miércoles, 31 de octubre de 2012

Cabreado


Estoy cabreado. Y como estoy cabreado vengo aquí para contarlo.

Hace pocos días acabé de leer un libro que hacía tiempo quería leer: El monje que vendió su ferrari.

No está mal el libro. Te hace pensar bastante y alguna lección positiva sacas.

Y por otro lado empecé a leer otro libro que también tenía interés el leer: De que hablo cuando hablo de correr.

No llevo muchas páginas leídas pero en principio me está decepcionando. Demasiadas obviedades para los que ahora o en algún momento de la vida hemos corrido de forma habitual.

Y mi cabreo viene cuando leo historias de personajes que dedican su tiempo a visitar monjes en el Himalaya para alcanzar los más altos niveles del conocimiento humano y estabilidad del alma. Otros personajes de estos libros, se supone autobiográficos, se permiten dedicar su vida a escribir, leer y correr.

Y yo entonces digo. ¡No me toques los huevos! A ver qué harían éstos si tuvieran que trabajar cada día. Pero no ocho horas, si no nueve o diez pues si tienes trabajo con la que nos está cayendo debes dar gracias cada día al patrón y meter un par de horitas más pues hay cola en la puerta con el CV en la mano.

Además llegas a casa y tienes que preparar los exámenes del niño. Porque actualmente se examinan los hijos y los padres. Igualito que en mi niñez. ¡No me toques los huevos!

Me olvidaba. Tienes la obligación de llevar al niño al entrenamiento, recogerlo, hacer cenas, poner y colgar lavadoras y compartir todas las tareas del hogar con tu mujer porque somos europeos, de momento, y muy modernos.

Me cabreo y mucho.

…………

Han pasado muchos días desde que escribí la última línea y me nivel de cabreo es mucho más reducido. Además he cogido vacaciones y todo se ve de diferente forma.

Terminé de leer el libro de Murakami y mi opinión sobre el mismo no mejoró mucho respecto a la inicial. Se trata de un libro autobiográfico que toma el hecho de correr como afición, más bien pasión, como hilo conductor de la obra. Fácil de leer pero el título lleva erróneamente a pensar de que se trata de un tratado sobre correr.

 

Tras el libro de Murakami y entre viaje y viaje (Paris, Nantes, Tenerife y Venecia) leí el último libro de la trilogía de Carlos Ruiz Zafón: el Prisionero del Cielo.

Me gustó tanto como los dos anteriores aunque esta vez fuera más previsible la historia y, como de costumbre,   final algo confuso. La familia Sempere y el cementerio de los libros olvidados  no dejan de sorprender y entretener. Buen libro.

 

domingo, 28 de octubre de 2012

Los pepitos de mi madre


Pasó mi madre por casa y me dejó un paquete envuelto en “albal” (el de toda la vida) con dos pepitos.

Hacía años me no me comía un pepito y la cena de aquella noche me trasladó a mi hogar de la niñez cuando en las ocasiones señaladas aparecían los pepitos en la mesa.

El pepito es un pequeño bocadillo relleno de pisto con tomate, pimiento y huevo, que posteriormente se reboza en huevo y se fríe.

Me supo a gloria.

Gracias mamá.

sábado, 6 de octubre de 2012

Corro. Si


Muchos días sin colgar relatos en este mi blog. Escribo de forma habitual pero se queda en las diferentes libretas que guardo por aquí y por allá.
Escribir en papel sigue teniendo su encanto.

Pero hoy cuelgo aquí  un relato, historia, comentario, entrada, chascarrillo, anuncio o como lo quieras llamar, y lo voy a hacer sobre una de las cosas que más me gustan: Correr.

Y es que hoy he corrido más de 20 km entrenando. Hacía muchos meses que quería contar algo como esto.
Es una gran noticia personal que va ligada a que mi peso está holgadamente por debajo de los 80 kg.

Vuelvo a correr. Soy corredor.

.