lunes, 14 de diciembre de 2009

Berenguer Mallol

Me felicito por haber tenido la fortuna de conocer a los que me empujaron a abrir este blog.

Y lo compruebo ahora que repaso las entradas antiguas.

Sin quererlo llevo un año relatando un pedacito de mi historia personal. Interesante sin duda.

Este preámbulo sirve para introducir un relato que cuente algunos de mis recuerdos vividos en casa de mis “yayos” en la calle Berenguer Mallol de Valencia. Ahora todavía los tengo relativamente frescos en mi memoria y mañana Dios sabe.

La casa estaba en un segundo piso sin ascensor y con unas escaleras muy estrechas.

La casa tenía un estrecho balcón delante pero una sensacional galería semicerrada en la parte de atrás donde discurría la mayor parte de la vida diaria gracias al benigno clima de Valencia.

Se me agolpan cientos de anécdotas y pequeños recuerdos que quisiera traer aquí:

La coca de llanda de mi yaya, el codonyat dolç, el boxeaoret, el sifón, el comú, el olor dulzón de mi abuela, la paz y el sosiego en la mirada de mi abuelo, …

Pero el recuerdo que hoy quiero plasmar es mi afición a construir barcos con trocitos de madera y tachuelas que mi abuelo, ebanista de profesión, me proporcionaba.

En un altillo de la galería había cientos de tablillas que yo siempre reclamaba para ampliar la flota. Las más anchas servían para la pista de aterrizaje de los portaviones y con el resto me las iba ingeniando para componer la flota con barcos de todos los tamaños.

En el suelo de la galería disponía la flota preparada para recibir al enemigo y librar la batalla naval pertinente. Mientras los barcos iban ocupando cada vez más espacio de la galería mi abuelo me observaba sentado en una silla de enea. Sus consejos a la hora de construir la flota eran siempre bien recibidos, si bien su mayor preocupación era evitar que me diera un martillazo en el dedo.

El recuerdo es vago pero debieron ser muchas las horas dedicadas a la flota naval bajo el amor que desparramaban mis abuelos sobre mí.

Mi padre es hijo único y yo el primer nieto. Es fácil entender que yo era el rey allí.

Berenguer Mallol es el nombre de la calle. Un calle de barrio, clásica y como de las que ahora es difícil de disfrutar.

En la esquina estaba la ferretería, La Estrella. En la esquina opuesta la tienda de tejidos de punto y mercería. En la acera de enfrente estaba la panadería y la bodega donde comprábamos el vino a granel y los sifones.

Tiendas de barrio todas ellas donde al entrar me reconocían como el nieto de la Sra. Consuelo.

Pedacitos de historia que componen mi historia personal.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Media maratón de Valencia 2009

22 de noviembre de 2009.

Tiempo: 1h38’’

Sensacional el día para correr aún cuando a media mañana la temperatura pudiera ser un poco elevada para los que pretendían hacer una gran marca.

A los dos primeros clasificados poco les importó esta temperatura pues bajaron de la hora.

Son gente de otra galaxia en el mundo del corredor.

Me planteé esta prueba con mucha tranquilidad y con la máxima de disfrutar corriendo del recorrido.

Salí acompañado de dos climaturios. Ignacio “el caidas”y Javi “tronco”.

6000 corredores en línea de salida, así que hasta el km 10 íbamos acompañados y arropados por cientos de corredores.

Ritmo fácil desde el principio de 4’45’’

Hacía años que no corría tan a gusto.

Tal era mi intención de disfrutar la carrera que en el km 8 dejé marchar a mis compañeros para pasar a un cómodo ritmo de 4’50’’

Puerto de Valencia, Blasco Ibáñez, estación del Cabanyal, Alameda, calle de la Paz y plaza del Ayuntamiento. Km 12.

Poder conquistar el centro de ciudad a golpe de zapatilla me hizo sentir eufórico.

Empecé a acelerar el ritmo. 4’30’’ y bajando.

Bastante gente animando en la calle y día soleado.

Cada vez más animado, alto de pulsaciones 170 pero con buenas sensaciones mantenía el ritmo que en algunos km era de 4’25’’.

Km 18 y de vuelta al Puerto de Valencia.

Alcanzo a mis dos compañeros de inicio. Los sobrepaso y son incapaces de seguirme. Estoy lanzado y mis pulsaciones alcanzan las 177.

El km 19 dentro del circuito de F1se me hace largo y al llegar al km 20 escucho a lo lejos el grito de mis compañeros de inicio. Me paro y los espero para hacer juntos los últimos metros de carrera.

Final al sprint de los tres climaturios

.

Buen final de carrera con mucha gente animando y los tres por debajo de 1h39’’

La conclusión es que hacía años que no disfrutaba tanto de una carrera. Buenas sensaciones en las piernas y el tiempo realizado poco me importaba.

Y como colofón de la jornada comida de camaradería de los corredores y sus familias. En total casí 50 personas.

Es fácil imaginar el contenido de las conversaciones de ellos:

Kilómetros, zapatillas, planes de entrenamiento,….

Sobre las conversaciones de ellas no me atrevo a opinar pues a buen seguro que me equivocaría.

Sobremesa que llegó hasta las 18:00.

En definitiva un buen día que altera la cotidianeidad de nuestra vida y anima nuestra senda de la que en ocasiones perdemos rumbo y sentido.