lunes, 26 de septiembre de 2011

El señor de los pilares

Hacía tiempo que el malvado canalla que desplaza los pilares del garaje de mi casa no aparecía.

Ella estrenó su flamante coche nuevo, rojo pasión rezaba la publicidad, en el mes de mayo pasado.

Este año parecía calmado y no había hecho su aparición todavía. Nos las prometíamos felices.
Pero cuando menos lo esperaba ella y en el último tramo de la rampa de salida se produjo la tragedia. Una columna se interpuso en el camino y aplastó la aleta delantera izquierda del vehículo.

El maldito se dedica en la clandestinidad a modificar la disposición de las columnas del garaje. Y no es que ella vaya muy rápido por el interior del garaje o no se fije donde están puestos los pilares. No, ni pensarlo.
Ni mentar por asomo la ignominiosa frase de “mujer tenía que ser”. Dios me libre.

Tomándolo por la parte positiva el vehículo parece ahora más aerodinámico pues ha eliminado partes del chasis que ofrecían resistencia al viento. Seguro que tras pasarlo por el túnel del viento confirmaría la mejoría de la aerodinámica del coche.

Si por casualidad pillo al estúpido que mueve columnas y pilares del garaje me las pagará todas juntas. A mi chica no se le hace esto.

Y si leo o escucho la mínima crítica sobre la forma de conducir de ella arrojaré toda mi ira sobre el que ose hacerlo. Porque ella es mi chica y vale mucho.

Un beso guapa.

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jueves, 22 de septiembre de 2011

Plato grande piñón pequeño.

Siempre diré que la carrera continua o de largo aliento es el deporte que prefiero y espero poder seguir practicándolo muchos años más aunque sea con altibajos.
Pero este fin de semana pasado surgió la oportunidad de cambiar de deporte y no dejé escapar la ocasión. Además aprovechaba para fortalecer lazos de amistad con “mi amigo”.
Felicidades chaval, ya son 49 y subiendo.

El domingo pasado a las nueve de la mañana nos presentamos cinco elementos con nuestras bicicletas de montaña en la estación del Norte de Valencia para tomar el tren que nos llevaría hasta la población de Caudiel y desde allí descender en bicicleta hasta casa por la vía verde y la antigua carretera de Teruel. En total más de 70 km.

Llegados a Caudiel sobre las once de la mañana iniciamos el recorrido que, en mi caso, acabó en el garaje de mi casa pasadas las 4 de la tarde. Cinco horitas de las cuales me sobraron las dos últimas para ser la primera vez.
La piernas cansadas, muy cansadas, y las posaderas doloridas, muy doloridas. Pero contento y reconfortado por la experiencia que sin duda he de repetir.

Pero no me voy a detener en contar detalles del recorrido, cosa que dejo para las carreritas por el rio acompañado de los amiguetes, y si voy a contar sensaciones de la jornada.

En primer lugar correr en bici de montaña tiene una diferencia fundamental con el correr. Y es que se puede hablar prácticamente en todo momento y además permite dejar de pedalear frecuentemente. Un descanso para las piernas.

Otra de las sensaciones recibidas fue ver la cara de uno de los componentes del grupo en una de las primeras paradas de avituallamiento cuando se fijó en la bici que yo conducía:
- ¿Cuántos años tiene esa bicicleta?
- Unos veinte o más.
Huelga decir que las bicicletas del resto contenían los siguientes elementos que para mi eran parte de la ciencia ficción de las bicicletas: cuadro de aluminio, cuadro de carbono, calapies automáticos, Spiuk, frenos de disco hidráulicos, piñón de once, badanas, horquilla hidráulica y muchas cosas más que no logro recordar.

Nunca pensé que podría descender una larga recta con plato grande y piñón pequeño pedaleando a tope. No debía alcanzar más allá de los 50km/h pero las sensaciones de velocidad eran sensacionales. Excitante. Quiero repetir.
Y no menos sensacional fue tener que detener la bici al final de la cuesta con mis frenos de zapatas. Ahí entendí lo de los frenos de disco. Todavía sudo.

Atravesar los antiguos túneles del ferrocarril casi en oscuridad pedaleando con fuerza estuvo muy divertido.

En las zonas de tierra bacheadas entendí muy bien la utilidad de la suspensión. Mis posaderas también.

