lunes, 25 de enero de 2010

7 décimas de segundo

No soy mucho de contar las glorias deportivas de mi equipo y que tampoco piense nadie que soy madridista. Soy antibarcelonista en la misma medida que antimadridista.
Pero hoy no puedo dejar pasar la oportunidad de narrar lo ocurrido en el partido de baloncesto entre Valencia Basket y Barcelona C.F.
Sábado 23 de enero, 20:00. Faltan 7 décimas de segundo para terminar el partido y el tanteador es 57 59 a favor del Barça.
Víctor Claver saca de fondo en campo del rival. Movimiento continuo de los diez jugadores buscando las mejores posiciones bajo la canasta mientras todos esperamos que haga un pase al pívot bajo la canasta para hacer un tiro rápido o recibir una falta con la que podría empatar el partido siempre y cuando encestara los tiros libres.
Rafa Martínez corre hacia el lateral derecho del campo y recibe la bola a unos siete metros de la canasta. Tal y como recibe la bola flexiona las piernas, salta y lanza antes de que su marcador lo impida. La bola sale de las manos de Rafa y de inmediato suena la sirena que marca el final del partido.
A todos los espectadores se nos corta la respiración durante ese breve espacio de tiempo y parece que el tiempo se para. El corazón late con fuerza y los marcadores se iluminan en rojo porque el partido ha terminado. La bola sigue en el aire y si entra significarán tres puntos en el casillero del equipo Valenciano.
El equipo de la Fonteta había hecho merecimientos suficientes durante todo el partido para ganar al Barça y sería una injusticia no ganar este partido. No es fácil dejar con 59 puntos a un equipo así.
Y la bola entró.
La Fonteta rompe en aplausos, gritos y chillidos de todo tipo.
Hemos ganado al todopoderoso Barça por un ajustado tanteador de 60 a 59.
Después de muchos días oyendo como los noticiarios alababan a los Riki, Navarro, etc.. y en los innumerables records que iban a batir venciendo al rival, ganarle al Barça por tan estrecho margen sabe a gloria.
Amunt Valencia Basket, som els millors.

martes, 12 de enero de 2010

V-8528-AH





No sé si llegado el momento le compraré una moto a mi hijo. Pero yo tuve la fortuna (y ahora, pasados los años, puedo decirlo) de que a los 16 años me compraran una moto.




Era una Vespa de 75 cc color naranja. Igual a la de la foto. Todavía al verme amistades de entonces me recuerdan subido a aquella moto con la que me desplazaba a todas partes.










Los años de instituto y los primeros años de facultad pasaron en compañía de la Vespa naranja. Después llegó el R5 de segunda mano y la moto pasó en herencia a mi hermana. Le perdí la pista.




Recuerdos junto a aquella moto tengo para llenar un capazo. Pero hoy voy a aprovechar para traer aquí alguno de ellos y para colgar un par de fotos de una moto prácticamente igual a la mía que encontré paseando por Valencia.




Los que hayan tenido una Vespa sabrán lo sencillo que es cambiar una rueda de la moto. Esa es una de las ventajas de las motos Vespa. Pero con la moto recién comprada pinché. Pardillo en asunto de motos yo y rodeado de un buen grupo de bienintencionados amigos nos pusimos manos a la obra para cambiar la rueda. Un amigo a cada lado de la moto cogieron fuertemente de las estriberas para levantarla y mientras mantenían la moto en el aire aprovechamos para sacar la rueda pinchada y colocar la de repuesto. Jamás he vuelto a ver cambiar una rueda de moto así.




Muchos años sobre aquella moto. Una de las ventajas que ofrece la moto es la posibilidad de desplazarte con facilidad de un lugar a otro. Y uno de mis lugares preferidos para “perderme” era el puerto de Valencia. Es el lugar ideal para quedarte solo y disfrutar de la compañía del mar. Buen contrasentido ¿no?








No he vuelto a tener moto pero la placa de matrícula de aquella moto viaja conmigo:



V-8528-AH









Los Reyes Magos nunca fallan

Me gustó la forma en que los Reyes Magos acaban acertando siempre con los deseos de los niños.

Mi prima pidió para sus hijos (6 y 9 años) que los Reyes trajeran muchos juegos educativos y de mesa.

Los Reyes no fallaron y finalmente se juntó con más de veinte cajas repletas de juegos educativos.

Los dos hermanos fueron al cuarto de juegos para disfrutar de sus nuevos juguetes.

Cuando horas más tarde fueron a ver como los niños disfrutaban de sus nuevos juegos educativos pudieron descubrir la portería de futbol que habían podido montar con las cajas de juegos educativos. El hermano pequeño hacía de portero mientras el otro lanzaba penaltis.

De nuevo los Reyes Magos habían vuelto a acertar.

