martes 2 de febrero de 2010
Contradicciones
Algo de científico tenía la tarea pues sigo experimentando acerca de la relación entre la inteligencia y el correr. Todavía no he alcanzado conclusiones pero paralelamente no dejo de elucubrar sobre la relación entre el correr y la capacidad de hablar incansablemente. Prometo resultados.
Llegando a casa nos cruzamos con el vecino A. Su imagen sigue grabada en mi mente y no dejo de pensar en el asunto. No hace mucho que se jubiló (a éste no le importa mucho la polémica de la edad de jubilación a los 67) y menos que le diagnosticaron un cáncer de pulmón.
Ha perdido en pocas semanas más de 20 kg y la sensación que ofrecía era la de un alma en pena. Desolador.
Siento mezclar temas tan crudos con otros frívolos pero así es como nos golpea la vida en tan cortos espacios de tiempo.
Pocos días antes un amigo visitó a A. en su domicilio y A. le confesaba que solo pedía unos pocos años más de vida para ver crecer a sus nietos. Al salir del domicilio la mujer de A. con voz entrecortada comunicaba a mi amigo que la “cosa” era cuestión de meses.
Llegando al parquecillo cerca de casa uno de mis compañeros de correría nos comentaba la posibilidad de cruzar la zona de juegos mientras las madres cuidan de sus niños y si hay suerte alguna se agacha y nos enseña el tanga. No hubo suerte pues era un poco temprano y la meteorología no acompañaba. Estas cosas sirven para hacer más llevaderos “los largos” ¿no?
Y pocos metros más allá nos cruzamos con A.
Así es, primero la zanahoria y después el palo. ¡Vaya mierda compañero!
Tengo a mi hijo durmiendo a mi lado mientras escribo y puedo acariciarle. Lloro de alegría.
Noticias inquietantes sobre la salud de familiares cercanos llegan a mis oídos. Joder y además es lunes.
Ahí está la báscula electrónica que acabamos de adquirir. Solo falta que le conecte la batería, meterle datos y ponerme encima. El manual promete darme la masa corporal, el peso, el porcentaje de grasa, mi biotipo y un montón de cosas más. Yo sigo leyendo la letra pequeña del manual porque como insinúe algo acerca de si peso más de la cuenta y me diga que debo adelgazar me lio a leches con la báscula.
Y no puedo quejarme porque viendo la que está cayendo sería un delito hacerlo. E insisto, mi hijo duerme al lado y puedo acariciarlo.
Creo que después de años evitándolo ahora voy a hacerlo. Escribiré sobre mi sobrino Alejandro.
lunes 25 de enero de 2010
7 décimas de segundo
Pero hoy no puedo dejar pasar la oportunidad de narrar lo ocurrido en el partido de baloncesto entre Valencia Basket y Barcelona C.F.
Sábado 23 de enero, 20:00. Faltan 7 décimas de segundo para terminar el partido y el tanteador es 57 59 a favor del Barça.
Víctor Claver saca de fondo en campo del rival. Movimiento continuo de los diez jugadores buscando las mejores posiciones bajo la canasta mientras todos esperamos que haga un pase al pívot bajo la canasta para hacer un tiro rápido o recibir una falta con la que podría empatar el partido siempre y cuando encestara los tiros libres.
Rafa Martínez corre hacia el lateral derecho del campo y recibe la bola a unos siete metros de la canasta. Tal y como recibe la bola flexiona las piernas, salta y lanza antes de que su marcador lo impida. La bola sale de las manos de Rafa y de inmediato suena la sirena que marca el final del partido.
A todos los espectadores se nos corta la respiración durante ese breve espacio de tiempo y parece que el tiempo se para. El corazón late con fuerza y los marcadores se iluminan en rojo porque el partido ha terminado. La bola sigue en el aire y si entra significarán tres puntos en el casillero del equipo Valenciano.
El equipo de la Fonteta había hecho merecimientos suficientes durante todo el partido para ganar al Barça y sería una injusticia no ganar este partido. No es fácil dejar con 59 puntos a un equipo así.
Y la bola entró.
La Fonteta rompe en aplausos, gritos y chillidos de todo tipo.
Hemos ganado al todopoderoso Barça por un ajustado tanteador de 60 a 59.
Después de muchos días oyendo como los noticiarios alababan a los Riki, Navarro, etc.. y en los innumerables records que iban a batir venciendo al rival, ganarle al Barça por tan estrecho margen sabe a gloria.
Amunt Valencia Basket, som els millors.
martes 12 de enero de 2010
V-8528-AH
No sé si llegado el momento le compraré una moto a mi hijo. Pero yo tuve la fortuna (y ahora, pasados los años, puedo decirlo) de que a los 16 años me compraran una moto.
