiencia pues con un dispositivo lector de código de barras identifican la pegatina con datos que los coches llevan en el parabrisas e inmediatamente es transmitida la multa vía telemática a tu domicilio y cuenta de banco. A ver quien tiene narices de aparcar en doble fila. Como por aquí ¿verdad?

A visitar Central Park le dedicamos bastante tiempo. Pero tiene tanto que ver que supongo que se necesitan muchas visitas para destapar sus secretos. Debo confesar que no me puse las zapatillas para correr por allí. Ahora me arrepiento.
Es un verdadero pulmón para la ciudad y sus ciudadanos. Un espacio como ese entre tantos rascacielos es un buen lugar para recargar las baterías del cuerpo y del alma.
Nos comentaban las guías la situación de las viviendas de los más ricos con vistas al parque. No son tontos. El dinero no te da la felicidad pero te ayuda a sobrellevar la tristeza de no ser feliz.

Muchas más sensaciones y experiencias me acompañaron en el viaje de vuelta pero será en otras entradas donde podré ir destilándolas.

Viaje de vuelta sin grandes sobresaltos a excepción de las cinco horas de espera que nos “regaló” Iberia en el aeropuerto de Barajas.

Viajar, viajar y viajar.



sábado, 26 de septiembre de 2009

Así nos ven

Lo imaginaba y hace unos meses pude comprobarlo. Los tópicos son ciertos.

Media maratón del Puerto de Sagunto. Km. 5, siento un agudo pinchazo en el soleo de la pierna izquierda. Por prudencia y puesto que mi intención no era disputar la prueba a tope decido retirarme. Me dirijo al coche, me pongo ropa seca y me voy a meta para ver como llegan mis compañeros del asfalto.

Es la primera vez que estoy en meta esperando la llegada de mis compañeros. En total somos quince climaturios.
Estoy a unos veinte metros de la pancarta de meta rodeado de público de todas las edades que se agolpa interesado por la llegada de los primeros clasificados.

Y aquí llega mi sorpresa. Los comentarios del público que me rodea y que merecen ser esculpidos en mármol.

Un caballero, sobre los cincuenta años de edad, bajito y con bigote le dice a su acompañante:
- El secreto de estos que corren tanto, refiriéndose a los norteafricanos que llegan en los primeros lugares, es no beber durante la carrera.
Tomaremos nota para próximas carreras. Digo
Pero no contento con ello y para reafirmar sus conocimientos atléticos deja caer otro comentario.
- Estos, sin dejar de referirse a los norteafricanos, se entrenan en el desierto persiguiendo animales para poder comer.
Tomemos nota de nuevo a ver si dejamos las malditas series y adoptamos sistemas de entrenamiento modernos.
Creedme que el personaje hablaba totalmente en serio.

A mi izquierda una mujer orgullosa comentaba a sus amigas.
- Mi marido es de los mejores y seguro que llega por debajo de 1h30
Finalmente llegó el marido en 1h34.
Supongo que los corredores somos como los pescadores y las piezas capturadas nos parecen veinte centímetros más largas.

Yo no sabía donde fijar mi atención. ¿En los corredores o en el público?
Recomiendo la experiencia. Es otra forma de disfrutar las carreras. Hubo muchos más comentarios que aquí no voy a reproducir.

Conclusión. Sigamos corriendo pero no intentemos explicar porqué corremos pues no nos van a entender.

