domingo, 5 de abril de 2009

Urbanismo amigo.


En fallas aproveché para viajar un poco y visitar de nuevo la ciudad de Logroño donde viven unos familiares.
Cegado por la deslumbrante ciudad de las ciencias, las megaconstrucciones de Calatrava y mi tan querido (y a veces odiado) cauce del río me enfrenté a la ciudad de Logroño con cierto desprecio.
Salí a correr por las orillas del río que baña la ciudad de Logroño, paseé por sus nuevos barrios y recorrí el casco antiguo para homenajearme a base de tapas y vinos.
Y salí humillado.
Quiero a Valencia y la defenderé a muerte pero visitar ciudades tan encantadoras como Logroño te descubre los excesos urbanísticos y las aberraciones que se pueden cometer en ciudades como Valencia.
Me explicaré.


Cuando viene alguien de fuera a Valencia le enseño el cauce del río como un lugar ideal para correr y que tal vez no exista en España punto mejor que este para correr.
Salir a correr a orillas del río por Logroño supone encontrar extensiones kilométricas de césped cuidadosamente cortado donde podrían correr más de veinte personas en paralelo durante muchos kilómetros sin tocarse. En el cauce del río de Valencia las pocas zonas de césped para correr te obligan a ir casi en fila india, el resto es tierra y te la debes pelear con los ciclistas.
Los nuevos barrios que rodean el casco antiguo de Logroño están formados por manzanas de edificios de no más de seis alturas rodeados de grandes extensiones verdes de césped. Ni comentarios de las torres de edificios en los nuevos barrios de Valencia y sus ridículas zonas verdes.
Se puede deducir como es la circulación por Logroño. Fluida y con facilidades para aparcar.
Salir a tomar tapas por Logroño es puro vicio y deleite de los sentidos. La calle Laurel y aledaños son el paraíso de los adictos a la tapa. Locales y más locales que ofrecen una tapa, en ocasiones es tapa única y un vino o corto de cerveza. Empiezas con vino y tapa aquí, vino y tapa allá,…….. y acabas a cuatro patas.

Rita, sal y viaja un poco que nos vamos a morir de soberbia en Valencia.

A esos los mantenemos nosotros

Cualquier tarde de una semana cualquiera a eso de las seis de la tarde paseando por el barrio de Monteolivete de Valencia pude oír esa frase que no presagia vientos calmados a nuestra sociedad.
El escenario es una terraza de bar con una camarero de alrededor de 35 años ordenando las mesas de la terraza y un cliente de unos 40 años con un café en la mesa y el periódico en la mano. En ese mismo momento pasa por allí un individuo de alrededor de 20 años, rasgos magrebís o magrebíes (Marruecos, Túnez o Argelia). Viste con ropa de adolescente, una mochila pequeña en la espalda y un teléfono móvil por el que habla sin parar. Habla vociferando e intercalando risotadas en la conversación. Sin duda llama la atención allí por donde pasa.
En cualquier otro momento no tendría mayor importancia esta situación. Pero estamos en situación de crisis, el empleo no abunda y las miradas se centran en los inmigrantes. En barrios obreros y de baja formación es fácil prender chispas.
Un inmigrante dando la imagen del triunfador en un barrio donde se encuentra un centro de retención de menores inmigrantes que en muchos casos no parecen menores de edad no es esa la mejor carta de presentación.
Volvemos a la escena.
Una vez que pasa el inmigrante, el comentario del camarero que se ha quedado mirando con desprecio al africano es “a ése lo mantenemos nosotros”
El cliente del bar que había descuidado el periódico y que también estaba entretenido con la escena del inmigrante responde al camarero con un movimiento de cabeza que refuerza la opinión del primero.
Tal vez sea coger la escena por los pelos, pero en situación de crisis, paro elevado y conflictividad social en el barrio debido a la numerosa presencia de extranjeros, esa podía ser la chispa que encendiera un conflicto social que no deseamos nadie.
No he leído tanta historia como quisiera pero de lo poco que he leído me proporciona el atrevimiento para afirmar que situaciones como la descrita aquí fueron suficientes para desencadenar importantes movimientos sociales que desembocaron en tragedias nacionales.
Gente con formación escasa capitaneadas por algún iluminado se lanzan sobre los extranjeros con la intención de “dar una lección a esos que quitan el pan a nuestros hijos”
Deseo estar muy equivocado pero no he podido dejar de reflejar por escrito las sensaciones que me cruzaron por la cabeza en el momento que oía aquellas palabras, “ esos los mantenemos nosotros”