jueves, 1 de octubre de 2015

Caperucita Roja


No se habían visto hacia más de quince años, o veinte o ….. ¿qué más daba?.

Claro que ella no era la misma que él recordaba, ¿pero qué esperaba?, habían pasado muchos años. ¿Acaso no se había visto él mismo en el espejo? Ambos habían superado la barrera de los cincuenta (perdón, la edad no debía publicarse).

Pero después de escuchar sus primeras palabras todo volvía a su sitio. Si, era ella y su timbre de voz  era inconfundible. Siempre fue un poco mandona.

Y los dos empezaron a hablar lanzando frases que en ocasiones se superponían unas sobre otras. Los dos ansiaban contar su historia y las palabras se atropellaban. La hora se quedó corta para tanto que había que contar. 

En aquel primer encuentro las palabras salían con cierta precaución. Todavía las posturas eran algo forzadas y un muro de cierta desconfianza quedaba pendiente de derribar.

El lugar del encuentro no fue la mejor elección y ella tenía frío.

No es posible condensar tantas vivencias en tan poco tiempo. Sabían que debían repetir aquel encuentro.

Y como el cuento de Caperucita Roja dice: colorín colorado espero que esto no se haya acabado.

.