Era una Vespa de 75 cc color naranja. Igual a la de la foto. Todavía al verme amistades de entonces me recuerdan subido a aquella moto con la que me desplazaba a todas partes.
Los años de instituto y los primeros años de facultad pasaron en compañía de la Vespa naranja. Después llegó el R5 de segunda mano y la moto pasó en herencia a mi hermana. Le perdí la pista.
Recuerdos junto a aquella moto tengo para llenar un capazo. Pero hoy voy a aprovechar para traer aquí alguno de ellos y para colgar un par de fotos de una moto prácticamente igual a la mía que encontré paseando por Valencia.
Los que hayan tenido una Vespa sabrán lo sencillo que es cambiar una rueda de la moto. Esa es una de las ventajas de las motos Vespa. Pero con la moto recién comprada pinché. Pardillo en asunto de motos yo y rodeado de un buen grupo de bienintencionados amigos nos pusimos manos a la obra para cambiar la rueda. Un amigo a cada lado de la moto cogieron fuertemente de las estriberas para levantarla y mientras mantenían la moto en el aire aprovechamos para sacar la rueda pinchada y colocar la de repuesto. Jamás he vuelto a ver cambiar una rueda de moto así.
Muchos años sobre aquella moto. Una de las ventajas que ofrece la moto es la posibilidad de desplazarte con facilidad de un lugar a otro. Y uno de mis lugares preferidos para “perderme” era el puerto de Valencia. Es el lugar ideal para quedarte solo y disfrutar de la compañía del mar. Buen contrasentido ¿no?
No he vuelto a tener moto pero la placa de matrícula de aquella moto viaja conmigo:
V-8528-AH
Los Reyes Magos nunca fallan
Me gustó la forma en que los Reyes Magos acaban acertando siempre con los deseos de los niños.
Mi prima pidió para sus hijos (6 y 9 años) que los Reyes trajeran muchos juegos educativos y de mesa.
Los Reyes no fallaron y finalmente se juntó con más de veinte cajas repletas de juegos educativos.
Los dos hermanos fueron al cuarto de juegos para disfrutar de sus nuevos juguetes.
Cuando horas más tarde fueron a ver como los niños disfrutaban de sus nuevos juegos educativos pudieron descubrir la portería de futbol que habían podido montar con las cajas de juegos educativos. El hermano pequeño hacía de portero mientras el otro lanzaba penaltis.
De nuevo los Reyes Magos habían vuelto a acertar.
¿En vuestro caso acertaron?
sábado 2 de enero de 2010
2010
En primer lugar: FELIZ AÑO PARA TODOS
Y como cada vez me encuentro más a gusto con mi blog me gustaría empezar aquí dos secciones que deberían ser fijas en mis relatos:
Listado de buenos propósitos del año 2010
Grandes mentiras del siglo XXI
La finalidad de estas secciones será la de conseguir colaboraciones, siempre desinteresadas, que contribuyan a engrosar esas dos listas.
Vayan aquí algunos ejemplos:
Listado de buenos propósitos del año 2010
- Bajar de peso. Este es un clásico
- Practicar deporte más a menudo. Nunca falla
- No discutir. ¿Y usted cómo llegó a ser tan viejo? No discutiendo. Bahhh……
- Llamar a esos amigos que hace años no vemos. Vale, vale
Grandes mentiras del siglo XXI
- El abre fácil de los alimentos. ¿Es usted capaz de abrir un paquete de café sin derramar parte del contenido siguiendo las instrucciones del “abrefácil”? Imposible
- Correr contribuye a perder peso. JaJaJa
Reitero mis mejores deseos para todos aquellos que se asomen a esta pequeña ventana y los animo a que contribuyan con sus ideas, ocurrencias, chascarrillos, chistecillos, cotilleos, pensamientos, sentimientos o incluso sus silencios. Bienvenidos y venturoso 2010.
ÁNIMO
Ha llovido mucho desde entonces. Mi primera maratón y 21 años cumplidos.
No recuerdo bien la edad pero a los 19 o 20 años empecé a disfrutar de las carreras de larga distancia. Yo era un caso extraño entre amigos y conocidos; me gustaba salir a correr por las carreteras (poca tierra pisaba entonces) por espacio de una hora o más.
Zapatillas para pronadores, cámara de aire, tejido técnico, pulsómetros,… No tenía entonces ni idea de lo que esto significaba (tampoco es que ahora sea un experto). Corría con las primeras zapatillas que compraba y que entraban en mi exiguo poder adquisitivo. Tiendas de “runners”. Jamás oí hablar de esto.
¿Planes de entrenamiento? Sencillo, Correr hasta cansarme.
No recuerdo cómo pero acabé inscrito en la 4ª edición de la maratón de Valencia. 19 de febrero de 1984.