sábado, 5 de septiembre de 2009

BOUJDOUR

El nombre de esta pequeña ciudad situada en la costa oeste del continente africano, antes llamado Sahara occidental, es poco conocida pero posee especial significado para mi.
Situada en la costa sahariana entre El Aiun y Dackla. Y decir entre es muy atrevido pues entre estas ciudades hay más de 500 km.
Circunstancias y avatares variados me llevaron, junto a dos socios, a verme envuelto en la creación de una empresa de congelación de pescado y marisco y su distribución en Valencia.
Boujdour era la población donde levantamos la factoría por estar muy bien situada para la captación del pescado, sepia y calamar principalmente, de los puertos saharianos del antiguamente conocido como Sahara español.
Boujdour es una ciudad costera con un pequeño puerto donde cada día llegan barcas dedicadas a la pesca artesanal y rodeada por el desierto. El desierto que rodea a esta pequeña ciudad no se parece a la idea de desierto que tenía antes de llegar allí. El desierto allí es un terreno árido, pedregoso y lleno de matorrales bajos. Y para completar el paisaje no faltan manadas de camellos vagando por allí.
La carretera que llega desde El Aiun es una franja de asfalto rectilíneo paralela a la costa atlántica, de un carril de anchura y que se pierde en el horizonte.
Por fortuna hice algunas fotos que podré escanear y que a buen seguro ilustrarán lo que relato.
Allí estábamos tres españoles perdidos en aquel pueblo del Sahara Occidental intentando montar la empresa de congelación.
No entro en detalles ahora de lo que significa instalar una factoría de congelación de pescado en un pueblo donde lo más próximo al frío es la nevera del bar del pueblo. Se compra allí la carne, el pescado y la verdura para el consumo diario pues no existen medios de conservación más allá de la salazón o el secado al sol.
La imagen que quiero traer aquí es la mía sentado en una silla al caer la tarde leyendo. Como hago en cada viaje me acompaño de un libro y en este caso era “La tabla de Flandes” de Arturo Pérez Reverte. Un poco más allá de mi silla estaba como cada día sentado en el suelo un joven marroquí cuya función en la empresa era ayudar durante el día a los obreros y después actuar de vigilante de la factoría durmiendo en un rincón de la sala por la noche.
Como cada día yo leía y el joven me miraba sin apartar la vista de mi, preocupado en todo momento de que el vaso de té que tenía a mi lado no estuviera nunca vacío hasta que me cansaba y salíamos a pasear por la calle central de Boujdour.
Finalmente pude entablar una dificultosa charla con aquel joven para intentar averiguar por qué se quedaba allí mirándome con tanta atención cada tarde. El francés del joven era rudimentario y mi conocimiento del árabe nulo.
Su contestación fue qué estaba sorprendido e intrigado por entender que podía poner en aquel libro para mantener mi atención fija en aquellas páginas cada tarde a la misma hora. No quería que me despistara y por tanto estaba siempre atento para tener mi vaso de té siempre lleno.
Los días de vacaciones que pedí en mi empresa para poner en marcha aquella empresa se acabaron y volvimos a Valencia.
El asunto de la empresa no acabó bien, pero hoy me pregunto si fui capaz de explicarle a aquel joven lo que se puede esconder en las páginas de un libro.






















domingo, 2 de agosto de 2009

Travesía y Enganche

Una larga travesía.
Allá para principios del mes de junio de 2008 dejé mi anterior empleo. Jamás sabré si entonces tomé la mejor decisión y no se puede vivir con permanentes “pudo ser” (me gustó esto cuando se lo leí a mi amigo Charlie). La mejor decisión es la que se toma y adelante con todas las consecuencias.
Comencé una larga travesía hasta el mes de marzo de 2009. Ahora desde la distancia y pasados cuatro meses desde el inicio de mi nueva etapa laboral todo se matiza y la recuerdo como corta e intensa.

Corta porque muy pronto se me vino encima julio y agosto donde la actividad laboral se paraliza y en mi entorno todos pensábamos en las vacaciones. Mi hijo de vacaciones y yo aproveché para ejercer de padre de modo muy intenso. No se si con los años mi hijo lo apreciará pero esos meses los aproveché para estar muy cerca de él.

Mes de Junio de 2008. Un martes cualquiera a las 11 de la mañana. Allá iba yo con mi hijo al Bioparc mientras la mayoría de los mortales estaba trabajando. Cuatro gatos en el parque. Podías pararte en todos los puntos del parque sin agobios ni empujones. Y para rematar una hamburguesa en el BurgerKing con sus aceitosas patatas mientras el ketchup se te escurre entre los dedos. Memorable día.
Y luego algunos pedantillos dicen que no sabrían que hacer con tiempo libre y sin trabajo fijo.

