Este ha sido uno de los libros que he leído este verano.
Tal vez no esté capacitado para enjuiciar los valores literarios de este libro pero no cabe duda que esta obra ha logrado conmoverme.
Mientras leía este libro una sensación de tristeza, desasosiego y rabia me envolvía. Por un lado no quería seguir leyendo y por otro lado esperaba el hueco entre los quehaceres diarios para leer.
Siguiendo mi costumbre, no he visto y no tengo intención de ver la película adaptación de este libro. Pero quienes la han visto me comentan que también la película logra reflejar esta sensación.
Parece ser que el libro es autobiográfico y se desarrolla en la Irlanda industrial de principios de siglo XX.
La crudeza de lo relatado y el hecho de ser autobiográfica hace todavía más dura la historia.
El gris del cielo, la suciedad, el hambre, los harapos y la lucha por subsistir son los ingredientes de la novela.
No voy a contar el libro pero si aprovechar para recomendar su lectura.
jueves 5 de noviembre de 2009
sábado 17 de octubre de 2009
Desvaríos sin sentido
Corro, salto y me zambullo.
En el interior del agua agito mis pies de modo convulsivo intentando alcanzar el fondo que no puedo ver y mis pulmones creo van a estallar. Es hora de retornar a la agitada superficie del mar.
Dicen que un resumen de tu vida puede pasar en imágenes por tu mente. El tiempo se detiene y puedes ver tu cuerpo mientras tu mente flota por encima. ¿Chorradas o será verdad?
Estoy soñando o es que finalmente tomé la decisión de no alcanzar la superficie. Si, ahí está y la puedo tocar.
Olas que agitan fuertemente todo lo que por allí flota. Flotar, flota todo lo que no se hunde y lo que no se quiere hundir pues aunque flote si no tienes el ánimo suficiente acabas hundiéndote en la profundidad sin solución de continuidad.
Y es que la mente es frágil a pesar de ser capaces de construir los ingenios mecánicos más inverosímiles. Algún día el mundo científico se decidirá por explorar esa fragilidad para robustecer nuestra primigenia debilidad de mente.
Franco Batiato ya cantaba los enigmas espaciotemporales que nos cercaban y todo quedaba resumido en una frase de otra de sus canciones. Cucurrucucu paloma.
Tonto me dirás pero tonto es aquel que piensa que no lo es pues de injusticias está lleno el mundo y tú no lo vas a remediar. Hartos estamos de redentores del mundo y muchos más que saldrán. Dios me libre. Y con la iglesia hemos topado. A mi la legión. Legión de idiotas la que nos gobierna y yo tampoco lo voy a remediar.
Vueltas y vueltas que le puedes dar y el sentido no lo vas a encontrar. En ocasiones la vida transcurre sin sentido y tú no puedes fallar.
Ay, ahí hay confusión.
En el interior del agua agito mis pies de modo convulsivo intentando alcanzar el fondo que no puedo ver y mis pulmones creo van a estallar. Es hora de retornar a la agitada superficie del mar.
Dicen que un resumen de tu vida puede pasar en imágenes por tu mente. El tiempo se detiene y puedes ver tu cuerpo mientras tu mente flota por encima. ¿Chorradas o será verdad?
Estoy soñando o es que finalmente tomé la decisión de no alcanzar la superficie. Si, ahí está y la puedo tocar.
Olas que agitan fuertemente todo lo que por allí flota. Flotar, flota todo lo que no se hunde y lo que no se quiere hundir pues aunque flote si no tienes el ánimo suficiente acabas hundiéndote en la profundidad sin solución de continuidad.
Y es que la mente es frágil a pesar de ser capaces de construir los ingenios mecánicos más inverosímiles. Algún día el mundo científico se decidirá por explorar esa fragilidad para robustecer nuestra primigenia debilidad de mente.
Franco Batiato ya cantaba los enigmas espaciotemporales que nos cercaban y todo quedaba resumido en una frase de otra de sus canciones. Cucurrucucu paloma.
Tonto me dirás pero tonto es aquel que piensa que no lo es pues de injusticias está lleno el mundo y tú no lo vas a remediar. Hartos estamos de redentores del mundo y muchos más que saldrán. Dios me libre. Y con la iglesia hemos topado. A mi la legión. Legión de idiotas la que nos gobierna y yo tampoco lo voy a remediar.
Vueltas y vueltas que le puedes dar y el sentido no lo vas a encontrar. En ocasiones la vida transcurre sin sentido y tú no puedes fallar.
Ay, ahí hay confusión.
La Gran Manzana de nuevo
Como si de una premonición se tratara, (por estas mismas fechas hice una entrada en este blog sobre un hipotético viaje a NY) este mes de agosto pasado “pensat i fet”, reservamos billetes, endosamos “el niño” a mis padres y mi mujer y yo nos plantamos con las maletas en el aeropuerto de Valencia para iniciar el viaje a Nueva York. Manhattan para ser más exactos pues el estado de NY tiene cinco condados y el viaje se centró en la isla de Manhattan.
Valencia, Madrid y Madrid, NY. Muchas horas de viaje pero un buen libro (Las cenizas de Angela), mi facilidad para dormir en los aviones y el reto de intentar comerse la comida del avión sin tirar la mitad de los recipientes al suelo consiguieron que todo fuera llevadero.
La primera impresión fue algo decepcionante porque todo era como había imaginado y, más aun, escrito sobre ello. Pero, sin duda, puedo decir que NY acabó atrapándome.
