jueves, 8 de noviembre de 2012

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sábado, 3 de noviembre de 2012

La caja de los truenos.


Este tema levanta ampollas allí donde lo saco y estoy seguro que todos tenemos posiciones tomadas que defenderemos con vehemencia.

Libro electrónico vs libro tradicional en papel.

Hace casi un año como regalo navideño cayó en mis manos un libro electrónico (e-book para los entendidos) y lo empecé mirando con escepticismo.

En un principio me bajé un par de libros para ver cómo funcionaba este nuevo chisme electrónico que entraba en casa. Y si, los leí. No estuvo mal. La letra podía ponerla al tamaño que mejor me venía en función de mi vista (ya peino canas), tenía marcapáginas, permite anotaciones, diccionario, etc…

Preguntando aquí y allá me dieron algunas direcciones de correo electrónico donde poder bajarme libros y aquí empezó la locura.

Me llego a sentir incómodo de la facilidad que supone bajarse cientos de libros (cientos no miento) de forma totalmente gratuita para leerlos cómodamente en el libro electrónico. Y digo bien libro electrónico porque he encontrado ventajas del libro electrónico frente a las tabletas ( ipad como es mi caso). Concretamente me refiero a la tinta electrónica que en ambientes luminosos, como la playa o la piscina, se leen perfectamente.

A  lo largo del año 2012 he leído no menos de nueve libros en este dispositivo electrónico. Algunos de ellos bastante extensos, “la catedral del mar”, “Ana Karenina” “cincuenta sombras de Grey” (¿caras de asombro verdad? pero tanto me hablaban de él que no tuve más remedio que leerlo).

Podría echar horas escribiendo sobre lo maravilloso que es disponer en casa de una amplia librería de escogidas obras con estupendas encuadernaciones.

Entrar en un hogar y poder ver estanterías cargadas de libros dice mucho de la familia que los posee. Cultos, ilustrados, intelectuales, sesudos, gente con criterio en suma. No quiero preguntar a quien tenga que quitar el polvo de los libros. Seguro que tiene una opinión bien distinta.

Y qué decir de lo que significa poder tocar los volúmenes, sopesarlos, humedecerse las yemas de los dedos y pasar página. Es una sensación inigualable que nos eleva a los altares de la intelectualidad del país (¿o debo decir estado?).

No voy a poner objeción alguna a los defensores a ultranza de la literatura impresa pues entiendo todos sus argumentos.

Pero ya que he sacado el tema me voy a posicionar.

Tras meses viajando con mi libro electrónico (Wibook de INVES para más señas) de no más de 200 gr.  y tenerlo cada noche en mi mesita de noche con no menos de cien obras seleccionadas personalmente almacenadas en su memoria confieso que pocas obras en el papel volveré a comprar.

No estoy cerrado a cambiar de opinión y cualquier sugerencia o comentario será tenida en consideración.

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jueves, 1 de noviembre de 2012

Napoleón era italiano


Abril de 2012.
Aprovechando las vacaciones de “Semana Santa” nos vamos a Paris tres días aprovechando las vacaciones escolares y los vuelos de bajo coste.

Una de las noches cenamos en un restaurante italiano situado en la plaza de la República.

El camarero que nos atiende es italiano y a esas horas ya un poco cansado de atender mesas y servir pizzas.

Tener españoles sentados en sus mesas y cansado de tanto francés en Francia, desató su lengua. Encontró el momento de desahogarse y el público idóneo.

No sabría repetir sus palabras pero harto del chauvinismo francés este camarero no podía entender cómo podían encumbrar a Napoleón si éste era italiano. Poco más o menos decía así:

-          Mucho imperio francés y no se dan cuenta de que se lo deben a un italiano. Napoleón nació en Córcega que era italiana y su apellido es italiano, Buonaparte.

No tengo datos para confirmar o contradecir lo que argumentaba el camarero italiano pero dada la vehemencia con la que lo argumentaba y lo hartito que parecía del chauvinismo francés no podía estar muy lejos de la verdad.  

Ahora que corren tantos vientos nacionalistas por España o por el estado español que parece políticamente más correcto, más nos valdría empezar a ver las cosas con más perspectiva y sosiego. Nada es lo que parece y a poco que nos serenemos nos daríamos cuenta de las tonterías que somos capaces de argumentar. 
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