Intensa. A partir de septiembre de 2008 empezó una etapa intensa en muchos aspectos.
A las nueve de la mañana de cada día salían de casa mi mujer y mi hijo y era cuando tomaba verdadera conciencia de mi estado de “desempleado”.
Desde el primer momento opté por la opción de moverme sin desestimar ningún camino y exploré cualquier opción de empleo que se me presentaba sin dejar de lado la oportunidad de ampliar mi formación.
Tuve momentos de desesperación, claro, pero se quedaban circunscritos a los periodos en los que me encontraba solo en casa, de modo que después de tres gritos de rabia y una salida a correr al mediodía podía ofrecer una imagen de serenidad y seguridad.
Una empresa de recolocación (outplacement) que era parte de mi indemnización por despido estuvo a mi lado en los difíciles primeros meses. Algunos aspectos de la labor de estas empresas son muy cuestionables, pero siendo justo debo decir que me apoyaron mucho en el aspecto de explorar mis valores como empleado y me aportaron una importante seguridad a la hora de afrontar las entrevistas de trabajo. Recuerdo sentir cierta ansiedad por pasar entrevistas y enfrentarme a los representantes de los RRHH de las empresas con las que me entrevisté. Otro día debería escribir sobre los personajes que me entrevistaron y las tonterías que se podían oír en las entrevistas. Mucho impresentable anda suelto por ahí.
Si me dan más tiempo me podía convertir en un profesional de las entrevistas y montar una consultora para asesorar en este campo.

Estaba oficialmente desocupado pero los días se me hacían cortos pues eran muchos frentes los que tenía abiertos. Recibía clases de inglés, peinaba las webs de empleo más importantes, escribía CV espontáneos a docenas de empresas, visitaba a mis tutoras en la empresa de recolocación y en la universidad (ADEIT), llamaba a infinidad de puertas de amigos y conocidos para encontrar pistas de ofertas de empleo,...... Podía abrir un capítulo sobre el comportamiento de los amigos y conocidos cuando te presentas frente a ellos “pidiendo”.
Y volvía a tener momentos de desesperación. Y de alegría al ver la respuesta de los verdaderos amigos y “conocidos”. Me sorprendió gratamente la respuesta de algunos conocidos y desde aquí vaya mi más sincero agradecimiento.

Hago aquí un inciso para recordar cierta sensación de soledad y comportamiento antisocial que se crea en un desempleado. Sientes cierta aversión a cruzarte con conocidos, amigos y vecinos pues estás harto de tener que dar explicaciones sobre como te marchan las cosas y los problemas económicos del país. La gente al verte y saber que estás desempleado se creen en la obligación de repasarte la cantidad de amigos y familiares suyos que están en paro o pasando por graves problemas en su empresa. Malditas las ganas que tenía de oír historias de ese tipo. En esos momentos lo que realmente esperas son comentarios de cualquier otro tipo y si son sobre tías con tetas grandes y hermosos culos mejor.

Noviembre fue un buen mes de entrevistas. A pesar de la crisis me entrevisté con varias empresas que me dieron serias esperanzas de poder empezar una nueva etapa laboral con ellos.
Enero y un nuevo año 2009. Impar y a mi no me gustan los números impares. Las empresas empiezan a notar la gravedad de la crisis que nos afecta cada vez con mayor nvirulencia y donde había recibido serias oportunidades de empleo, eran ahora catálogos de excusas acerca de lo mal que está la economía mundial y que cualquier decisión de incorporar empleados quedaba congelada. Jarro de agua fría y por primera vez empezaba a contar los meses y contemplar la posibilidad de que algún día se acabaría el paro aunque tenía dos años por delante. Por primera vez empezaba a ponerme nervioso.
Tras el susto del mes de enero parece que en febrero y marzo se activó el empleo y recibí nuevas citas para entrevistas. Subidón de la autoestima y a visitar tiendas de ropa para renovar trajes y corbatas de entretiempo. El uniforme de entrevistado es importante.

Marzo y bingo. Oferta de empleo y a empezar a trabajar ya.
Reaccioné con serenidad, no me dejé llevar por la euforia pero se me dibujó una sonrisa en la cara que no había forma de borrar.

Varios amigos me avisaron de que cuando me llegara la oportunidad de empleo no vendría sola. Y así fue. No me podía estar pasando eso a mi. Tras casi nueve meses buscando empleo ahora tenía que elegir entre dos. Para habernos “matao”.

Aproveché las vacaciones de fallas para visitar Logroño y alrededores con la familia y así intentar contemplar la situación desde la distancia buscando respuestas. Como es de suponer volví más confuso que al partir y nervioso por saber lo que me esperaba en mi nueva empresa.

Enganche.
Sin haber resuelto mis dudas interiores y sin saber en toda su extensión donde me metía y para qué, el 23 de marzo tomaba posesión de mi nuevo puesto de trabajo.
Recuerdo aquí una palabras que me escribió Garraty sobre la dificultad de los inicios y lo duro que se hace volver a demostrar algo que anteriormente habías superado tras años de esfuerzo y trabajo duro.