Elegimos el hotel Paramount que afortunadamente estaba muy bien situado junto a la Avd. Broadway y rodeado de los teatros de los archiconocidos musicales: El Fantasma de la Opera, West Side Story, La Sirenita,.....
Curiosamente junto al hotel estaba situada la sede de la iglesia de la cienciología.
El hotel sencillito pues las tres estrellas de un hotel español nada tienen que ver con este hotel con armarios de casa de muñecas.
Llegamos al hotel y para intentar adaptarnos cuanto antes al nuevo horario salimos a pasear. Callejeando por la sexta avenida acabamos en Central Park. Aquí acaba la maratón de NY; lo digo para ir calentando motores.
Primer día completo en NY y para situarnos reservamos una excursión en bus guiada que nos enseña y sitúa los lugares más emblemáticos del Alto y Bajo Manhattan.
Tras la excursión nos quedan por delante cinco días de andar y andar, visitando y descubriendo los puntos de interés de la ciudad.
No voy a detallar todo lo que visitamos pues es lo mismo que puede aparecer en cualquier guía de la ciudad. Si voy a describir las sensaciones del viaje que, a buen seguro, siempre me acompañarán.
Si comparamos NY a las modernas ciudades españolas nos quedaríamos con la sensación de que NY es una ciudad vieja. Obras de remodelación y mantenimiento por todas partes. Para que esta ciudad siga funcionando las 24 horas son necesarios arreglos continuos.
Pero la ciudad sorprende por su limpieza y civismo.
Es difícil encontrar un papel o colilla en el suelo a pesar del movimiento continuo de personas en la calle.
Se puede comer todo tipo de comida las 24 horas del día y no solo los famosos hot dogs. Existe, por ejemplo, una cadena de establecimientos que te permiten comer ensaladas variadas y saludables hechas al instante con ingredientes frescos.
Existen edificios altos, muy altos, pero hasta que no te paras, los contemplas y cuentas los pisos no te das cuenta de la magnitud de los mismos. Tras varios días paseando me entretuve contando las alturas y me sorprendía al descubrir que los edificios que no eran los más altos alcanzaban en su mayoría los 40 pisos. Por tanto el edificio de la Torre de Francia sería allí un edificio bastante vulgar en cuanto a altura.
Fracaso estrepitoso de mis conocimientos de inglés. Cuando más me esforzaba en ligar frases en inglés más rápidamente recibía la desmoralizante respuesta de “yo también hablo español”. Leches¡¡, ¿tanto se me nota?
En todo momento nos acompañó una agradable sensación de seguridad. La pinta que llevábamos era inequívocamente de turistas. Cámara al cuello, pantalón corto, deportivas, bolsas con anagramas de los centros comerciales... Podríamos ser blanco fácil de cacos y carteristas. Nunca tuve sensación inseguridad.
Bajamos al metro y tampoco perdí la sensación de seguridad.
Cierto es que evitamos las zonas potencialmente peligrosas. No hay que tentar la suerte.
Existe presencia policial en todo momento pero no es agobiante. Agobiante es la persecución que ejercen los policías de tráfico sobre los conductores.
Quedarte atascado en un cruce con el coche es motivo suficiente para que a parezca a la carrera un policía municipal de tráfico para ponerte una multa. Lo hacen con rapidez y eficiencia pues con un dispositivo lector de código de barras identifican la pegatina con datos que los coches llevan en el parabrisas e inmediatamente es transmitida la multa vía telemática a tu domicilio y cuenta de banco. A ver quien tiene narices de aparcar en doble fila. Como por aquí ¿verdad?
A visitar Central Park le dedicamos bastante tiempo. Pero tiene tanto que ver que supongo que se necesitan muchas visitas para destapar sus secretos. Debo confesar que no me puse las zapatillas para correr por allí. Ahora me arrepiento.
Es un verdadero pulmón para la ciudad y sus ciudadanos. Un espacio como ese entre tantos rascacielos es un buen lugar para recargar las baterías del cuerpo y del alma.
Nos comentaban las guías la situación de las viviendas de los más ricos con vistas al parque. No son tontos. El dinero no te da la felicidad pero te ayuda a sobrellevar la tristeza de no ser feliz.
Muchas más sensaciones y experiencias me acompañaron en el viaje de vuelta pero será en otras entradas donde podré ir destilándolas.
Viaje de vuelta sin grandes sobresaltos a excepción de las cinco horas de espera que nos “regaló” Iberia en el aeropuerto de Barajas.
Viajar, viajar y viajar.
Valencia, Madrid y Madrid, NY. Muchas horas de viaje pero un buen libro (Las cenizas de Angela), mi facilidad para dormir en los aviones y el reto de intentar comerse la comida del avión sin tirar la mitad de los recipientes al suelo consiguieron que todo fuera llevadero.
La primera impresión fue algo decepcionante porque todo era como había imaginado y, más aun, escrito sobre ello. Pero, sin duda, puedo decir que NY acabó atrapándome.
Elegimos el hotel Paramount que afortunadamente estaba muy bien situado junto a la Avd. Broadway y rodeado de los teatros de los archiconocidos musicales: El Fantasma de la Opera, West Side Story, La Sirenita,.....
Curiosamente junto al hotel estaba situada la sede de la iglesia de la cienciología.
El hotel sencillito pues las tres estrellas de un hotel español nada tienen que ver con este hotel con armarios de casa de muñecas.