Tampoco recuerdo cómo la preparé. Creo recordar que semanas antes de la carrera fui un par de veces y volví al Saler de Valencia para probar las sensaciones de correr durante más de dos horas seguidas. Entonces los entrenamientos se basaban en correr en la Alameda de Valencia de fuente a fuente que sabíamos era un kilómetro exacto. No recuerdo más detalles.
La grandeza de la maratón es que a pesar del tiempo pasado las sensaciones recibidas durante la carrera las tengo todavía frescas. Y aquí están.
Sobre mi indumentaria no hay más que ver la foto. Camiseta de algodón amarilla de manga corta y con cartel de Nike delante para más señas. Pantalón corto de jugar al baloncesto. (recordad los pantalones que usaba Epi y Fernando Martín. Nada que ver con las bermudas hasta los tobillos que usan ahora en las canchas de baloncesto) Calcetines de jugar al tenis y zapatillas Spalding. ¿Cómo llegarían aquellas zapatillas a mi?
De los primeros kilómetros tengo pocos recuerdos pero sobre el kilómetro veinte mientras corría por carreteras estrechas que cruzaban la Albufera de Valencia me encontré en un estado de euforia tal que abandoné el grupo al que acompañaba y me puse a tirar con fuerza dejando la comodidad del grupo. Poco más tarde corriendo por los caminos de asfalto que cruzaban el Saler llegó “el tío del mazo”. Se me subieron los gemelos y en el avituallamiento del kilómetro treinta me paré a comerme una naranja pues no podía correr más. Anduve un tiempo hasta que a duras penas reanudé la carrera y en un calvario de andar y correr llegué a los primeros barrios de Valencia. Nazaret primero y más tarde al llegar a la calle Jacinto Benavente con los ánimos del poco público de las calles me envalentoné para hacer una entrada triunfal en la Alameda.
Finalicé la carrera muy feliz. 3h 30’ Mis padres me esperaban en meta y de allí nos fuimos a tomar unas tapas en un tasca cerca de la calle La Barraca.
Desgraciadamente en los sucesivos años no seguí practicando la carrera de larga distancia de forma asidua. Pero esto será motivo de otra entrada.
Correr aquella carrera valió la pena y el esfuerzo. No hay duda.
lunes 14 de diciembre de 2009
Berenguer Mallol
Me felicito por haber tenido la fortuna de conocer a los que me empujaron a abrir este blog.
Y lo compruebo ahora que repaso las entradas antiguas.
Sin quererlo llevo un año relatando un pedacito de mi historia personal. Interesante sin duda.
Este preámbulo sirve para introducir un relato que cuente algunos de mis recuerdos vividos en casa de mis “yayos” en la calle Berenguer Mallol de Valencia. Ahora todavía los tengo relativamente frescos en mi memoria y mañana Dios sabe.
La casa estaba en un segundo piso sin ascensor y con unas escaleras muy estrechas.
La casa tenía un estrecho balcón delante pero una sensacional galería semicerrada en la parte de atrás donde discurría la mayor parte de la vida diaria gracias al benigno clima de Valencia.
Se me agolpan cientos de anécdotas y pequeños recuerdos que quisiera traer aquí:
La coca de llanda de mi yaya, el codonyat dolç, el boxeaoret, el sifón, el comú, el olor dulzón de mi abuela, la paz y el sosiego en la mirada de mi abuelo, …
Pero el recuerdo que hoy quiero plasmar es mi afición a construir barcos con trocitos de madera y tachuelas que mi abuelo, ebanista de profesión, me proporcionaba.
En un altillo de la galería había cientos de tablillas que yo siempre reclamaba para ampliar la flota. Las más anchas servían para la pista de aterrizaje de los portaviones y con el resto me las iba ingeniando para componer la flota con barcos de todos los tamaños.
En el suelo de la galería disponía la flota preparada para recibir al enemigo y librar la batalla naval pertinente. Mientras los barcos iban ocupando cada vez más espacio de la galería mi abuelo me observaba sentado en una silla de enea. Sus consejos a la hora de construir la flota eran siempre bien recibidos, si bien su mayor preocupación era evitar que me diera un martillazo en el dedo.
El recuerdo es vago pero debieron ser muchas las horas dedicadas a la flota naval bajo el amor que desparramaban mis abuelos sobre mí.
Mi padre es hijo único y yo el primer nieto. Es fácil entender que yo era el rey allí.
Berenguer Mallol es el nombre de la calle. Un calle de barrio, clásica y como de las que ahora es difícil de disfrutar.
En la esquina estaba la ferretería, La Estrella. En la esquina opuesta la tienda de tejidos de punto y mercería. En la acera de enfrente estaba la panadería y la bodega donde comprábamos el vino a granel y los sifones.
Tiendas de barrio todas ellas donde al entrar me reconocían como el nieto de la Sra. Consuelo.
Pedacitos de historia que componen mi historia personal.