Las primeras semanas fueron especialmente complicadas. Todo era nuevo para mi y además no llegaba a entender lo que se esperaba de mi. Aún hoy en día tampoco lo tengo completamente claro pero al menos la situación la tengo más controlada.
Una empresa con casi 500 trabajadores, una fábrica trabajando a tres turnos (M,T,N) y unos crecimientos anuales entre el 20 y el 50% es difícil de controlar y mucho más entenderla y subirse al tren. Si a ello le sumamos la existencia de un personaje peculiar como jefe crean un panorama complicado de sobrellevar.

Mi blog se ha llenado de tela de arañas y mis piernas han olvidado las largas y exigentes kilometradas. Mi báscula se carcajea de las lorzas que cuelgan en mis costados y para rematarlo algún climaturio llega a escuchar el retumbar de mis pasos sobre el “jamonero” mientras lo cruzo.
No se si es lo lógico pero no he sido capaz de dar más.

Creo estar enganchado a mi nueva etapa aunque sea con alfileres y ahora espero las vacaciones para reposar lo sucedido en los últimos meses y empezar con renovadas energías en septiembre.
Y además espero recuperar las energías de mis piernas lo suficiente como para agarrarme con uñas y dientes al equipo A de la carrera de los “árboles y castillos”. Pienso dar mucha guerra.

domingo, 5 de abril de 2009

Urbanismo amigo.


En fallas aproveché para viajar un poco y visitar de nuevo la ciudad de Logroño donde viven unos familiares.
Cegado por la deslumbrante ciudad de las ciencias, las megaconstrucciones de Calatrava y mi tan querido (y a veces odiado) cauce del río me enfrenté a la ciudad de Logroño con cierto desprecio.
Salí a correr por las orillas del río que baña la ciudad de Logroño, paseé por sus nuevos barrios y recorrí el casco antiguo para homenajearme a base de tapas y vinos.
Y salí humillado.
Quiero a Valencia y la defenderé a muerte pero visitar ciudades tan encantadoras como Logroño te descubre los excesos urbanísticos y las aberraciones que se pueden cometer en ciudades como Valencia.
Me explicaré.


Cuando viene alguien de fuera a Valencia le enseño el cauce del río como un lugar ideal para correr y que tal vez no exista en España punto mejor que este para correr.
Salir a correr a orillas del río por Logroño supone encontrar extensiones kilométricas de césped cuidadosamente cortado donde podrían correr más de veinte personas en paralelo durante muchos kilómetros sin tocarse. En el cauce del río de Valencia las pocas zonas de césped para correr te obligan a ir casi en fila india, el resto es tierra y te la debes pelear con los ciclistas.
Los nuevos barrios que rodean el casco antiguo de Logroño están formados por manzanas de edificios de no más de seis alturas rodeados de grandes extensiones verdes de césped. Ni comentarios de las torres de edificios en los nuevos barrios de Valencia y sus ridículas zonas verdes.
Se puede deducir como es la circulación por Logroño. Fluida y con facilidades para aparcar.
Salir a tomar tapas por Logroño es puro vicio y deleite de los sentidos. La calle Laurel y aledaños son el paraíso de los adictos a la tapa. Locales y más locales que ofrecen una tapa, en ocasiones es tapa única y un vino o corto de cerveza. Empiezas con vino y tapa aquí, vino y tapa allá,…….. y acabas a cuatro patas.

Rita, sal y viaja un poco que nos vamos a morir de soberbia en Valencia.