Llegamos al hotel y para intentar adaptarnos cuanto antes al nuevo horario salimos a pasear. Callejeando por la sexta avenida acabamos en Central Park. Aquí acaba la maratón de NY; lo digo para ir calentando motores.
Primer día completo en NY y para situarnos reservamos una excursión en bus guiada que nos enseña y sitúa los lugares más emblemáticos del Alto y Bajo Manhattan.
Tras la excursión nos quedan por delante cinco días de andar y andar, visitando y descubriendo los puntos de interés de la ciudad.
No voy a detallar todo lo que visitamos pues es lo mismo que puede aparecer en cualquier guía de la ciudad. Si voy a describir las sensaciones del viaje que, a buen seguro, siempre me acompañarán.
Si comparamos NY a las modernas ciudades españolas nos quedaríamos con la sensación de que NY es una ciudad vieja. Obras de remodelación y mantenimiento por todas partes. Para que esta ciudad siga funcionando las 24 horas son necesarios arreglos continuos.
Pero la ciudad sorprende por su limpieza y civismo.
Es difícil encontrar un papel o colilla en el suelo a pesar del movimiento continuo de personas en la calle.
Se puede comer todo tipo de comida las 24 horas del día y no solo los famosos hot dogs. Existe, por ejemplo, una cadena de establecimientos que te permiten comer ensaladas variadas y saludables hechas al instante con ingredientes frescos.
Existen edificios altos, muy altos, pero hasta que no te paras, los contemplas y cuentas los pisos no te das cuenta de la magnitud de los mismos. Tras varios días paseando me entretuve contando las alturas y me sorprendía al descubrir que los edificios que no eran los más altos alcanzaban en su mayoría los 40 pisos. Por tanto el edificio de la Torre de Francia sería allí un edificio bastante vulgar en cuanto a altura.
Fracaso estrepitoso de mis conocimientos de inglés. Cuando más me esforzaba en ligar frases en inglés más rápidamente recibía la desmoralizante respuesta de “yo también hablo español”. Leches¡¡, ¿tanto se me nota?
En todo momento nos acompañó una agradable sensación de seguridad. La pinta que llevábamos era inequívocamente de turistas. Cámara al cuello, pantalón corto, deportivas, bolsas con anagramas de los centros comerciales... Podríamos ser blanco fácil de cacos y carteristas. Nunca tuve sensación inseguridad.
Bajamos al metro y tampoco perdí la sensación de seguridad.
Cierto es que evitamos las zonas potencialmente peligrosas. No hay que tentar la suerte.
Existe presencia policial en todo momento pero no es agobiante. Agobiante es la persecución que ejercen los policías de tráfico sobre los conductores.
Quedarte atascado en un cruce con el coche es motivo suficiente para que a parezca a la carrera un policía municipal de tráfico para ponerte una multa. Lo hacen con rapidez y eficiencia pues con un dispositivo lector de código de barras identifican la pegatina con datos que los coches llevan en el parabrisas e inmediatamente es transmitida la multa vía telemática a tu domicilio y cuenta de banco. A ver quien tiene narices de aparcar en doble fila. Como por aquí ¿verdad?
A visitar Central Park le dedicamos bastante tiempo. Pero tiene tanto que ver que supongo que se necesitan muchas visitas para destapar sus secretos. Debo confesar que no me puse las zapatillas para correr por allí. Ahora me arrepiento.
Es un verdadero pulmón para la ciudad y sus ciudadanos. Un espacio como ese entre tantos rascacielos es un buen lugar para recargar las baterías del cuerpo y del alma.
Nos comentaban las guías la situación de las viviendas de los más ricos con vistas al parque. No son tontos. El dinero no te da la felicidad pero te ayuda a sobrellevar la tristeza de no ser feliz.
Muchas más sensaciones y experiencias me acompañaron en el viaje de vuelta pero será en otras entradas donde podré ir destilándolas.
Viaje de vuelta sin grandes sobresaltos a excepción de las cinco horas de espera que nos “regaló” Iberia en el aeropuerto de Barajas.
Viajar, viajar y viajar.
sábado 26 de septiembre de 2009
Así nos ven
Lo imaginaba y hace unos meses pude comprobarlo. Los tópicos son ciertos.
Media maratón del Puerto de Sagunto. Km. 5, siento un agudo pinchazo en el soleo de la pierna izquierda. Por prudencia y puesto que mi intención no era disputar la prueba a tope decido retirarme. Me dirijo al coche, me pongo ropa seca y me voy a meta para ver como llegan mis compañeros del asfalto.
Es la primera vez que estoy en meta esperando la llegada de mis compañeros. En total somos quince climaturios.
Estoy a unos veinte metros de la pancarta de meta rodeado de público de todas las edades que se agolpa interesado por la llegada de los primeros clasificados.
Y aquí llega mi sorpresa. Los comentarios del público que me rodea y que merecen ser esculpidos en mármol.
Un caballero, sobre los cincuenta años de edad, bajito y con bigote le dice a su acompañante:
- El secreto de estos que corren tanto, refiriéndose a los norteafricanos que llegan en los primeros lugares, es no beber durante la carrera.
Tomaremos nota para próximas carreras. Digo
Pero no contento con ello y para reafirmar sus conocimientos atléticos deja caer otro comentario.
- Estos, sin dejar de referirse a los norteafricanos, se entrenan en el desierto persiguiendo animales para poder comer.
Tomemos nota de nuevo a ver si dejamos las malditas series y adoptamos sistemas de entrenamiento modernos.
