jueves, 20 de mayo de 2010

El diablo está en los pequeños detalles

El diablo está en los pequeños detalles (Devil is in the small details)

Escucho esta frase por la radio de boca de un “cabezapensante “ de la Comunidad Económica Europea. Se refería a los ajustes económicos que debe poner en marcha España y otros países pobres de Europa. Somos los llamados “pigs” europeos (Portugal, Irlanda, Grecia y Spain).

No he dejado de darle vueltas a la frase durante los últimos días.

Y es tomando una caña y un bocadillo en un bar cuando encuentro sentido a esos detalles.

A mi lado un obrero tomando “la copita” después de comer, poco antes de volver al trabajo. Obrero de clase media o baja a juzgar por la ropa y modales.
Por el bar ronda un “moreno” (negro sin duda) ofreciendo DVD’ s piratas de las últimas películas del mercado.

El obrero mira y remira la selección de films que le ofrece el moreno hasta que selecciona una película que, sin duda, le interesa. A continuación empieza el regateo por el precio del DVD.
Tras más de 10 minutos se rompen las negociaciones porque el moreno no le baja 50 céntimos en el precio. Ya no hay compraventa.

El obrero se vuelve hacía mí y me viene a decir:
- Vaya con el listo del moreno que me quería sacar 50 céntimos de más.
Henchido su orgullo por su exitosa negociación lo celebra pidiendo otra copita al camarero. Son 4 euros de copa.

Con el vino de la comida, las dos copitas de la sobremesa y el control de alcoholemia de la esquina, le sale la negociación por no menos de 250€.

Y es que el diablo está en los pequeños detalles.

sábado, 1 de mayo de 2010

El escaparate humano

Una de las aficiones que comparto con mi mujer es la de viajar. Y dentro de los viajes compartimos el placer de sentarnos en un banco del aeropuerto y contemplar a los viajeros pasar. Tengo la certeza de que es una afición bastante extendida.

Semanas atrás viajé a Italia por asuntos de negocios. Concretamente a Pescara. Allí todavía recuerdan el paso por la ciudad de Manuel Estiarte quien tiene negocios en la ciudad. El asunto de la visita carece aquí de importancia. Business is business.

Sentarse en uno de los incómodos asientos de la terminal, armarse de paciencia ante los retrasos y abrir bien los ojos. Comienza el espectáculo

Ejecutivos con prisas arriba y abajo, maletín, traje oscuro y camisa blanca. Turistas despistados frente a los paneles informativos con cara de no entender aquello. Modernillos con gafas de sol que les protegen de los neones del techo. Y así hasta el infinito.

La primera labor es fijar el objetivo. La selección ha de ser rápida pues los objetivos son múltiples y corremos el riesgo de dispersarnos.
No conozco bien las leyes que rigen la selección pero un cruce de miradas con mi mujer es suficiente para saber que ambos hemos elegido el mismo objetivo.
Suelen ser grupos familiares o parejas de aquellas que no sabes cómo han llegado a caer juntos. Empiezas a pensar la razón de su estancia en el aeropuerto, destino, procedencia, lengua, indumentaria….
El análisis puede alargarse hasta donde queramos y su duración podría ser ilimitada.

Otra mirada cómplice con mi mujer y empieza el cruce de los análisis. Debate de los datos y apresuradas conclusiones para no perder más tiempo. El escaparate humano es incesante y aquella pareja del fondo formada por asiático y europea merece un nuevo estudio y posterior análisis. Agotador sin duda

En los viajes me acompaño de un libro para sobrellevar las esperas. Pero durante la estancia en el aeropuerto el libro sirve de excusa para parapetarse detrás y montar un buen punto de vigilancia. Ya tendré tiempo de leer durante el vuelo. Dentro del avión el escaparate se reduce y a la media hora ya tienes el análisis de las azafatas. A los compañeros de asiento y alrededores los has podido analizar durante la caminata del finger o el paseo de la jardinera.

La conclusión es que somos profundamente cotillas y chismosos.

Quiero viajar