A esos los mantenemos nosotros

Cualquier tarde de una semana cualquiera a eso de las seis de la tarde paseando por el barrio de Monteolivete de Valencia pude oír esa frase que no presagia vientos calmados a nuestra sociedad.
El escenario es una terraza de bar con una camarero de alrededor de 35 años ordenando las mesas de la terraza y un cliente de unos 40 años con un café en la mesa y el periódico en la mano. En ese mismo momento pasa por allí un individuo de alrededor de 20 años, rasgos magrebís o magrebíes (Marruecos, Túnez o Argelia). Viste con ropa de adolescente, una mochila pequeña en la espalda y un teléfono móvil por el que habla sin parar. Habla vociferando e intercalando risotadas en la conversación. Sin duda llama la atención allí por donde pasa.
En cualquier otro momento no tendría mayor importancia esta situación. Pero estamos en situación de crisis, el empleo no abunda y las miradas se centran en los inmigrantes. En barrios obreros y de baja formación es fácil prender chispas.
Un inmigrante dando la imagen del triunfador en un barrio donde se encuentra un centro de retención de menores inmigrantes que en muchos casos no parecen menores de edad no es esa la mejor carta de presentación.
Volvemos a la escena.
Una vez que pasa el inmigrante, el comentario del camarero que se ha quedado mirando con desprecio al africano es “a ése lo mantenemos nosotros”
El cliente del bar que había descuidado el periódico y que también estaba entretenido con la escena del inmigrante responde al camarero con un movimiento de cabeza que refuerza la opinión del primero.
Tal vez sea coger la escena por los pelos, pero en situación de crisis, paro elevado y conflictividad social en el barrio debido a la numerosa presencia de extranjeros, esa podía ser la chispa que encendiera un conflicto social que no deseamos nadie.
No he leído tanta historia como quisiera pero de lo poco que he leído me proporciona el atrevimiento para afirmar que situaciones como la descrita aquí fueron suficientes para desencadenar importantes movimientos sociales que desembocaron en tragedias nacionales.
Gente con formación escasa capitaneadas por algún iluminado se lanzan sobre los extranjeros con la intención de “dar una lección a esos que quitan el pan a nuestros hijos”
Deseo estar muy equivocado pero no he podido dejar de reflejar por escrito las sensaciones que me cruzaron por la cabeza en el momento que oía aquellas palabras, “ esos los mantenemos nosotros”