Creedme que el personaje hablaba totalmente en serio.
A mi izquierda una mujer orgullosa comentaba a sus amigas.
- Mi marido es de los mejores y seguro que llega por debajo de 1h30
Finalmente llegó el marido en 1h34.
Supongo que los corredores somos como los pescadores y las piezas capturadas nos parecen veinte centímetros más largas.
Yo no sabía donde fijar mi atención. ¿En los corredores o en el público?
Recomiendo la experiencia. Es otra forma de disfrutar las carreras. Hubo muchos más comentarios que aquí no voy a reproducir.
Conclusión. Sigamos corriendo pero no intentemos explicar porqué corremos pues no nos van a entender.
Media maratón del Puerto de Sagunto. Km. 5, siento un agudo pinchazo en el soleo de la pierna izquierda. Por prudencia y puesto que mi intención no era disputar la prueba a tope decido retirarme. Me dirijo al coche, me pongo ropa seca y me voy a meta para ver como llegan mis compañeros del asfalto.
Es la primera vez que estoy en meta esperando la llegada de mis compañeros. En total somos quince climaturios.
Estoy a unos veinte metros de la pancarta de meta rodeado de público de todas las edades que se agolpa interesado por la llegada de los primeros clasificados.
Y aquí llega mi sorpresa. Los comentarios del público que me rodea y que merecen ser esculpidos en mármol.
Un caballero, sobre los cincuenta años de edad, bajito y con bigote le dice a su acompañante:
- El secreto de estos que corren tanto, refiriéndose a los norteafricanos que llegan en los primeros lugares, es no beber durante la carrera.
Tomaremos nota para próximas carreras. Digo
Pero no contento con ello y para reafirmar sus conocimientos atléticos deja caer otro comentario.
- Estos, sin dejar de referirse a los norteafricanos, se entrenan en el desierto persiguiendo animales para poder comer.
Tomemos nota de nuevo a ver si dejamos las malditas series y adoptamos sistemas de entrenamiento modernos.
Creedme que el personaje hablaba totalmente en serio.
A mi izquierda una mujer orgullosa comentaba a sus amigas.
- Mi marido es de los mejores y seguro que llega por debajo de 1h30
Finalmente llegó el marido en 1h34.
Supongo que los corredores somos como los pescadores y las piezas capturadas nos parecen veinte centímetros más largas.
Yo no sabía donde fijar mi atención. ¿En los corredores o en el público?
Recomiendo la experiencia. Es otra forma de disfrutar las carreras. Hubo muchos más comentarios que aquí no voy a reproducir.
Conclusión. Sigamos corriendo pero no intentemos explicar porqué corremos pues no nos van a entender.
sábado 5 de septiembre de 2009
BOUJDOUR
El nombre de esta pequeña ciudad situada en la costa oeste del continente africano, antes llamado Sahara occidental, es poco conocida pero posee especial significado para mi.
Situada en la costa sahariana entre El Aiun y Dackla. Y decir entre es muy atrevido pues entre estas ciudades hay más de 500 km.
Circunstancias y avatares variados me llevaron, junto a dos socios, a verme envuelto en la creación de una empresa de congelación de pescado y marisco y su distribución en Valencia.
Boujdour era la población donde levantamos la factoría por estar muy bien situada para la captación del pescado, sepia y calamar principalmente, de los puertos saharianos del antiguamente conocido como Sahara español.
Boujdour es una ciudad costera con un pequeño puerto donde cada día llegan barcas dedicadas a la pesca artesanal y rodeada por el desierto. El desierto que rodea a esta pequeña ciudad no se parece a la idea de desierto que tenía antes de llegar allí. El desierto allí es un terreno árido, pedregoso y lleno de matorrales bajos. Y para completar el paisaje no faltan manadas de camellos vagando por allí.
La carretera que llega desde El Aiun es una franja de asfalto rectilíneo paralela a la costa atlántica, de un carril de anchura y que se pierde en el horizonte.
Por fortuna hice algunas fotos que podré escanear y que a buen seguro ilustrarán lo que relato.
Allí estábamos tres españoles perdidos en aquel pueblo del Sahara Occidental intentando montar la empresa de congelación.
No entro en detalles ahora de lo que significa instalar una factoría de congelación de pescado en un pueblo donde lo más próximo al frío es la nevera del bar del pueblo. Se compra allí la carne, el pescado y la verdura para el consumo diario pues no existen medios de conservación más allá de la salazón o el secado al sol.
La imagen que quiero traer aquí es la mía sentado en una silla al caer la tarde leyendo. Como hago en cada viaje me acompaño de un libro y en este caso era “La tabla de Flandes” de Arturo Pérez Reverte. Un poco más allá de mi silla estaba como cada día sentado en el suelo un joven marroquí cuya función en la empresa era ayudar durante el día a los obreros y después actuar de vigilante de la factoría durmiendo en un rincón de la sala por la noche.
Como cada día yo leía y el joven me miraba sin apartar la vista de mi, preocupado en todo momento de que el vaso de té que tenía a mi lado no estuviera nunca vacío hasta que me cansaba y salíamos a pasear por la calle central de Boujdour.
Finalmente pude entablar una dificultosa charla con aquel joven para intentar averiguar por qué se quedaba allí mirándome con tanta atención cada tarde. El francés del joven era rudimentario y mi conocimiento del árabe nulo.