Llegados a Torres Torres pude disfrutar de un de esos placeres que están reservados a los ciclistas domingueros de ruta. Nos detuvimos en un bar del pueblo y rodeados de paisanos nos metimos entre pecho y espalda, bocadillo y cerveza con sus aceitunas y cacaos. Reconstituyente y necesario.

Y llegados a Sagunto tras cuatro horas de pedaleo tomamos la Via Augusta que nos conducía hasta Valencia. Empezamos llaneando a buen ritmo pero mis piernas dijeron basta.
Me sobró la última hora de pedaleo. Espero estar a la altura en próximas ocasiones.

En resumen las sensaciones fueron de cansancio pero acabé contento y con ganas de volver a repetir.

Gracias amigo.

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viernes, 16 de septiembre de 2011

Va de inventos

No hace mucho tiempo que indiqué en una entrada que dedicaría un rato a presentar algunos sencillos inventos y/o ocurrencias que han caído en mis manos. Y no entiendo por qué no se han convertido en elementos imprescindibles de la vida diaria. En este caso no voy a hablar del teléfono móvil.

Es de todos bien sabido que una de las mayores tragedias que afectan a los hogares españoles son los calcetines y medias desparejados. Una vez salen de la lavadora se desencadena un proceso por el cual uno de los calcetines del par desaparece durante un periodo de tiempo directamente proporcional a la necesidad que tengamos de usarlo.
Da lo mismo calcetín deportivo, media de ejecutivo o media escolar. Al final cuando vamos al tendedero o secadora siempre falta alguno.

Afortunadamente en mi casa no ocurre esto porque dispongo de un maravilloso invento que adjunto aquí en una fotografía para evitar describirlo.

El artilugio al que no he puesto nombre, podría llamarse emparejador, mantiene emparejados el par de calcetines o medias en todo momento y se puede meter directamente a lavadora o secadora. Tras cualquier ciclo de lavado o centrifugado el par de calcetines se mantiene unido y se puede llevar directamente al tendedero. Tiendo directamente el artilugio con su par de acompañantes gemelos.

Interesante ¿no? Lo más sorprendente es que no los he visto en ninguna otra casa de las que he visitado y, peor aún, no sé donde los venden.
Conservo la docena que poseo como oro en paño.

Más sencillo que la fregona y de una utilidad mucho mayor.

Necesito inversores que se asocien conmigo para generar una empresa que fabrique y difunda este artilugio por todo el mundo. Cosas más raras se han visto.

domingo, 11 de septiembre de 2011

¿Qué fue de Rechivaldo?

Tras un silencio veraniego que se ha prolongado desde principios de julio hasta la fecha, hete aquí de nuevo.
Los anuncios televisivos vienen cargados de anuncios de fascículos coleccionables, señal inequívoca de que el verano tocó a su fin.
Mi verano no ha tenido hechos especialmente destacables pero, como los anteriores, han incluido un viajecito en familia y una estancia en el apartamento de la playa dedicado al descanso, la lectura y la familia.
Esta ocasión el viajecillo junto a una familia amiga ha sido nacional, ¿sería más correcto decir estatal?. Hemos disfrutado de la naturaleza en los Picos de Europa, visitado bonitas poblaciones costeras de Asturias y corta visita por las tierras de Rechivaldo.

Me volví sin saber quien fue el tal Rechivaldo pero a cambio me traje conmigo una bonita historia de un muchacho que festejaba con una moza que reconocía deber estar viva gracias a las canciones de Diango. Afortunadamente él encontró la oportunidad de salir corriendo y no verla de nuevo. Siempre habrá gente para todo.

La experiencia viajera la rematamos con un cocido maragato cuando los termómetros marcaban 30ºC en la calle. La “tripada” quedará marcada a fuego. No me dejé ni un plato sin probar.
Espero poder repetir la experiencia y me tocará pagar a mí.

Y no quiero dejar de nombrar alguna de las obras que leído este verano.
Destaco “La caída de los gigantes” de Ken Follet. Sí, el mismo de “Los pilares de la tierra”.
Cuando cayó el libro en mis manos no me dejó indiferente porque sus más de 1000 páginas impresionan. Una novela tal vez no sea la mejor forma de repasar la historia pero en esta ocasión el autor ha logrado dar una lección de historia sobre los años que rodearon a la primera guerra mundial.

¿Y qué fue de Rechivaldo?

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