lunes, 16 de marzo de 2009

Maratón de Valencia 2009

Un adjetivo para describir mi maratón en Valencia este año 2009 AGÓNICO.
Días entes de la prueba no estaba especialmente nervioso. Mi actual situación laboral me mantiene un nivel de preocupación y ansiedad tal que la maratón es un elemento de desahogo y relajación importante.
Como de costumbre la noche anterior a la carrera dormí mal y, pese a intentarlo, antes de las doce no estaba en la cama. En el despertador digital de mi mesita de noche vi dar las horas hasta las seis treinta que sonó el despertador.
Desayuno un café con leche y una magdalena. Normalmente hago los largos en ayunas y hoy no era el día de cambiar las costumbres excesivamente.
Paso hasta tres veces por el baño, me pongo la ropa de correr, me vuelvo a plantear por enésima vez si me pongo la mierda del cinturón para llevar los geles del tiburón o me los meto en la cintura del pantalón y bajo a la puerta de Palestina a reunirme con los compañeros.
Se masca el nerviosismo entre nosotros y se habla poco.
Llegamos a la zona de salida y nos juntamos todos los componentes del equipo. Empieza el ritual de la vaselina, la cinta del pulsómetro, acomodación de los geles, el último pis y nos vamos hacia el arco de salida.
Según la organización somos unos 3.200 corredores.
Estoy bien colocado, a no más de veinte metros de la línea de salida y aunque parezca mentira no tengo claro el ritmo de carrera que quiero seguir. Lo pagaré más tarde.
Las pulsaciones en la salida son las habituales antes de iniciar la carrera, entre 70 y 90.
Suena el disparo de salida y bien pronto me pongo en ritmo de carrera. Voy sobre 4’30’’ y me encuentro cómodo durante los primeros km.
El práctico de las 4h15’ queda lejos, detrás de mi y a Jorge con quien me planteaba hacer la carrera no lo encuentro.
Sobre el km cuatro pasamos cerca de casa y me quedo sorprendido al girar desde el bulevar Sur hacia Palestina y ver la calle engalanada con guirnaldas y globos blancos y verdes. Pocos metros antes de las primeras guirnaldas verdes está Ramón con su altavoz vociferando “que llega Emilio” . Y al llegar a la altura del grupo de animadoras los gritos de ánimo son innumerables. Puedo reconocer a mi mujer y a mi hijo. Los corredores de mi alrededor me hacen comentarios sobre los gritos ánimo recibidos. Estoy eufórico y el ritmo lo sigo manteniendo.
Sobre el km seis me uno a dos corredores de Correcaminos. Tienen una edad superior a los cincuenta y visten mono de triatleta. Estamos por la zona de la avenida del Puerto.
Uno de los corredores de Correcaminos es bastante popular (Jesús) pues frecuentemente es reconocido y saludado por el, sorprendentemente, numeroso público que encontramos al llegar al puerto.
Le damos una vuelta al solitario y desierto circuito de fórmula uno. Sigo con el ritmo de 4’30’’ pero mis pulsaciones están al límite de lo razonable 158.
A partir del km 11 mis pulsaciones se sitúan en 160. Estoy fuera de lo razonable y no me estoy dando cuenta.
A la altura de la estación del Cabanyal me alcanza Jorge y empezamos a correr juntos. Charlamos un poco e intentamos seguir junto a los dos corredores de Correcaminos que llevan un ritmo bastante constante.
A partir del km 19 los km me salen a 4’35’’, mis pulsaciones no bajan de 162.
Le digo a Jorge que siga sin mi tras ver que mis pulsaciones se han puesto en 166.
La media maratón está situada en la calle Colón a la altura de El Corte Inglés. Debe ser precioso correr por las calles de Valencia y más aún cuando existe bastante público en la calle. Pero en esos momentos empezaba a preocuparme mi ritmo y pulsaciones seriamente, no podía disfrutar de las céntricas calles de Valencia.
Paso la media maratón en 1h35’30’’ y a partir del km 25 mis ritmos ya son superiores a 4’40’’.
Empiezo a darme cuenta de que me he equivocado completamente y a partir de ahora empiezo a sufrir. Mi pulso es elevado y el ritmo de carrera fuera de lo previsto. ¿Qué me ha pasado? ¿Dónde me he equivocado?
En el km 31 mi ritmo es superior a 4’50’’ y el grupo de las 3h15’ me sobrepasa. Les aguanto unos metros, mis pulsaciones se ponen cerca de 170. Estamos al lado del Bioparc.
Km 34 y mi ritmo ya es superior a los 5’ el km. No puedo correr junto a ningún grupo porque cada vez hago más lentos los km y no dejan de pasarme corredores. Empieza mi agonía
El bulevar Sur se me hará interminable.
Km 36 y el ritmo es de 5’30’’. Bajo las pulsaciones de las 160 porque me siento incapaz de ir más rápido. Me siento agotado de piernas aunque noto que no voy a tener problemas de rampas. Simplemente que mis piernas no pueden mantener el ritmo de carrera y me piden parar.
Llegan los puentes y túneles del bulevar Sur. Me siento agotado y defraudado. No voy a mejorar el tiempo del año pasado. No quiero abandonar a pesar de todo. Como sea debo acabar.
Corro con una sensación de fracaso encima y entre mis pensamientos está como explicar el tiempo final que voy a hacer. Con suerte bajaré de las tres horas y media.
¿Cómo explicar lo que me está pasando?
No estoy disfrutando, las piernas no responden y lo más fácil y sencillo sería abandonar.
Km 40 y el ritmo es de 6’ y las pulsaciones 155
Paso cerca de casa y recibo los ánimos de algunos vecinos y compañeros de equipo. Me quitan las ganas de abandonar pero el ritmo no mejora.
Km 41 ritmo 5’41’’
Ahora si que estoy convencido de acabar y no dejo de girar la cabeza pensando en que el práctico de las 3h30’ me puede pasar en cualquier momento. Finalmente el susodicho práctico quedará a casí diez minutos.
Km 42 ritmo 5’11’’
Tiempo final 3h21’’52’’
Conclusión. Volveré a correrla si puedo.

viernes, 13 de marzo de 2009

3,5M-1

Hoy a las 13:00 más o menos he recibido la esperada y ansiada llamada.
El próximo lunes dejo de engrosar las listas de Celestino Corbacho y serán tres millones y medio menos uno los que engrosen las listas del paro.
10 meses. Una larga travesía (prometo entrada con este título).
Júbilo, alegría, tristeza en algún aspecto, alborozo......
Calma y tiempo para digerir mi nueva situación.

viernes, 27 de febrero de 2009

Otra muesca en el revolver

Mi cuarta maratón y no será la más recordada. Mi tiempo no ha sido ni el mejor ni el peor pero las sensaciones son de decepción y lo mejor que puedo decir es que la he terminado y tengo una muesca más en el revolver.
En esta entrada voy a limitarme a copiar un correo que pasé a mis compañeros de equipo con los que he compartido entrenamientos, carrera y celebración. En otra entrada que ya preparo me dedicaré a mi carrera y a mis propias sensaciones.

Maratón de sensaciones

Al margen de los resultados deportivos y las marcas alcanzadas, el día de la maratón significó para todos nosotros una maratón de sensaciones.