Su contestación fue qué estaba sorprendido e intrigado por entender que podía poner en aquel libro para mantener mi atención fija en aquellas páginas cada tarde a la misma hora. No quería que me despistara y por tanto estaba siempre atento para tener mi vaso de té siempre lleno.
Los días de vacaciones que pedí en mi empresa para poner en marcha aquella empresa se acabaron y volvimos a Valencia.
El asunto de la empresa no acabó bien, pero hoy me pregunto si fui capaz de explicarle a aquel joven lo que se puede esconder en las páginas de un libro.
Situada en la costa sahariana entre El Aiun y Dackla. Y decir entre es muy atrevido pues entre estas ciudades hay más de 500 km.
Circunstancias y avatares variados me llevaron, junto a dos socios, a verme envuelto en la creación de una empresa de congelación de pescado y marisco y su distribución en Valencia.
Boujdour era la población donde levantamos la factoría por estar muy bien situada para la captación del pescado, sepia y calamar principalmente, de los puertos saharianos del antiguamente conocido como Sahara español.
Boujdour es una ciudad costera con un pequeño puerto donde cada día llegan barcas dedicadas a la pesca artesanal y rodeada por el desierto. El desierto que rodea a esta pequeña ciudad no se parece a la idea de desierto que tenía antes de llegar allí. El desierto allí es un terreno árido, pedregoso y lleno de matorrales bajos. Y para completar el paisaje no faltan manadas de camellos vagando por allí.
La carretera que llega desde El Aiun es una franja de asfalto rectilíneo paralela a la costa atlántica, de un carril de anchura y que se pierde en el horizonte.
Por fortuna hice algunas fotos que podré escanear y que a buen seguro ilustrarán lo que relato.
Allí estábamos tres españoles perdidos en aquel pueblo del Sahara Occidental intentando montar la empresa de congelación.
No entro en detalles ahora de lo que significa instalar una factoría de congelación de pescado en un pueblo donde lo más próximo al frío es la nevera del bar del pueblo. Se compra allí la carne, el pescado y la verdura para el consumo diario pues no existen medios de conservación más allá de la salazón o el secado al sol.
La imagen que quiero traer aquí es la mía sentado en una silla al caer la tarde leyendo. Como hago en cada viaje me acompaño de un libro y en este caso era “La tabla de Flandes” de Arturo Pérez Reverte. Un poco más allá de mi silla estaba como cada día sentado en el suelo un joven marroquí cuya función en la empresa era ayudar durante el día a los obreros y después actuar de vigilante de la factoría durmiendo en un rincón de la sala por la noche.
Como cada día yo leía y el joven me miraba sin apartar la vista de mi, preocupado en todo momento de que el vaso de té que tenía a mi lado no estuviera nunca vacío hasta que me cansaba y salíamos a pasear por la calle central de Boujdour.
Finalmente pude entablar una dificultosa charla con aquel joven para intentar averiguar por qué se quedaba allí mirándome con tanta atención cada tarde. El francés del joven era rudimentario y mi conocimiento del árabe nulo.
Su contestación fue qué estaba sorprendido e intrigado por entender que podía poner en aquel libro para mantener mi atención fija en aquellas páginas cada tarde a la misma hora. No quería que me despistara y por tanto estaba siempre atento para tener mi vaso de té siempre lleno.
Los días de vacaciones que pedí en mi empresa para poner en marcha aquella empresa se acabaron y volvimos a Valencia.
El asunto de la empresa no acabó bien, pero hoy me pregunto si fui capaz de explicarle a aquel joven lo que se puede esconder en las páginas de un libro.
domingo 2 de agosto de 2009
Travesía y Enganche
Una larga travesía.
Allá para principios del mes de junio de 2008 dejé mi anterior empleo. Jamás sabré si entonces tomé la mejor decisión y no se puede vivir con permanentes “pudo ser” (me gustó esto cuando se lo leí a mi amigo Charlie). La mejor decisión es la que se toma y adelante con todas las consecuencias.
Comencé una larga travesía hasta el mes de marzo de 2009. Ahora desde la distancia y pasados cuatro meses desde el inicio de mi nueva etapa laboral todo se matiza y la recuerdo como corta e intensa.
Corta porque muy pronto se me vino encima julio y agosto donde la actividad laboral se paraliza y en mi entorno todos pensábamos en las vacaciones. Mi hijo de vacaciones y yo aproveché para ejercer de padre de modo muy intenso. No se si con los años mi hijo lo apreciará pero esos meses los aproveché para estar muy cerca de él.
Mes de Junio de 2008. Un martes cualquiera a las 11 de la mañana. Allá iba yo con mi hijo al Bioparc mientras la mayoría de los mortales estaba trabajando. Cuatro gatos en el parque. Podías pararte en todos los puntos del parque sin agobios ni empujones. Y para rematar una hamburguesa en el BurgerKing con sus aceitosas patatas mientras el ketchup se te escurre entre los dedos. Memorable día.
Y luego algunos pedantillos dicen que no sabrían que hacer con tiempo libre y sin trabajo fijo.
Intensa. A partir de septiembre de 2008 empezó una etapa intensa en muchos aspectos.
A las nueve de la mañana de cada día salían de casa mi mujer y mi hijo y era cuando tomaba verdadera conciencia de mi estado de “desempleado”.
Desde el primer momento opté por la opción de moverme sin desestimar ningún camino y exploré cualquier opción de empleo que se me presentaba sin dejar de lado la oportunidad de ampliar mi formación.
