domingo, 20 de mayo de 2012

El cazador de tesoros

A la hora convenida sonó el timbre del despacho de abogados.

El abogado y propietario del despacho abrió la puerta sin saber exactamente el motivo de la cita, pero había algo de enigmático en la llamada de aquel posible cliente que le picó la curiosidad.
El inicio de la conversación le pareció una tomadura de pelo. Ese tipo de historias eran lo más parecido a las leyendas urbanas y a pesar de no estar muy ocupado tampoco estaba dispuesto a perder el tiempo, mejor tomar un café en el bar de la esquina donde encontrarse con algún corredor de fincas con información fresca. Pero algunos datos y fechas le hicieron cambiar de opinión en el último momento.

Manuel Castaño (el nombre es ficticio) se presentó como “cazador de tesoros” y sus investigaciones le habían llevado hasta Castellón tras la estela de una suculenta recompensa. Allí necesitaba un abogado que le apoyara y diera soporte legal a su trabajo. Había una importante herencia en juego y no podía dejar ningún cabo suelto.

La historia daba comienzo con el fallecimiento de una anciana en Barcelona que dejaba una abultada herencia y no tenía herederos.
Al parecer todo daba comienzo cuando una joven muchacha de una pobre familia del sur de España entró a servir en la casa de un rico industrial catalán.

El empresario no llegó a casarse nunca y en sus últimos años de vida convivía en su suntuosa residencia con la única compañía de Carmen (el nombre es ficticio) que llegó a la casa siendo todavía una niña.
Hasta el fallecimiento del industrial todos los desvelos de Carmen estuvieron dedicados a quien había sido como un padre para ella desde que llegó allí. Una vez fallecido el empresario, Carmen pasó a ser la heredera universal de la rica fortuna del empresario.

Al no tener descendencia directa y viendo el deterioro de la industria textil en Cataluña había vendido negocio y terrenos. La suma recibida por la venta de sus activos lo convirtieron en un rico soltero de oro que pasó sus últimos años de vida junto a Carmen.

Tras la muerte del industrial Carmen mantuvo su rutina de vida. Humilde, sencilla y sin estridencias. La única relación que mantenía Carmen con su abultada cuenta corriente del banco eran las periódicas reuniones con el administrador y asesor económico de la familia del industrial desde hacía muchos años.

Algunos años después de la muerte del industrial falleció Carmen y a partir de este momento empezaron a mover ficha aquellos que podían reclamar la propiedad de la herencia.

El primero en mover ficha fue el administrador financiero de la familia que poseía información privilegiada y muy completa.
El conocimiento de la ley le permitía saber que no podía reclamar la herencia para sí. Pero cuando una herencia quedaba sin dueño existe una posibilidad de que cualquiera pueda reclamar la herencia cuando no existen herederos conocidos.
Y aquí entró en juego la figura de la mujer del administrador económico. No conozco bien los detalles legales pero la mujer consiguió reclamar la herencia en su totalidad.

En este punto entra en juego el siguiente jugador de la partida. La administración catalana. Sin entrar en los detalles legales, apareció en escena un alto cargo de la administración autonómica catalana que reclamó la totalidad de la herencia para la administración porque la mujer del administrador contaba con información privilegiada y esto la deshabilitaba en un posible recurso judicial.

La herencia ya contaba con heredero. Poco tiempo tardó en empezar a gastar el dinero recibido en diversas administraciones de la autonomía.

Y volvemos de nuevo a la figura de Manuel Castaño, nuestro cazador de tesoros, que entra en escena. Manuel sabía que si conseguía encontrar herederos legales de Carmen podría arrancar esa herencia de las manos de la administración catalana y de paso quedarse con una cuantiosa comisión.
No debía perder tiempo porque el dinero empezaba a correr por las distintas consellerías de Cataluña y si llegaba tarde el dinero se habría diluido en múltiples partidas de gasto.

Manuel sabía que cuando Carmen salió de su casa dejó hermanos que sin duda tendrían hijos que eran, sin saberlo, herederos de una importante fortuna. Un recorrido por los archivos del ayuntamiento de un pequeño pueblo de Andalucía y el rastreo de las partidas de nacimiento llevaron a Manuel a varias poblaciones de Andalucía, Castellón y una población de sur de Francia.

Ya tenía a sus herederos. Ahora comenzaba la dura tarea de convencerlos de que eran herederos de una importante suma de dinero y al mismo tiempo asegurarse de recibir sus honorarios.
En Francia tuvo que salir por piernas pues poco faltó para recibir una paliza cuando en el país galo escucharon su historia.

Y aquí volvemos al principio de esta historia cuando Manuel Castaño estaba frente a la puerta del abogado de La Plana.
En Castellón y Andalucía la labor de investigación de Manuel Castaño fue un éxito y logró convencer a los afortunados para que firmaran el contrato sugerido por el abogado que les aseguraba una importante suma para todos ellos y una importante comisión para Manuel.

Debía ahora volver a Cataluña y pleitear con la, hasta entonces, heredera de los bienes del industrial. El abogado hizo si labor y consiguió un acuerdo amistoso entre la administración y los herederos a cambio de que estos últimos renunciaran al dinero hasta entonces gastado por la administración autonómica.

El colofón a esta historia vino en una comida celebrada en la ciudad condal una vez que todos los herederos recibieron una suma de dinero no inferior los cien mil euros y cazador de tesoros y abogado cobrado su comisión correspondiente.

En el conocido restaurante de Barcelona donde corría el marisco y el cava sin freno tomó la palabra el abogado para pedir una pequeña aportación económica de los herederos para comprar una corona de flores que ofrecer a la tumba de Carmen.

No hubo acuerdo y la tumba se quedó sin flores.

Y si. La historia es absolutamente verdadera.

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martes, 8 de mayo de 2012

De nuevo aquí. Seguimos contemplando.

Al igual que los tres años anteriores, el 19 de marzo cuando faltan quince minutos para las dos y media de la tarde, levanto la cámara y echo esta foto. Me encuentro en el barrio de Ruzafa para escuchar la mascletá que un año más es excepcional.
En el año 2011 hice esta misma foto desde el mismo lugar. El balcón estaba vacío. En aquella entrada me acordé de mis padres y de algunos admirados amigos. Xemy, Charlie y Mon. Afortunadamente todos siguen ahí al igual que mis padres. Y yo tengo más ganas que nunca de “perder” mi tiempo con ellos. En el año 2010 también hice la misma foto. El balcón estaba ocupado. Entonces hablábamos de la postura que adoptamos frente a la vida. Contemplativa o participativa. Allí salían mis padres y este sigue siendo un vehículo de homenaje y recuerdo a mis padres que ahí siguen plantando cara a la vida. Hoy es el día de la madre y vaya desde aquí un recuerdo y un beso a todas ellas. Año 2012 y el balcón vuelve a estar ocupado. Más mayores, si, pero seguimos dando guerra. Ver el balcón ocupado de nuevo es motivo de optimismo y alegría. Y la época que estamos pasando obliga a no dejar pasar cualquier motivo de optimismo que aparezca por delante. Mi mes de abril ha sido ajetreado en viajes y fiel al título de mi blog mayo recuperará las entradas que no llegaron en abril. Prometo no defraudar. .