Amistad. Porque un grupo de conocidos se juntaron hace años para entretenerse haciendo lo que más les gustaba, correr, y han acabado construyendo lazos de amistad que van más allá de lo deportivo.

Nerviosismo y ansiedad es lo que podíamos ver en las caras de todos nosotros a las 8 de la mañana del domingo 22 de febrero.

Superación y esfuerzo. Cada uno de los corredores sabe lo que esto significa y no había más que mirar la cara de algunos en los últimos km. Es muy meritorio acabar en las primeras posiciones y desde aquí felicitamos el tiempo estratosférico de Vicente pero yendo al otro extremo no deja de ser muy meritorio el esfuerzo de Miguel para aguantar cuatro horas de carrera continua.

Entusiasmo. La personificación del entusiasmo era la cara de Ramón con su megáfono animando. Entusiasmo para pedalear y animar hasta que llegó el último de nosotros. José Julio también estuvo ahí marcando estrategias sin perderse un minuto de los km finales de nuestras figuras estelares.

Cariño y admiración por el grupo de esforzadas que madrugaron para engalanar la calle y hacer más fácil la carrera. No hay dinero para pagar el tiempo dedicado a los preparativos de la carrera y para aguantar los entrenamientos de los corredores. Gracias chicas

Orgullo y satisfacción era la cara de los que llegaban a meta. Las caras de Gustavo, Rafa, Carlos, Marco Antonio… eran reflejo de que los esfuerzos en los entrenamientos de meses daban su resultado.

Señorío y Madurez. Maestro y pupilo se marcaron una carrera de libro. Lo dijo y lo hizo. Así de fácil y ya van cuantas por debajo de tres? Fernando eres un maestro.

Abnegación y constancia. Estas sensaciones no podía transmitirlas otro que no fuera Juan. Su tiempo es para todos de un subtres a pesar de lo que quieren mentir los cronómetro oficiales.

Superación. Ni los dolores, ni las lesiones, no los kilos de más, ni las infiltraciones, ni tibial, ni ostias. Juan Luis con sus medias altas y su porte elegante que no perdió en ningún momento se acercó a las tres horas y superó todos los peros que se le pusieron en el camino. Moises superó su primera maratón con poco tiempo de preparación y gran esfuerzo. Bien hecho

Decepción. Era la sensación que se nos quedó a Jorge y a mí. Jorge hacía su sexta maratón y merecía estar muy cerca de las tres horas. Nos pudo la ilusión y teníamos mejor entrenado el corazón que las piernas. El corazón aguantó pero las piernas no acompañaron.

Dedicatoria. Se nos pasó grabar la dedicatoria de José Hurtado a su entrada en meta. José mejoró sus marcas y sus pensamientos y dedicatoria estaban escritos en ese dedo que se fue a la boca en forma de chupete. Enhorabuena dos niñas como dos soles y una maratón superada con nota. Las zapatillas de Gustavo también corrían con dedicatoria.

Juventud. La que todos querríamos tener para equivocarnos en el ritmo y llegar destrozados por exceso de ímpetu. Joselillo, es tu primera maratón y con lo que te queda por delante puedes equivocarte de ritmo las veces que quieras pues en el momento que menos lo esperemos nos pasas y haces un marcón.

Optimismo. Carmelo no pierde la sonrisa en ningún momento. No hizo mella en su sonrisa ni el adelantamiento de José ni no poder mejorar su marca. Es sencillamente feliz.

Euforia. José Antonio no corrió pero su cara era de satisfacción y euforia por ver el nombre de su empresa, que tantos sudores y disgustos le cuesta, en la camiseta de sus vecinos y amigos.

Y me queda una última sensación que más que sensación es sentimiento. José Carlos, no se me ocurre nada mejor que el AMOR de tus compañeros de equipo para acompañarte en tu particular maratón que empiezas ahora. Estaremos contigo y Nueva York 2010 es la meta.