Tuve momentos de desesperación, claro, pero se quedaban circunscritos a los periodos en los que me encontraba solo en casa, de modo que después de tres gritos de rabia y una salida a correr al mediodía podía ofrecer una imagen de serenidad y seguridad.
Una empresa de recolocación (outplacement) que era parte de mi indemnización por despido estuvo a mi lado en los difíciles primeros meses. Algunos aspectos de la labor de estas empresas son muy cuestionables, pero siendo justo debo decir que me apoyaron mucho en el aspecto de explorar mis valores como empleado y me aportaron una importante seguridad a la hora de afrontar las entrevistas de trabajo. Recuerdo sentir cierta ansiedad por pasar entrevistas y enfrentarme a los representantes de los RRHH de las empresas con las que me entrevisté. Otro día debería escribir sobre los personajes que me entrevistaron y las tonterías que se podían oír en las entrevistas. Mucho impresentable anda suelto por ahí.
Si me dan más tiempo me podía convertir en un profesional de las entrevistas y montar una consultora para asesorar en este campo.
Estaba oficialmente desocupado pero los días se me hacían cortos pues eran muchos frentes los que tenía abiertos. Recibía clases de inglés, peinaba las webs de empleo más importantes, escribía CV espontáneos a docenas de empresas, visitaba a mis tutoras en la empresa de recolocación y en la universidad (ADEIT), llamaba a infinidad de puertas de amigos y conocidos para encontrar pistas de ofertas de empleo,...... Podía abrir un capítulo sobre el comportamiento de los amigos y conocidos cuando te presentas frente a ellos “pidiendo”.
Y volvía a tener momentos de desesperación. Y de alegría al ver la respuesta de los verdaderos amigos y “conocidos”. Me sorprendió gratamente la respuesta de algunos conocidos y desde aquí vaya mi más sincero agradecimiento.
Hago aquí un inciso para recordar cierta sensación de soledad y comportamiento antisocial que se crea en un desempleado. Sientes cierta aversión a cruzarte con conocidos, amigos y vecinos pues estás harto de tener que dar explicaciones sobre como te marchan las cosas y los problemas económicos del país. La gente al verte y saber que estás desempleado se creen en la obligación de repasarte la cantidad de amigos y familiares suyos que están en paro o pasando por graves problemas en su empresa. Malditas las ganas que tenía de oír historias de ese tipo. En esos momentos lo que realmente esperas son comentarios de cualquier otro tipo y si son sobre tías con tetas grandes y hermosos culos mejor.
Noviembre fue un buen mes de entrevistas. A pesar de la crisis me entrevisté con varias empresas que me dieron serias esperanzas de poder empezar una nueva etapa laboral con ellos.
Enero y un nuevo año 2009. Impar y a mi no me gustan los números impares. Las empresas empiezan a notar la gravedad de la crisis que nos afecta cada vez con mayor nvirulencia y donde había recibido serias oportunidades de empleo, eran ahora catálogos de excusas acerca de lo mal que está la economía mundial y que cualquier decisión de incorporar empleados quedaba congelada. Jarro de agua fría y por primera vez empezaba a contar los meses y contemplar la posibilidad de que algún día se acabaría el paro aunque tenía dos años por delante. Por primera vez empezaba a ponerme nervioso.
Tras el susto del mes de enero parece que en febrero y marzo se activó el empleo y recibí nuevas citas para entrevistas. Subidón de la autoestima y a visitar tiendas de ropa para renovar trajes y corbatas de entretiempo. El uniforme de entrevistado es importante.
Marzo y bingo. Oferta de empleo y a empezar a trabajar ya.
Reaccioné con serenidad, no me dejé llevar por la euforia pero se me dibujó una sonrisa en la cara que no había forma de borrar.
Varios amigos me avisaron de que cuando me llegara la oportunidad de empleo no vendría sola. Y así fue. No me podía estar pasando eso a mi. Tras casi nueve meses buscando empleo ahora tenía que elegir entre dos. Para habernos “matao”.
Aproveché las vacaciones de fallas para visitar Logroño y alrededores con la familia y así intentar contemplar la situación desde la distancia buscando respuestas. Como es de suponer volví más confuso que al partir y nervioso por saber lo que me esperaba en mi nueva empresa.
Enganche.
Sin haber resuelto mis dudas interiores y sin saber en toda su extensión donde me metía y para qué, el 23 de marzo tomaba posesión de mi nuevo puesto de trabajo.
Recuerdo aquí una palabras que me escribió Garraty sobre la dificultad de los inicios y lo duro que se hace volver a demostrar algo que anteriormente habías superado tras años de esfuerzo y trabajo duro.
Las primeras semanas fueron especialmente complicadas. Todo era nuevo para mi y además no llegaba a entender lo que se esperaba de mi. Aún hoy en día tampoco lo tengo completamente claro pero al menos la situación la tengo más controlada.
Una empresa con casi 500 trabajadores, una fábrica trabajando a tres turnos (M,T,N) y unos crecimientos anuales entre el 20 y el 50% es difícil de controlar y mucho más entenderla y subirse al tren. Si a ello le sumamos la existencia de un personaje peculiar como jefe crean un panorama complicado de sobrellevar.
Mi blog se ha llenado de tela de arañas y mis piernas han olvidado las largas y exigentes kilometradas. Mi báscula se carcajea de las lorzas que cuelgan en mis costados y para rematarlo algún climaturio llega a escuchar el retumbar de mis pasos sobre el “jamonero” mientras lo cruzo.
No se si es lo lógico pero no he sido capaz de dar más.
