Hacía tiempo que el malvado canalla que desplaza los pilares del garaje de mi casa no aparecía. Ella estrenó su flamante coche nuevo, rojo pasión rezaba la publicidad, en el mes de mayo pasado. Este año parecía calmado y no había hecho su aparición todavía. Nos las prometíamos felices. Pero cuando menos lo esperaba ella y en el último tramo de la rampa de salida se produjo la tragedia. Una columna se interpuso en el camino y aplastó la aleta delantera izquierda del vehículo. El maldito se dedica en la clandestinidad a modificar la disposición de las columnas del garaje. Y no es que ella vaya muy rápido por el interior del garaje o no se fije donde están puestos los pilares. No, ni pensarlo. Ni mentar por asomo la ignominiosa frase de “mujer tenía que ser”. Dios me libre. Tomándolo por la parte positiva el vehículo parece ahora más aerodinámico pues ha eliminado partes del chasis que ofrecían resistencia al viento. Seguro que tras pasarlo por el túnel del viento confirmaría l...