La muerte tenía un precio

Noticia del Telediario del 25 de febrero.
Algunos estados de EEUU están tramitando una ley para abolir la pena de muerte.
La razón para acabar con esta ley (el ser o no ser de esta ley será tema de otra entrada) no es otra que la económica. Es más caro para el estado un reo con pena de muerte frente a un reo con cadena perpetua. La pena de muerte conlleva tantos trámites previos y gastos añadidos que resulta para el estado más barato condenarlo a cadena perpetua. Y como estamos en tiempos de crisis económica pues a la carcel hasta que se pudra.
Flipo.
La muerte tenía un precio http://www.youtube.com/watch?v=zSlk02Iv4b4

viernes, 6 de febrero de 2009

La sociedad de la intoxicación

Se dice que vivimos en la sociedad de la información. De alguna forma es cierto pero leyendo los titulares de la prensa me atrevo a afirmar que vivimos en la sociedad de la intoxicación.
Prensa dominical del pasado fin de semana. En portada y con fotos a color.

Las Provincias de Valencia:
La manifestación de los sindicatos contra el Consell pincha y apenas reúne 1400 personas.

El Levante de Valencia:
Miles de trabajadores salen a la calle en defensa del empleo.

Ambas noticias llevan la misma foto.
El texto no necesita comentarios, verdad?
Acaso pretenden convencernos de que los que escriben son profesionales de la información.
Les felicito porque han llegado a ser consumados profesionales de la desinformación y la intoxicación.
Si cojo la prensa nacional estoy seguro de encontrar lo mismo.
Spain es asín¡¡¡¡¡¡

jueves, 5 de febrero de 2009

Soy maratoniano

Soy maratoniano, así de rotundo, sencillo y claro.
Nunca antes, creo recordar, lo había dicho de modo tan claro, rápido y sin detenerme a pensarlo.
Estaba en una entrevista cuando me preguntaron si practicaba deporte. De modo espontáneo y sin pensarlo me salió, SOY MARATONIANO
Ahora pensándolo detenidamente y cuando estoy deshojando la margarita de mi próxima participación en la 29 edición de la maratón de Valencia creo y estoy convencido de que me lo he ganado.
He finalizado tres maratones y participado en más de veinte medias.
Aún sin ganas me pongo las zapatillas para salir a correr. Y ahí estoy corriendo, a veces sin más compañía que el sonido de mis zapatillas al golpear el asfalto. Pero las más de las veces corro con mis compañeros de equipo. Y cuando haces balance de los días son esos ratos una de las razones que te hacen creer que todo tiene sentido en esta perra vida y que mañana será también un buen día para salir a correr.
Lo peor que me puede pasar en una reunión con amigos o conocidos es que aparezca por allí otro corredor. A partir de ese momento nos enzarzamos a hablar de carreras, zapatillas y ropa de correr. Podemos pasar horas hablando de lo mismo repasando planes de entrenamiento, series, marcas de zapatillas y alardeando de nuestros, a veces, mejores tiempos en carrera.
Me siento capaz de correr y finalizar una maratón por debajo de las tres horas y media. Y aún cuando no he sido capaz de bajar de las míticas tres horas en maratón no me importa decir SOY MARATONIANO.
Me siento a gusto diciéndolo y hoy lo he podido comprobar cuando me encontraba en una entrevista y me estaban interrogando acerca de mi historial personal y profesional.
Es esta una época de mi vida en la que se necesitan asideros que te mantengan a flote; hoy he encontrado uno que podía aguantar amarrado a un buque de gran tonelaje.
Por tanto lo voy a repetir de nuevo. SOY MARATONIANO

Un bebé

Allí estaba. Y yo contemplaba la escena detrás del cristal del autobús.
Más de doce años que no la veía.
Empujaba un carrito de bebé. Debió ser madre no hace muchos meses.
Su rostro serio. Los años pasan pero la forma de andar y su cabeza alta la delataba. Supongo estaría paseando a su bien más preciado en estos momentos.
Tonos marrones en su ropa. Le gusta el marrón. Los escasos segundos que pude contemplar la escena no me permitieron retener más detalles de su ropa.
Un carrito de bebé azul, de ruedas grandes, clásico y de buen tamaño. Sin duda que un modelo clásico le hace sentirse más cómoda.
Detrás del cristal no supe que hacer y ella no miró hacía el autobús. Me sentí un poco paralizado y si hubiera mirado tampoco me atrevo a predecir mi respuesta.
Unos pocos segundos que se quedan retenidos en la mente y pueden durar una eternidad.
¿Niño o niña?, ¿Me importa?
Una corta escena que remueve viejos sentimientos y más aún cuando nos alcanza en un momento de baja autoestima.
No se si volverá a repetirse el momento y tampoco como reaccionaré.
El tiempo pasa pero los sentimientos no envejecen.