Creo estar enganchado a mi nueva etapa aunque sea con alfileres y ahora espero las vacaciones para reposar lo sucedido en los últimos meses y empezar con renovadas energías en septiembre.
Y además espero recuperar las energías de mis piernas lo suficiente como para agarrarme con uñas y dientes al equipo A de la carrera de los “árboles y castillos”. Pienso dar mucha guerra.
Allá para principios del mes de junio de 2008 dejé mi anterior empleo. Jamás sabré si entonces tomé la mejor decisión y no se puede vivir con permanentes “pudo ser” (me gustó esto cuando se lo leí a mi amigo Charlie). La mejor decisión es la que se toma y adelante con todas las consecuencias.
Comencé una larga travesía hasta el mes de marzo de 2009. Ahora desde la distancia y pasados cuatro meses desde el inicio de mi nueva etapa laboral todo se matiza y la recuerdo como corta e intensa.
Corta porque muy pronto se me vino encima julio y agosto donde la actividad laboral se paraliza y en mi entorno todos pensábamos en las vacaciones. Mi hijo de vacaciones y yo aproveché para ejercer de padre de modo muy intenso. No se si con los años mi hijo lo apreciará pero esos meses los aproveché para estar muy cerca de él.
Mes de Junio de 2008. Un martes cualquiera a las 11 de la mañana. Allá iba yo con mi hijo al Bioparc mientras la mayoría de los mortales estaba trabajando. Cuatro gatos en el parque. Podías pararte en todos los puntos del parque sin agobios ni empujones. Y para rematar una hamburguesa en el BurgerKing con sus aceitosas patatas mientras el ketchup se te escurre entre los dedos. Memorable día.
Y luego algunos pedantillos dicen que no sabrían que hacer con tiempo libre y sin trabajo fijo.
Intensa. A partir de septiembre de 2008 empezó una etapa intensa en muchos aspectos.
A las nueve de la mañana de cada día salían de casa mi mujer y mi hijo y era cuando tomaba verdadera conciencia de mi estado de “desempleado”.
Desde el primer momento opté por la opción de moverme sin desestimar ningún camino y exploré cualquier opción de empleo que se me presentaba sin dejar de lado la oportunidad de ampliar mi formación.
Tuve momentos de desesperación, claro, pero se quedaban circunscritos a los periodos en los que me encontraba solo en casa, de modo que después de tres gritos de rabia y una salida a correr al mediodía podía ofrecer una imagen de serenidad y seguridad.
Una empresa de recolocación (outplacement) que era parte de mi indemnización por despido estuvo a mi lado en los difíciles primeros meses. Algunos aspectos de la labor de estas empresas son muy cuestionables, pero siendo justo debo decir que me apoyaron mucho en el aspecto de explorar mis valores como empleado y me aportaron una importante seguridad a la hora de afrontar las entrevistas de trabajo. Recuerdo sentir cierta ansiedad por pasar entrevistas y enfrentarme a los representantes de los RRHH de las empresas con las que me entrevisté. Otro día debería escribir sobre los personajes que me entrevistaron y las tonterías que se podían oír en las entrevistas. Mucho impresentable anda suelto por ahí.
Si me dan más tiempo me podía convertir en un profesional de las entrevistas y montar una consultora para asesorar en este campo.
Estaba oficialmente desocupado pero los días se me hacían cortos pues eran muchos frentes los que tenía abiertos. Recibía clases de inglés, peinaba las webs de empleo más importantes, escribía CV espontáneos a docenas de empresas, visitaba a mis tutoras en la empresa de recolocación y en la universidad (ADEIT), llamaba a infinidad de puertas de amigos y conocidos para encontrar pistas de ofertas de empleo,...... Podía abrir un capítulo sobre el comportamiento de los amigos y conocidos cuando te presentas frente a ellos “pidiendo”.
Y volvía a tener momentos de desesperación. Y de alegría al ver la respuesta de los verdaderos amigos y “conocidos”. Me sorprendió gratamente la respuesta de algunos conocidos y desde aquí vaya mi más sincero agradecimiento.
Hago aquí un inciso para recordar cierta sensación de soledad y comportamiento antisocial que se crea en un desempleado. Sientes cierta aversión a cruzarte con conocidos, amigos y vecinos pues estás harto de tener que dar explicaciones sobre como te marchan las cosas y los problemas económicos del país. La gente al verte y saber que estás desempleado se creen en la obligación de repasarte la cantidad de amigos y familiares suyos que están en paro o pasando por graves problemas en su empresa. Malditas las ganas que tenía de oír historias de ese tipo. En esos momentos lo que realmente esperas son comentarios de cualquier otro tipo y si son sobre tías con tetas grandes y hermosos culos mejor.
Noviembre fue un buen mes de entrevistas. A pesar de la crisis me entrevisté con varias empresas que me dieron serias esperanzas de poder empezar una nueva etapa laboral con ellos.
Enero y un nuevo año 2009. Impar y a mi no me gustan los números impares. Las empresas empiezan a notar la gravedad de la crisis que nos afecta cada vez con mayor nvirulencia y donde había recibido serias oportunidades de empleo, eran ahora catálogos de excusas acerca de lo mal que está la economía mundial y que cualquier decisión de incorporar empleados quedaba congelada. Jarro de agua fría y por primera vez empezaba a contar los meses y contemplar la posibilidad de que algún día se acabaría el paro aunque tenía dos años por delante. Por primera vez empezaba a ponerme nervioso.