¿En vuestro caso acertaron?

sábado, 2 de enero de 2010

2010

Comienza un nuevo año y es el momento de los buenos propósitos y los mejores deseos para el año que afrontamos.

En primer lugar: FELIZ AÑO PARA TODOS

Y como cada vez me encuentro más a gusto con mi blog me gustaría empezar aquí dos secciones que deberían ser fijas en mis relatos:

Listado de buenos propósitos del año 2010
Grandes mentiras del siglo XXI

La finalidad de estas secciones será la de conseguir colaboraciones, siempre desinteresadas, que contribuyan a engrosar esas dos listas.

Vayan aquí algunos ejemplos:

Listado de buenos propósitos del año 2010
- Bajar de peso. Este es un clásico
- Practicar deporte más a menudo. Nunca falla
- No discutir. ¿Y usted cómo llegó a ser tan viejo? No discutiendo. Bahhh……
- Llamar a esos amigos que hace años no vemos. Vale, vale


Grandes mentiras del siglo XXI
- El abre fácil de los alimentos. ¿Es usted capaz de abrir un paquete de café sin derramar parte del contenido siguiendo las instrucciones del “abrefácil”? Imposible
- Correr contribuye a perder peso. JaJaJa


Reitero mis mejores deseos para todos aquellos que se asomen a esta pequeña ventana y los animo a que contribuyan con sus ideas, ocurrencias, chascarrillos, chistecillos, cotilleos, pensamientos, sentimientos o incluso sus silencios. Bienvenidos y venturoso 2010.

ÁNIMO




La entrada de mi compañero “bloguero” me ha ayudado a desempolvar recuerdos casi olvidados y “desclasificar” un importante documento gráfico del año 1984.

Ha llovido mucho desde entonces. Mi primera maratón y 21 años cumplidos.

No recuerdo bien la edad pero a los 19 o 20 años empecé a disfrutar de las carreras de larga distancia. Yo era un caso extraño entre amigos y conocidos; me gustaba salir a correr por las carreteras (poca tierra pisaba entonces) por espacio de una hora o más.

Zapatillas para pronadores, cámara de aire, tejido técnico, pulsómetros,… No tenía entonces ni idea de lo que esto significaba (tampoco es que ahora sea un experto). Corría con las primeras zapatillas que compraba y que entraban en mi exiguo poder adquisitivo. Tiendas de “runners”. Jamás oí hablar de esto.
¿Planes de entrenamiento? Sencillo, Correr hasta cansarme.

No recuerdo cómo pero acabé inscrito en la 4ª edición de la maratón de Valencia. 19 de febrero de 1984.
Tampoco recuerdo cómo la preparé. Creo recordar que semanas antes de la carrera fui un par de veces y volví al Saler de Valencia para probar las sensaciones de correr durante más de dos horas seguidas. Entonces los entrenamientos se basaban en correr en la Alameda de Valencia de fuente a fuente que sabíamos era un kilómetro exacto. No recuerdo más detalles.

La grandeza de la maratón es que a pesar del tiempo pasado las sensaciones recibidas durante la carrera las tengo todavía frescas. Y aquí están.

Sobre mi indumentaria no hay más que ver la foto. Camiseta de algodón amarilla de manga corta y con cartel de Nike delante para más señas. Pantalón corto de jugar al baloncesto. (recordad los pantalones que usaba Epi y Fernando Martín. Nada que ver con las bermudas hasta los tobillos que usan ahora en las canchas de baloncesto) Calcetines de jugar al tenis y zapatillas Spalding. ¿Cómo llegarían aquellas zapatillas a mi?

De los primeros kilómetros tengo pocos recuerdos pero sobre el kilómetro veinte mientras corría por carreteras estrechas que cruzaban la Albufera de Valencia me encontré en un estado de euforia tal que abandoné el grupo al que acompañaba y me puse a tirar con fuerza dejando la comodidad del grupo. Poco más tarde corriendo por los caminos de asfalto que cruzaban el Saler llegó “el tío del mazo”. Se me subieron los gemelos y en el avituallamiento del kilómetro treinta me paré a comerme una naranja pues no podía correr más. Anduve un tiempo hasta que a duras penas reanudé la carrera y en un calvario de andar y correr llegué a los primeros barrios de Valencia. Nazaret primero y más tarde al llegar a la calle Jacinto Benavente con los ánimos del poco público de las calles me envalentoné para hacer una entrada triunfal en la Alameda.

Finalicé la carrera muy feliz. 3h 30’ Mis padres me esperaban en meta y de allí nos fuimos a tomar unas tapas en un tasca cerca de la calle La Barraca.




Desgraciadamente en los sucesivos años no seguí practicando la carrera de larga distancia de forma asidua. Pero esto será motivo de otra entrada.
Correr aquella carrera valió la pena y el esfuerzo. No hay duda.