viernes, 26 de diciembre de 2008

¿Y tú que harías?

Domingo por la tarde, son las 19:00 y hace frío. Este mes de noviembre de 2008 está siendo especialmente frío en Valencia.
Salgo a la calle para comprar la prensa del domingo. Las tiendas 24h cambian nuestras costumbres y en mi caso me estoy acostumbrando a comprar la prensa del domingo cuando anochece en los cortos días de otoño e invierno.
Llevo la chaqueta abrochada hasta el cuello. El aire es cortante.
Al torcer la primera esquina me encuentro el cajero automático de La Caixa. Dentro, un indigente (maleante, desarrapado, necesitado, unsintecho, …) ha montado su “campamento” nocturno.
Miro disimuladamente y veo allí lo que parece una mesa hecha con cajas de cartón, algo de comida y lo que será la cama también hecha con cartones.
Sigo caminando y tres esquinas más allá me encuentro el cajero automático de Bancaja.
En este caso son dos los mendigos (pedigüeños, descarriados, perdidos…) que han tomado posesión del lugar. Han colocado sus cartones, unas mantas y resguardos del frío exterior por los cristales del cajero duermen. Cerca de ellos unos tetrabriks de vino abiertos ayudan a explicar la placidez con la que duermen.
Necesito sacar dinero del cajero y encontrar otro cajero Bancaja supone andar un buen rato. Con el frío que hace no apetece ampliar el paseo.
Tengo varias opciones.
Una. Indignarme con los ocupas y llamar a la policía local para que los desaloje.
Dos. Indignarme igualmente y buscar otro cajero.
Tres. Solidarizarme con sus acciones, entenderlos y dejarlos tranquilamente pasar la noche allí resguardados.
Se me ocurren algunas opciones más pero por mi lado pasan más transeúntes que seguro estarán pensando estas u otras opciones diferentes.
Podríamos reunirnos y pensar en una acción común. Seguro que más de uno estaría dispuesto a hacerlo. Podríamos echar una mano a estas personas. ¿Avisamos a algún estamento gubernativo que los ayude y/o desaloje?

Metí la mano en los bolsillos, el periódico bajo del brazo y apreté el paso hasta mi casa porque aquí se está calentito.
¿Y tú que harías?

viernes, 12 de diciembre de 2008

That’s English

Cual fue mi sorpresa cuando mi English Teacher, Anna me dijo que no sabía muy bien la forma de poner correctamente en el Curriculum Vitae el apartado de conocimiento de idiomas (languages). Habitualmente los CV de los ingleses, británicos sería más correcto, no incluyen el apartado de “LANGUAGES” a no ser que la oferta de trabajo indique expresamente que el candidato debe conocer otro idioma distinto al inglés.
El razonamiento es lo que me dejó perplejo. Si los británicos hablan perfectamente el inglés, para que necesitan indicarlo en sus CV, somos los demás los que tenemos que demostrar que lo hablamos pues en caso de negocios internacionales la forma de comunicarse será a través del inglés. “Jódete lorito”
¿Maldigo a los súbditos de la reina madre?
¿Me cago en la Pérfida Albión?
Nos están colonizando a través del idioma. Creo que alemanes, franceses y centroeuropeos en general han claudicado en su lucha idiomática. Utilizan el inglés como segundo idioma y en algunos casos en igualdad de condiciones que el idioma propio del país.
En el caso del español estamos a tiempo de reaccionar.
No quiero tocar el tema de las nacionalidades españolas y las lenguas autonómicas. Ese es otro tema que daría para otro relato.
Pienso que el español ha encontrado “la puerta trasera del patio” para atacar al inglés. Y es la presencia cada vez mayor del español en EEUU.
Latinoamericanos o hispanoamericanos (me gusta más) están imponiendo en EEUU la necesidad de aprender español. La prueba la hemos visto en las últimas elecciones. Políticos negros afroamericanos haciendo sus esfuerzos para hablar español y lo más divertido fue ver como JASP guys también chapurreaban el idioma de Cervantes.
Desde América nos están enseñando la forma de atacar el imperialismo inglés.
A ver si aprendemos. ¿Caerá la breva?

miércoles, 3 de diciembre de 2008

El Minador Enmascarado

El Minador Enmascarado

Robo título e idea a Arturo Pérez Reverte porque me siento identificado y reflejado en su artículo con este mismo nombre y como homenaje a los buenos ratos pasados leyendo sus libros.
El último libro leído de Arturo P. R. ha sido “La carta esférica”. Allí hace un relato ameno, vibrante y muy bien documentado sobre la búsqueda de un tesoro hundido. El pecio en cuestión debía contener parte de “el oro de las Américas” y pertenecía a la compañía de Jesús. Con la iglesia hemos topado.
El tema de la iglesia no acaba aquí pues en unos días escribiré sobre los libros que he ido encadenando en el último año y que curiosamente no hacen más que dar vueltas sobre asuntos turbios alrededor de la iglesia católica.
En la carta esférica Coy y Tanger Soto (vaya hembra) aúnan esfuerzos y algo más en la búsqueda del tesoro. Coy encarna el personaje del Quijote que choca con el personaje frío y calculador de Tanger Soto.
Pero volvamos al minador enmascarado.
Ese tipejo que profesa una profunda animadversión hacía mi persona me espera en la calle cada día.
Conoce mis itinerarios y rutas y los recorre poco antes de que yo pase por ellos.
Es muy bueno en el arte del disfraz pues nunca he tenido la oportunidad de verlo. Nunca falla en su cometido.
Allí por donde paso él ha estado antes y ha colocado de forma estratégica sus minas.
Valencia es una ciudad preciosa (no es amor de madre) y agradable para vivir pero una legión de minadores enmascarados se encargan cada día de destruir la imagen de la ciudad.
Cada uno de los ciudadanos de Valencia tenemos asignado nuestro particular minador enmascarado que nos pone a prueba a diario.
Pasear, correr, caminar por nuestra ciudad se convierte en una carrera de obstáculos para sortear las minas estratégicamente colocadas en nuestro recorrido.
Debes andar atento a la mina que se esconde detrás de cada esquina. Si no estás listo en sortear el obstáculo dejas caer la suela del zapato sobre la mina y te llevas pagada la mierda correspondiente.
Cuando el minador enmascarado tiene éxito todos los premiados lanzamos nuestros más floridos insultos hacia el puto dueño del perrito y las benditas madres que trajeron al mundo a ambos, una de ellas era una hija de perra.
En ocasiones la mina es propia de un elefante pues algunos putos dueños en lugar de perro les engañaron y les vendieron un caballo enano.
Vaya desde aquí más sonoro y hediondo insulto a todos esos anónimos minadores enmascarados que recorren cada día las calles de Valencia.