Tras el susto del mes de enero parece que en febrero y marzo se activó el empleo y recibí nuevas citas para entrevistas. Subidón de la autoestima y a visitar tiendas de ropa para renovar trajes y corbatas de entretiempo. El uniforme de entrevistado es importante.
Marzo y bingo. Oferta de empleo y a empezar a trabajar ya.
Reaccioné con serenidad, no me dejé llevar por la euforia pero se me dibujó una sonrisa en la cara que no había forma de borrar.
Varios amigos me avisaron de que cuando me llegara la oportunidad de empleo no vendría sola. Y así fue. No me podía estar pasando eso a mi. Tras casi nueve meses buscando empleo ahora tenía que elegir entre dos. Para habernos “matao”.
Aproveché las vacaciones de fallas para visitar Logroño y alrededores con la familia y así intentar contemplar la situación desde la distancia buscando respuestas. Como es de suponer volví más confuso que al partir y nervioso por saber lo que me esperaba en mi nueva empresa.
Enganche.
Sin haber resuelto mis dudas interiores y sin saber en toda su extensión donde me metía y para qué, el 23 de marzo tomaba posesión de mi nuevo puesto de trabajo.
Recuerdo aquí una palabras que me escribió Garraty sobre la dificultad de los inicios y lo duro que se hace volver a demostrar algo que anteriormente habías superado tras años de esfuerzo y trabajo duro.
Las primeras semanas fueron especialmente complicadas. Todo era nuevo para mi y además no llegaba a entender lo que se esperaba de mi. Aún hoy en día tampoco lo tengo completamente claro pero al menos la situación la tengo más controlada.
Una empresa con casi 500 trabajadores, una fábrica trabajando a tres turnos (M,T,N) y unos crecimientos anuales entre el 20 y el 50% es difícil de controlar y mucho más entenderla y subirse al tren. Si a ello le sumamos la existencia de un personaje peculiar como jefe crean un panorama complicado de sobrellevar.
Mi blog se ha llenado de tela de arañas y mis piernas han olvidado las largas y exigentes kilometradas. Mi báscula se carcajea de las lorzas que cuelgan en mis costados y para rematarlo algún climaturio llega a escuchar el retumbar de mis pasos sobre el “jamonero” mientras lo cruzo.
No se si es lo lógico pero no he sido capaz de dar más.
Creo estar enganchado a mi nueva etapa aunque sea con alfileres y ahora espero las vacaciones para reposar lo sucedido en los últimos meses y empezar con renovadas energías en septiembre.
Y además espero recuperar las energías de mis piernas lo suficiente como para agarrarme con uñas y dientes al equipo A de la carrera de los “árboles y castillos”. Pienso dar mucha guerra.
domingo 5 de abril de 2009
Urbanismo amigo.
En fallas aproveché para viajar un poco y visitar de nuevo la ciudad de Logroño donde viven unos familiares.
Cegado por la deslumbrante ciudad de las ciencias, las megaconstrucciones de Calatrava y mi tan querido (y a veces odiado) cauce del río me enfrenté a la ciudad de Logroño con cierto desprecio.
Salí a correr por las orillas del río que baña la ciudad de Logroño, paseé por sus nuevos barrios y recorrí el casco antiguo para homenajearme a base de tapas y vinos.
Y salí humillado.
Quiero a Valencia y la defenderé a muerte pero visitar ciudades tan encantadoras como Logroño te descubre los excesos urbanísticos y las aberraciones que se pueden cometer en ciudades como Valencia.
Me explicaré.
Cegado por la deslumbrante ciudad de las ciencias, las megaconstrucciones de Calatrava y mi tan querido (y a veces odiado) cauce del río me enfrenté a la ciudad de Logroño con cierto desprecio.
Salí a correr por las orillas del río que baña la ciudad de Logroño, paseé por sus nuevos barrios y recorrí el casco antiguo para homenajearme a base de tapas y vinos.
Y salí humillado.
Quiero a Valencia y la defenderé a muerte pero visitar ciudades tan encantadoras como Logroño te descubre los excesos urbanísticos y las aberraciones que se pueden cometer en ciudades como Valencia.
Me explicaré.
Cuando viene alguien de fuera a Valencia le enseño el cauce del río como un lugar ideal para correr y que tal vez no exista en España punto mejor que este para correr.
Salir a correr a orillas del río por Logroño supone encontrar extensiones kilométricas de césped cuidadosamente cortado donde podrían correr más de veinte personas en paralelo durante muchos kilómetros sin tocarse. En el cauce del río de Valencia las pocas zonas de césped para correr te obligan a ir casi en fila india, el resto es tierra y te la debes pelear con los ciclistas.
Los nuevos barrios que rodean el casco antiguo de Logroño están formados por manzanas de edificios de no más de seis alturas rodeados de grandes extensiones verdes de césped. Ni comentarios de las torres de edificios en los nuevos barrios de Valencia y sus ridículas zonas verdes.
Se puede deducir como es la circulación por Logroño. Fluida y con facilidades para aparcar.
Salir a tomar tapas por Logroño es puro vicio y deleite de los sentidos. La calle Laurel y aledaños son el paraíso de los adictos a la tapa. Locales y más locales que ofrecen una tapa, en ocasiones es tapa única y un vino o corto de cerveza. Empiezas con vino y tapa aquí, vino y tapa allá,…….. y acabas a cuatro patas.
Rita, sal y viaja un poco que nos vamos a morir de soberbia en Valencia.
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